Martes de la luenga lengua: Exudar, como-cómo, concordancia, gerundio


QUISQUILLAS DE ALGUNA IMPORTANCIA   

por  Efraim Osorio López/LA PATRIA, DE MANIZALES 

eolo1056@yahoo.com  

Recuerden, señores, la canción del Jibarito.  

Creo que esto nos pasa a todos. Me refiero a la duda que nos asalta con respecto a la ortografía de algunas palabras. Por ejemplo, con el verbo ‘exhortar’, del que, tiro por tiro, dudo si lleva o no la ‘hache intermedia’. Recurro, entonces, al diccionario –para esto los hacen– o al recuerdo de su etimología latina (de ‘ex-’ y ‘hortor’ – ‘animar’).  Quizás –no lo sé– ésta fue la razón por la cual el escritor manizaleño y columnista de LA PATRIA Eduardo García Aguilar le puso ‘hache intermedia’ al verbo ‘exudar’ en esta oración: “…se ve a jóvenes cantantes que dieron conciertos en la cava medieval cuyas piedras milenarias exhudan aires de existencialismo y jazz…” (21/2/2021). ‘Exudar’ se escribe así, porque viene del verbo latino ‘exsudare’ –que puede escribirse también ‘exudare’–, ‘evaporarse completamente, destilar, perder gota a gota’. En la misma columna escribió: “Los miembros de la familia ampliada del viejo George viven cerca unos a otros en casas…”. “…cerca unos de otros…”, porque en la locución preposicional ‘cerca de’, esta preposición señala el punto de origen de esa distancia, no de su término, como cuando decimos ‘estamos cerca de llegar a un acuerdo’. Lo mismo vale para ‘lejos de’. ***  

En la página de El Tiempo, ‘Pasatiempos’, hay una sección llamada “La casa de las palabras”, variada e interesante, sin duda. La del jueves 25 de febrero de 2021 fue dedicada a un fragmento del cuento “Juan sin miedo y el cura” del ‘sabedor’ Jesús María Quiñones. En ese fragmento encontré un par de errores, el primero, la falta de la ‘raya’ o de las ‘comillas’ que, generalmente, introducen los elementos del diálogo, signos ortográficos que ayudan a la lectura; el segundo, la omisión de la ‘coma’ del vocativo y de otra necesaria en la redacción. Cuenta su autor de este modo: “Cuando llegó el cura lo llamó: ¡Juan! Él le respondió: empuje la puerta padre”. Correctamente, así: “Cuando llegó el cura, lo llamó: –¡Juan! Él le respondió: –Empuje la puerta, padre”. Más adelante: “¿Eso qué es Juan?”. Bien, así: “¿Eso qué es, Juan?”, o, mejor, “¿Qué es eso, Juan?”. La coma, señor. Su fuente, anota El Tiempo, El Instituto Caro y Cuervo, que, quizás, en este caso prefirió lo auténtico a lo castizo. ***  

Al día siguiente, en la misma página, pero en la sección “¡Aquí contamos todos”!, leí esto: “Puedes sentir, sin tocar, como la superficie es rugoso por las capas de pintura…”, comentario sobre la pintura “El mercado”, de Andrés de Santa María, del Museo Nacional de Colombia. “…cómo la superficie es rugosa…”, obviamente: ‘cómo’, porque no se trata del adverbio ‘como’ (‘me disgusta la manera como lo dice’), sino del adverbio interrogativo ‘cómo’ (‘¿cómo así?’), que, aunque en la muestra desaparece la pregunta, puede decirse que permanece flotando, a saber, de manera implícita. Y ‘superficie rugosa’, de Perogrullo. ***  

Dos gerundios ‘fuera de lugar’ por la misma razón: “…así hay tanto docente queriendo que no se haga” (Papel Salmón, Fernando-Alonso Ramírez, 27/2/2021) y “…y de pronto empiezan a gotear en la llave señales anunciando que el agua regresa” (LA PATRIA, Elceario de J. Arias Aristizábal, 27/2/2021). Como en el fútbol, para que un ‘fuera de lugar’ se configure, tiene que haber  ‘simultaneidad’ de dos hechos, a saber, el ‘pase’ del que patea el balón y la ‘posición ilícita’ de su destinatario; así, para que un gerundio no esté ‘fuera de lugar’ en la oración, es indispensable que haya ‘simultaneidad de dos hechos’ –regla de oro–, verbigracia, ‘en este momento estoy escribiendo’, oración en la que hay dos hechos simultáneos, ‘estar’ y ‘escribir’. Recuerden, señores, la canción del Jibarito. En las muestras glosadas, sus autores debieron echar mano del pronombre relativo ‘que’ y del verbo en el tiempo requerido en lugar del disonante gerundio, así: en la primera, “…hay tanto docente que quiere que…”, y en la segunda, “…empiezan a gotear señales que anuncian…”. ¿No les parece más armoniosa esta construcción?  

