‘Nunca hemos tenido una vida fácil’: una fuerte nevada agrava la miseria de un barrio pobre de Madrid

La Cañada Real de Madrid, donde viven unas 8000 personas, es uno de los mayores barrios pobres de Europa. Foto Samuel Aranda para The New York Times

La vida en la Cañada Real, donde viven unas 8000 personas, es “tan horrenda” como en los campos de refugiados bosnios, dice una trabajadora de asistencia humanitaria que ha visitado ambos sitios.

Por Raphael Minder

MADRID — Incluso antes de que la mayor nevada de Madrid en medio siglo provocase el derrumbe de parte de su tejado este mes, Manuela Reyes Flores y su familia estaban sin electricidad ni agua corriente cuando el invierno se instaló en su empobrecido barrio de las afueras de la capital española.

Así que fue un nivel más de miseria para ellos y otros miles de residentes del barrio, Cañada Real, cuando la enorme tormenta de nieve de hace dos semanas cubrió Madrid con 30 centímetros de nieve. La región de la capital quedó paralizada, y el martes 19 de enero, Madrid fue declarada zona catastrófica.

“Nunca hemos tenido una vida fácil”, dijo Reyes Flores, que se instaló en Cañada Real hace dos décadas como parte de su numerosa comunidad romaní. Ella y su familia han tenido que encender hogueras para calentarse, cocinar la comida y calentar el agua para bañarse.

“Tuvimos que construir nuestra propia casa, y siempre hemos hecho todo lo posible para reparar las cosas sin tener que gastar dinero”, dijo.

“Pero lo que puedo decirle es que este lugar ha pasado de ser desastroso a simplemente inhabitable”, añadió mientras colocaba un balde debajo de una gotera del agujero en su techo causado por el peso de la nieve fresca.

Cañada Real, en donde viven unas 8000 personas, es uno de los barrios más pobres de Europa. Aunque una parte de la zona está salpicada de casas de ladrillo y cemento, al menos la mitad de sus habitantes viven bajo techos corrugados y lonas impermeables, que también se utilizan en lugar de ventanas de vidrio.

Durante décadas, el barrio ha sido una pelota política para varios niveles de gobierno y diversos municipios que se reparten la responsabilidad de la vasta extensión de terreno. En medio de la dilación política, unas 15 organizaciones no gubernamentales han intervenido para ayudar a los más vulnerables de Cañada Real. El número de trabajadores humanitarios españoles también ha aumentado desde que comenzó la pandemia, ya que las restricciones de viaje les han impedido trabajar fuera de España.

María del Carmen Borja sostiene a su nieto recién nacido en la puerta de su casa.
María del Carmen Borja sostiene a su nieto recién nacido en la puerta de su casa.Credit…Samuel Aranda para The New York Times
En diciembre, un grupo de expertos de Naciones Unidas instó a las autoridades españolas a restablecer la electricidad en la zona.
En diciembre, un grupo de expertos de Naciones Unidas instó a las autoridades españolas a restablecer la electricidad en la zona.Credit…Samuel Aranda para The New York Times

Olga San Martín, cofundadora de Olvidados, una pequeña organización de ayuda humanitaria, visitó Bosnia en diciembre para distribuir ropa de invierno en los campos de refugiados.

“Creo que la vida en la Cañada Real es tan horrenda como en Bosnia, excepto que esto es mucho más impactante y vergonzoso porque hemos permitido que suceda en la capital de España y dentro de la Unión Europea”, dijo tras inspeccionar los daños de la tormenta de nieve.

En 2017, los legisladores acordaron desmantelar parte de la Cañada Real y trasladar a miles de residentes a apartamentos subvencionados en los alrededores de Madrid. Pero solo se han habilitado 105 de esos apartamentos.

En octubre, Naturgy, una empresa privada que gestiona la línea eléctrica del barrio, cortó el suministro de electricidad a la mayor parte de Cañada Real, diciendo que los residentes hacían un uso intensivo, no regulado e inseguro de su electricidad, a pesar de que la zona solo tenía cuatro cuentas oficiales de clientes.

El corte de electricidad provocó enfrentamientos entre la policía y los residentes. Los enfrentamientos se intensificaron cuando la policía intervino, detuvo a una docena de personas y destruyó varias parcelas de marihuana.

En diciembre, un grupo de expertos de las Naciones Unidas instó a las autoridades españolas a restablecer la electricidad, especialmente para proteger a los aproximadamente 1800 niños que viven en la zona.

