Martes de la luenga lengua: Mismo, basta-vasta, a-de pobrecit@

QUISQUILLAS DE ALGUNA IMPORTANCIA  

por  Efraim Osorio López

(eolo1056@yahoo.com)

Lamentablemente, como digo, no hay manera de desarraigar vicios tan arraigados. 

De tarde en tarde, y no con mucha frecuencia, leo el uso del adjetivo ‘mismo’ con el oficio de pronombre relativo cuando no lo desempeña ni se requiere. La última vez fue en esta oración del profesor CristóbalTrujillo Ramírez: “En el año 2003 el país discutía la conveniencia o no del Decreto 230, mismo que implantó la promoción automática” (LA PATRIA, 22/1/2021). En ésta, sobra, porque el pronombre relativo ‘que’ es suficiente para expresar la idea del redactor, pues no menciona otros asuntos del mismo artículo. Por esto, ni siquiera con el artículo determinado –‘el mismo’– se justifica su inclusión en esa oración. En buen castellano, la redacción es ésta: “…la conveniencia o no del decreto 230, que implantó…”. Ahora bien, si el decreto en cuestión incluye otro u otros asuntos ya tratados, para referirse a otro no mencionado, el adverbio ‘también’ queda ahí  de perlas: “…del decreto 230, que implantó también…”. Conclusión: nada defiende el uso de ‘mismo’ en esa construcción gramatical. Nota: los términos ‘ley, decreto, artículo’ y otros semejantes son nombre comunes, por lo cual es un error –muy extendido, por cierto– escribirlos con mayúscula inicial cuando ésta no la piden las normas ortográficas que los rigen. Lamentablemente, como digo, no hay manera de desarraigar vicios tan arraigados. ***

El corrector de ortografía del sistema Word, repito, no es confiable, pues hace su oficio automáticamente, sin analizar. Acierta, ¡cómo no!, en la mayoría de los casos, pero falla cuando una misma palabra se escribe de manera diferente por su acepciones. Es el caso de ‘taza’ y ‘tasa’, y de ‘basta’ y ‘vasta’, porque no tiene cómo saber cuál de las dos formas es la que el que la escribe tiene en mente, como en el siguiente caso: “O si no, vasta repasar el texto de las tambochas en La Vorágine” (LA PATRIA, Voz del lector, Elceario de J. Aristizábal, 26/1/2021). Estoy seguro de que el señor Aristizábal sabe la diferencia grande que hay entre el adjetivo ‘vasto-a’ y la inflexión verbal ‘basta’, la palabra indicada en ese texto. A pesar de ello, no sobra explicar: el adjetivo ‘vasto-a’ significa “dilatado, muy extendido o muy grande”; ‘basta’, en cambio, en esa oración es la tercera persona del singular del presente de indicativo del verbo ‘bastar’ (‘ser suficiente’). Nota: Ya el corresponsal de ‘La voz del lector’ Luis Evelio Naranjo Giraldo había notado este desliz del señor Aristizábal en su nota sobre ‘el trompo puchaletas’, que me devolvió a mi niñez. En Santa Rosa de Cabal, donde la viví, le decíamos ‘trompo puchador’ –distinto de aquel con que se juega– al que recibía los ‘miretes’ (‘golpes dados con la punta del herrón’), castigo del perdedor. De ese juego infantil nació el dicho ‘trompo puchador’ que se le aplica a todos los que pagan por las culpas de otros. ¡Oh tiempos! ***

El Tiempo le dedicó uno de sus dos editoriales diarios al fallecido ministro de Defensa Carlos Holmes Trujillo. En la siguiente frase, su redactor echó mano de la preposición ‘a’ en lugar de la requerida ‘de’: “Su vida, como bien lo han destacado tantas voces, incluso las de orillas más lejanas a la suya, estuvo marcada de principio a fin por una férrea vocación de servicio”. (27/1/20221). Castizamente, así: “…las de orillas más lejanas de la suya…”, así como no decimos ‘lejos a’, sino ‘lejos de’, porque con la preposición ‘de’ se indica el punto de referencia de esa distancia (de allá para acá), no el límite (de aquí para allá), como en la expresión ‘de aquí a la eternidad’. ***

Esto escribió el autor de Oasis: “Las palabras pesar, lástima y pobrecit@ hay que borrarlas…” (LA PATRIA, 27/1/2021). No, padre, de las tres la única que hay que borrar es la última, porque, francamente, ¿cómo diantres se pronuncia semejante tontería? Y la escribió dos veces. ¡Ave María! 

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