No es bronca, es asco

Por Octavio Quintero, El Satélite

(Fuentes: Superfinanciera + La República)

Si la base de la tasa de interés corriente subió 17 puntos básicos para agosto, quedando en 18,29, es porque la banca ha subido las tasas activas en medio de la pandemia, mientras que el Banco de la República les baja la suya. ¿De qué le sirve la emergencia a Duque?

La tasa de interés corriente es el resultado de un cálculo hecho por la Superfinanciera mensualmente, sobre la información semanal de tasas de interés activas que le remiten los bancos. La banca puede tener tasas por debajo de la base, pero no puede por encima del techo que se establece en 1,5 veces la base, o sea hasta el 27,44%, a partir de la cual, es usura.

Por eso, las distintas tasas que los usuarios, empresas y personas, encuentran en el mercado financiero. Un ejercicio de clasificación hecho por La República encontró que la entidad con la menor tasa es Coopcentral, con un interés promedio del 12,76%. El resto está por encima de la base (18,29%), y los cuatro siguientes son: Finandina, con 20,17%; GNB Sudameris, 20,70%; Banco de Occidente , 21,01%; y Coomeva, 21,93%.

Los bancos con las más altas tasas de interés corriente (rayanas a la usura) son: Banco de Bogotá (Grupo Aval), 24,92%; Banco Agrario, 25,24%; Davivienda, 25,54%; Serfinanza (Char/Olímpica), 25,93%; Bancolombia (Grupo GEA), 26,04% ; Falabella, 26,59%) y Scotiabank Colpatria, 27,08%,  

Y, no hay derecho, que en plena pandemia, frente a la angustia financiera de empresas y personas, el único banco estatal de primer piso (Banco Agrario), este entre los cuasiusureros.

Los ahorcados

Vale la pena recordar que con la venia del Gobierno, la banca tiene unos techos de intereses más altos de los cuales penden los más pobres. Lo que finalmente fija el interés bancario corriente es el riesgo, lo reconoce la Asobancaria en algún informe que publicó por estos días donde anticipa que en los difíciles años poscovid, la banca tendrá que ser más exigente y puntual en el otorgamiento del crédito, bajo el supuesto afán de resguardar el ahorro privado.

Por lógica, quien más necesita de crédito es el que ofrece más riesgos. Entonces, la solución ‘inteligente’ de la banca es cargarle más alta tasa de interés con el fin de que, si se va a quebrar, lo haga pronto para echarle mano a los despojos de su patrimonio.

Hecha esa aclaración, la modalidad de financiamiento encasillada como ‘Microcrédito’, se le aplica una tasa certificada por la Superfinanciera del 34,16% (en la base), que multiplicada por el 1,5% llega hasta 51,24, a partir de lo cual sería usura. Y en la modalidad de ‘Consumo de bajo monto’, se aplica una base de 34,18% hasta el límite de la usura que sería del 51,27.

Los sabiondos del 75

Ahora nos enteramos de que selectos representantes del sector empresarial, agremiaciones y asociaciones académicas, entregaron al presidente Duque un documento con 75 propuestas para la reactivación económica del país poscovid-19. Ni falta que hace preguntar si alguien cree que en tales condiciones de especulación financiera se puede recuperar social y económicamente un país. Puede que el patrimonio y los negocios del 1% (los ‘Noe’ a salvo del Diluvio Universal 2020), que se confunden con el PIB, crezcan a costa de millones de nuevos pobres que caerán al hueco de la desesperanza.

Dentro de las 75 propuestas no se ve una que comprometa a los empresarios con agregar calidad a la producción, bajar costos y subir sueldos: bueno, eso era lo que aconsejaba Keynes, practicaba Henry Ford y socializó Roosevelt en el New Deal.

Por lo visto, son sabiondos neoliberales que, como tal, detestan a Keynes y adoran a Friedman. Si el poder del mercado está de regreso a sus cuarteles de invierno, por algo será; en cambio, luminarias como Krugman y Piketty, más allá de Keynes, insisten en que solo fortaleciendo el consumo, incluso con déficit fiscal, se puede sustentar y sostener social y económicamente la reconstrucción de un país en quiebra .

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