Martes de la luenga lengua: Inminente, distinto, testigo ático

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QUISQUILLAS DE ALGUNA IMPORTANCIA  

por  Efraim Osorio López

eolo1056@yahoo.com

Con el adjetivo ‘inminente’ (del latín ‘imminens-entis’ – ‘que está próximo, cercano, inmediato’) calificamos todo aquello que ocurrirá pronto, por ejemplo, ‘una amenaza’, ‘una desgracia’ o ‘un hecho histórico’. Así, optimistas, decíamos ‘es inminente la caída de Maduro’. Infortunadamente, nos equivocamos (‘Cuando nos despertamos, aún estaba ahí’, parodiando a Monterroso). Pero no podemos hablar de ‘inminencia’ cuando se trata de algo que posiblemente sucederá años más tarde, treinta, digasmos, como lo hizo el redactor de este titular de Eje 21: “Aumento de temperatura de la Tierra será inminente en treinta años” (23/11/2021). El adjetivo apropiado en esa oración es ‘inevitable’. O ‘ineludible’. O ‘ineluctable’. Sin ninguna duda. ***

Siempre se ha dicho que los colombianos hablamos el mejor castellano del mundo. Lo hablábamos, quizás, porque los vicios que le hemos ido metiendo últimamente lo están ajando sensiblemente, como el del farragoso, nocivo, inútil y traicionero lenguaje incluyente. También, el mal empleo de la locución verbal ‘tratarse de’, por ejemplo, en estas oraciones: “El conflicto reciente en Colombia fue un pulso entre democracia y comunismo, de eso se trató la Guerra Fría” (El Tiempo, Gustavo Duncan, 23/11/2021). “Lo cual es sano, de eso se trata la democracia deliberativa” (El Tiempo, editorial, 26/11/201). Hoy quiero hablar de un error gramatical –aceptado por algunos, por otros calificado de  ‘colombianismo’–,  que consiste en el empleo de la preposición ‘a’ con los adjetivos ‘diferente’ y ‘distinto’. Dos muestras: “…respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando sean distintas a las nuestras” (LA PATRIA, María Leonor Velásquez Arango, 23/11/2021). “…un importante número de coincidencias o documentos publicados en internet de autores diferentes a la señora Arias Falla y Largo Alvarado” (Universidad Externado, citado por El Tiempo, editorial, 25/11/201). Según mi criterio, debe usarse la preposición ‘de’ –distintas de, diferentes de–, siempre, porque, como ya lo he explicado, con ella se expresa el complemento de donde procede esa diferencia, que es la idea que se quiere manifestar. Por esto decimos ‘diferenciarse de’ y ‘distinguirse de’, no ‘diferenciarse a’ ni… Sea como fuere, este solecismo debe proscribirse del lenguaje culto. En cambio, y para reafirmar mi punto de vista, decimos castizamente ‘parecido a, semejante a’, porque en estas construcciones la preposición ‘a’ introduce el complemento que expresa el término de ese parecido o semejanza.  ***

Expresados los argumentos de mi posición sobre ‘testigo ático’, concluí: “Me quedé con las ganas de saber qué clase de testigo fue el señor Galindo del buen comportamiento del público en las celebradas Ferias de Manizales”. Esto, en enero de 2017. Escribió en ese entonces el señor Manuel Galindo que él había sido ‘testigo ático’ de ello. Cuatro años después, en su carta a la ‘Voz del lector’ del 28 de noviembre del 2021, y recordando el episodio, el señor Galindo, para quien ‘testigo ático’ es uno ‘incorruptible’, presenta argumentos de autoridad que lo confirman, entre ellos, el haberlo oído de magistrados de la Corte Suprema de Colombia, de autoridades de la justicia chilena, del maestro Valencia, y de las definiciones de dos diccionarios, entre ellos, el Larousse (XXIII edición), que en su segunda acepción lo define así: “Adjetivo. Incorruptible.  Se dice de la persona honesta y honrada a la que no se puede sobornar”. Argumentos valederos. Esperemos, señor Galindo, que la Academia de la Lengua en su próxima edición en papel incluya esta acepción, porque en la última (2014) no la asienta, quizá porque no tiene asidero alguno etimológico, pues procede del adjetivo griego attikós (‘ático, ateniense’) a través del latino ‘atticus-a-um’ (‘perteneciente al Ática, ateniense’). ¿Tendrá algo que ver con lo que el historiador latino C. Veleyo Paterculo (s. I a. de C.) llama ‘fides attica’ (fe ática –buena fe)? ¡Hum! Prefiero ‘testigo ético’. Nota: Atticus Finch, abogado defensor íntegro, dechado de juristas, es el personaje de la novela de Harper Lee To kill a mockingbird, representado magistralmente por Gregory Peck en la película de 1962 del mismo nombre (en castellano, Matar un ruiseñor). ¿Por qué Atticus? ¡Hum! Y ‘finch’ es un ‘pinzón’. ¡Vea, pues!

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