Nuestro fútbol

Por Esteban Jaramillo Osorio

Tolima perdió a su goleador, Gabriel Camargo y decayeron su empuje y su protagonismo.

Aparecieron las dudas sobre el rendimiento, reinó la crisis, frecuentes fueron las rabietas del entrenador, los brotes de indisciplina de los jugadores y la irregularidad en los resultados, con la tolerancia cómplice de algunos periodistas.

En Nacional, flamante campeón, dinero no falta. Ausente están el sentido común, las ideas y los planes. Conflictivos son ciertos futbolistas con delirios de grandeza que no justifican en el campo.

Desfile de presidentes con aires de entrenadores, impulsados por periodistas serviles, con un manager a la sombra, Maturana, detrás de un escritorio, a quien el país respeta, pero el club no consulta.

Nacional naufraga por sus irregulares estándares de juego, con los objetivos en diferentes sentidos, por los egos.

Igual camino el de Junior. Lo tiene todo y nada tiene. Sin entrenador capacitado, basado en sus estructuras financieras, viaja entre vaivenes de rendimiento, sin imponer categoría. Con facilidad pasa de la apoteosis al caos porque viscerales son sus hinchas.

Santa Fe elude la quiebra con la habilidad de su presidente, en gestión no reconocida.

El Cali es víctima de sus dirigentes, con desconfianza en sus futbolistas y entrenadores. Dominan la inmodestia y el autoritarismo.  

Medellín no logra el ensamblaje de un equipo poderoso, porque el técnico aprende a la par con sus jóvenes futbolistas.

América afronta la marea sin incorporaciones por ir en contravía los reglamentos.

 Los demás, aunque alegran el torneo, sucumben porque inferior es el poder de sus billeteras.

 A esta altura solo Millonarios y Envigado conocen al dedillo su filosofía. Acosado por las presiones, el azul no se desdibuja, sabe enfrentar los contrastes y lidera hasta ahora el torneo con buen fútbol y jugadores dominantes.

Envigado es formador y vendedor. Alterna buenas y malas presentaciones, pero no pierde el camino que marcó desde sus comienzos. No siempre es mejor aquel que más boletas vende. Ni el que más prensa tiene.

Sigue siendo un caos Dimayor. Jaramillo, otro presidente que se marcha sin dejar huella. Le pagaron por sonreír en las fotos, por conseguir dinero y por declarar lo indebido. La crisis es parte integral de la vida de la institución, Con tolerancia parcial y hostilidad creciente. ¿Hay control al dopaje? El problema del fútbol no es el VAR. Está en quienes lo operan.

Es nuestro fútbol. 

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