EL LENGUAJE EN EL TIEMPO 

Por Fernando Avila/EL TIEMPO 

Citas: “Después me dice que no salieron con nada y cuál es mi sorpresa que en el auto de la Corte que me priva a mí de la libertad…” (periódico colombiano), “Cuál fue mi sorpresa al indagar sobre su origen y encontrarme que es todo lo contrario” (periódico nicaragüense).

Comentario: Cada quien lo dirá como quiera, “¡Cuál es mi sorpresa!”, “¡Cuál fue mi sorpresa!”, “¡Cuál sería mi sorpresa!”, pero la forma clásica, que vale la pena tener en cuenta, es “¡Cuál no sería mi sorpresa!”.  

Hay un interesante diálogo en internet sobre esta frase. Alguien pregunta si “¡Cuál no sería mi sorpresa!” quiere decir que no se sorprendió o que sí se sorprendió. Saltan varios contertulios a aclararle que la frase indica que sí se sorprendió, más aún, que se sorprendió mucho más de lo que se suele sorprender con las cosas que lo sorprenden.
Alguien le dice que la frase significa que ‘sintió una sorpresa total y absoluta’. Otro, el más lacónico, le explica que tiene un valor ponderativo.

Un profesor costarricense, el más académico, le dice: “Ese no es meramente enfático (expletivo) y refuerza el grado de sorpresa expresado por quien enuncia la frase”. Un argentino, el que más se explaya en su intervención, compara la frase “¡Cuál no sería mi sorpresa!” con “¿Que no estudié en mi vida?”. Con la primera destaca la magnitud de la sorpresa, y con la segunda expresa que sí estudió, que estudió mucho, que es injusto que alguien piense lo contrario. Al final, el preguntador dice: “Gracias. No saben cuán claro me quedó”. 

El escaso diálogo que hoy se da entre personas de distintas generaciones, padres con hijos o abuelos con nietos, hace que se pierda la fraseología tradicional. En alguna intervención radial, en cuya mesa de trabajo había treintañeros y cuarentones, me divertí mucho diciéndoles la primera parte frases como “A caballo regalado…”, para que ellos contestaran en coro sin vacilar: “… no se le mira el colmillo”. He intentado hacer el mismo ejercicio con menores de 20, y me he encontrado con murallas de hielo. No conocen los adagios, refranes y frases tradicionales, que nos han servido para transmitir valores, principios, costumbres y hasta burlas y críticas. No saben el final del refrán porque nunca han oído el comienzo y, en cambio, defienden el tan socorrido lenguaje asertivo, que no es otra cosa que lenguaje de robot.

Por cierto, viene en mi ayuda el título de una novela de la escritora chilena Violeta Quevedo, editado por Ediciones B en el 2007, que tiene justamente este título: Cuál no sería mi sorpresa.

Preguntas: feravila@cable.net.co 

Día Internacional de la Mujer se escribe con mayúsculas iniciales. 

FundéuRAU 

Según la Ortografía de la lengua española, los sustantivos y adjetivos que forman parte del nombre de festividades, ya sean civiles, militares o religiosas, se escriben con inicial mayúscula: Día de los Enamorados, Día de San Valentín, Día Internacional de los Trabajadores (y sus variantes: Fiesta del Trabajo, Primero de Mayo…), Día de la Madre, Día Mundial contra el Hambre, Día Internacional de la Mujer, Navidad, Domingo de Resurrección, Día de Acción de Gracias… 

Sin embargo, cuando con el nombre (a menudo en plural) se alude no a la festividad, sino al período en que tienen lugar las celebraciones y festejos, es también admisible el empleo de la minúscula: «Fueron unas navidades muy malas» o «Acudió mucha gente a los sanfermines». Foto (odg)Librero Juan, en su salsa: la dulce compañía de libros leídos a la espera de otros ojos.(Barrio Santa Gema, Medellín).

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