Muchos honores y ¿pocos méritos?

Cecilia Orozco Tascón

El ministro de Transporte, Guillermo Reyes, lleva escasas dos semanas en el cargo y ya lo ha atacado la enfermedad del poder, esa que domina a quienes llegan a ciertas posiciones haciéndoles creer, alucinados, que por ingresar a los círculos de decisión una luz del cielo los bañó y los convirtió en deidades inmunes, intocables e inalcanzables. Hay que empezar por decir, con franqueza, que Reyes no parece ser el líder adecuado para dirigir el presente y futuro de la infraestructura vial del país, como corresponde al ministerio que le entregó el presidente Petro, y que esa cartera podría tener mejores augurios en manos más técnicas, en lugar de las de un profesional del derecho que ha dedicado su carrera al campo electoral y judicial, a la academia y, por qué no decirlo, al sector de las relaciones públicas en las que se mueve como tiburón en un mar lleno de pececitos.

Aunque estaba destinado a ser el ministro de Justicia de la nueva administración —no en vano fue designado por Petro como el coordinador del grupo de empalme en esa materia, frente al equipo de Duque—, Reyes terminó en el Ministerio de Transporte, según se puede deducir, con el fin de alejarlo de las críticas de juristas de renombre y de unos periodistas y medios que revivieron graves objeciones éticas en su contra, específicamente por su falta de honestidad intelectual en los libros que ha escrito con su firma pero que resultaron ser colchas de plagios, al menos en largos y numerosos párrafos de otros autores que incluyó en sus textos, sin créditos ni rubor. Pues bien, posesionado en una cartera que requiere, insisto, conocimientos y experiencias muy distantes de su especialidad, Reyes no solo no se ve cómodo hablando de lo que no sabe sino que, además, se ha ensoberbecido. El antiguo personaje obsecuente que muchos conocieron en pasados gobiernos ha dado un giro y, en su lugar, ha surgido un individuo presumido y fantochón. Hace un par de días, Gustavo Gómez, de Caracol Radio, le preguntó sobre las acusaciones de plagio que le han formulado —contrario a lo que Reyes sostiene, con la publicación de las pruebas que lo condenan de manera irrefutable. El ministro respondió como si no entendiera que la calidad de servidor oficial otorga honores y máximas obligaciones, una de ellas, rendirles cuentas a los ciudadanos sobre sus actos públicos y particulares, si estos inciden en su gestión. Desde luego, tiene incidencia mayor que alguien que representa a la sociedad haya incurrido, repetidas veces, en robos intelectuales por una elemental razón: no es de fiar. Mucho menos si se le encarga la inversión de $12 billones de presupuesto y la vigilancia de miles de contratos.

Reyes le contestó al periodista Gómez: “… yo, en ese debate, en esa envidia, en esa persecución … no me quiero desgastar. Estos (críticos) están enfermos …”. En una entrevista anterior, en W Radio, el ministro amenazó a Rodrigo Uprimny, connotado exdirector de Dejusticia y quien ha comentado las inmoralidades del nuevo jefe de la cartera de Transporte, con “elevar(le) denuncia penal” puesto que se encuentra “bastante cansado” de él. Como si ya fuera poca la enorme preocupación que produce la altura de la vara ética con que se mide Reyes a sí mismo, el periodista Daniel Coronell reveló que el funcionario también falseó las condiciones del nacimiento de uno de sus hijos para conseguir, para el bebé, la nacionalidad de Estados Unidos. El engaño como método. Entonces, uno se pregunta, ¿de dónde salió este señor tan ligero? La respuesta da pistas:

Reyes ha fungido como miembro del Partido Conservador. En esa condición fue designado ministro consejero de la embajada de Colombia ante Naciones Unidas durante el gobierno de Andrés Pastrana; fue elegido, también por ese partido, en el “lagartísimo” Consejo Electoral del que fue su vicepresidente y presidente; fue viceministro de Justicia de Álvaro Uribe y se le acercó tanto, que este le prologó uno de sus (¿sus?) famosos libros. Entre uno y otro año, fue rector, en un corto periodo, de una universidad y en otro pequeño tiempo, de un segundo centro educativo; finalmente, vueltas que dan los que saben moverse, se dice que él y su esposa son grandes amigos del presidente Petro y su esposa lo cual le habría sido útil para el actual nombramiento. Muchos honores ha logrado el ministro con pocos méritos.

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