“No se puede castigar a toda una población por los delitos de unos pocos”, dijo Javier Baeza, un sacerdote que visita de manera regular la Cañada Real para ayudar a sus residentes. “El manejo político de la Cañada Real solo se puede calificar de terrible”.

El Ayuntamiento de Madrid, respondiendo a las preguntas enviadas por correo electrónico, describió a la Cañada Real como un reto más que un fracaso, señalando que su plan de reubicación había recibido “un fuerte impulso en el último año”.

También señaló que el problema de la Cañada Real se remonta a décadas atrás.

“Si la solución fuera fácil ya estaría resuelto porque durante todo este tiempo, en todas las administraciones, ha habido personas que se han preocupado muy sinceramente por la situación allí”, dijo el gobierno municipal.

Al menos la mitad de los habitantes de la Cañada Real viven bajo techos corrugados y lonas.
Al menos la mitad de los habitantes de la Cañada Real viven bajo techos corrugados y lonas.Credit…Samuel Aranda para The New York Times
Tras la nevada
Tras la nevadaCredit…Samuel Aranda para The New York Times

Cañada Real fue en su día una vía para que los ganaderos cruzaran España en busca de pastos frescos para sus ovejas. Pero a partir de los años sesenta, la expansión industrial de Madrid convenció a las familias para que convirtieran la tierra en huertos y acabaran viviendo allí.

Con el paso de los años, a medida que los promotores inmobiliarios comenzaban a controlar otros barrios empobrecidos y se aceleraban los desahucios en otros sectores de Madrid, aumentó la población de Cañada Real. A partir de la década de 1990, los inmigrantes llegaron en gran número, sobre todo de Marruecos y Rumanía.

Un punto de referencia local es una iglesia en la que se reúnen traficantes y consumidores de drogas y fuman heroína a la vista de los agentes de policía que patrullan la zona. La policía dice que solo interviene en caso de emergencia, si hay violencia o alguien está en una situación de salud crítica.

Muchos residentes esperan ansiosamente las llaves de los apartamentos subvencionados prometidos para poder mudarse. Pero algunos tienen sentimientos encontrados sobre su marcha, preocupados por tener que pagar el alquiler y por las posibles tensiones con los nuevos vecinos.

Carmen Carbonell Escudero prepara un fuego para la noche.
Carmen Carbonell Escudero prepara un fuego para la noche.Credit…Samuel Aranda para The New York Times
En lugar de marcharse, algunos residentes quieren que las autoridades inviertan en infraestructuras básicas y legalicen su prolongada estancia.
En lugar de marcharse, algunos residentes quieren que las autoridades inviertan en infraestructuras básicas y legalicen su prolongada estancia.Credit…Samuel Aranda para The New York Times

“Todos nos conocemos aquí, y realmente no creo que a la gente que vive en cualquier otra parte de Madrid le encante la idea de tener una familia gitana al lado”, dijo Miguel Maya, que recoge y vende chatarra, como muchos en la comunidad romaní.

En lugar de marcharse, algunos residentes quieren que las autoridades inviertan en infraestructuras básicas y legalicen su prolongada presencia allí.

Carmen Carbonell Escudero, de 68 años, vive en la Cañada Real con su marido. Aunque no tienen pruebas de propiedad, dijo que la pareja había pagado 20.000 euros, unos 24.300 dólares, para comprar su casa en ruinas a su anterior ocupante.

“Por supuesto que sabía que estábamos comprando algo ilegal aquí, pero ¿cuántas personas mucho más ricas que yo tienen una hermosa casa para la que nunca obtuvieron un permiso adecuado?”, dijo Carbonell Escudero. “En España, si esperas lo suficiente, lo que era ilegal puede volverse legal”.

Eugenio García-Calderón, un ingeniero que anteriormente suministraba energía solar a los habitantes de la Amazonía brasileña, dijo que había acudido a la Cañada Real después de que se cortara la electricidad. La afluencia de ayuda de emergencia fue bienvenida, dijo, pero “nada bueno sucederá realmente aquí hasta que tengamos un modelo sostenible, algo que logre que las personas sean autosuficientes en vez de dependientes de ayuda externa”.

La Cañada Real fue en su día un camino para los agricultores en busca de pastos frescos para las ovejas.
La Cañada Real fue en su día un camino para los agricultores en busca de pastos frescos para las ovejas.Credit…Samuel Aranda para The New York Times

Raphael Minder es el corresponsal en España y Portugal, con sede en Madrid. Anteriormente trabajó para Bloomberg News en Suiza y para el Financial Times en París, Bruselas, Sydney y finalmente en Hong Kong. @RaphaelMinder

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