Martes de la luenga lengua: Errores gramaticales frecuentes

QUISQUILLAS DE ALGUNA IMPORTANCIA  

por  Efraim Osorio López (eolo1056@yahoo.com)

Si el columnista se refiere a “acuerdos mínimos”, ¿por qué no emplear la preposición ‘entre’ –lógica en esa construcción– en lugar de la empachadora locución?

¿A cuántos lectores, televidentes y radioescuchas los desasosiega el empleo gramaticalmente incorrecto de lo que leen y oyen? ¡Ni idea! Más de uno, sí, con seguridad, pues lo confirman las misivas que de cuando en cuando llegan a mi buzón, como ésta del señor Juan Ahumada: “Los periodistas y conferencistas han dado en reemplazar las preposiciones ‘por’, ‘de’ y otras por la preposición ‘a’. Así, por ejemplo, dicen  «asuntos a resolver», cuando creo que deben decir «asuntos que resolver» o «asuntos para resolver” (‘por resolver’, le añado); «de acuerdo a los datos estadísticos», cuando creo que deben decir «de acuerdo con los datos estadísticos», y «con base a», cuando deben decir «con base en…» (8/2/2021). Acierta el corresponsal. Como éstos, son muchos los errores gramaticales que se leen y oyen con frecuencia, verbigracia, el uso de la inútil locución ‘por parte de’, de la que echa mano todo el mundo, aquí y en Cafarnaúm, sin mencionar a los insufribles comentaristas deportivos. De muestra, sólo este botón: “…sucede así cuando no hay acuerdos mínimos por parte de las figuras parentales respecto a la custodia y el cuidado personal de sus hijos” (LA PATRIA, Sebastián Galvis Arcila, 13/2/2021). Si el columnista se refiere a “acuerdos mínimos”, ¿por qué no emplear la preposición ‘entre’ –lógica en esa construcción– en lugar de la empachadora locución? ***

En apuntaciones anteriores, hablando de la concordancia en género y número del sustantivo femenino ‘persona’, supuse que no había quien dudara de la castiza en género femenino. Basado en esto, el columnista de Eje 21 Mario de la Calle Lombana me escribió: “Para responder la pregunta final de su columna aparecida hoy en Eje 21 en relación con la concordancia del femenino «persona/as», («¿quién duda?»), quiero decirle que ese error está haciendo carrera masivamente en estos meses, posiblemente aupado por la publicidad que hacen a esa forma de hablar, tanto el presidente de la república como su ministro de Salud, a quienes parece que nadie les enseñó que «persona» es palabra femenina, y en todas las emisiones del programa de televisión que mantienen en horario  privilegiado arrebatado a todos nuestros canales de televisión, se empeñan en contarnos cuántas personas fueron contagiados, cuántas recuperados y cuántas resultaron fallecidos. Los siguen en su enseñanza los locutores de noticias sobre la violencia cuando nos cuentan el número de personas asesinados, o enterrados, o cuántas fueron detenidos por la autoridad. Páreles la oreja y se dará cuenta” (19/1/2021). ¡Increíble! ***

Y sigo con la cantaleta. Ya, hasta el editorialista de El Tiempo se contagió del farragoso, nocivo, inútil y traicionero ‘lenguaje incluyente’. Así escribió: “…la capacidad de adaptarse a las nuevas realidades ha aflorado, gracias, de nuevo, al coraje de tantos comunicadores  y comunicadoras” (14/2/2021). Dos preguntas: ¿Por qué no escribió ‘de tantos comunicadores y tantas comunicadoras’? Y ¿por qué no siguió escribiendo como hasta hace muy poco tiempo lo hacía y lo hicieron sus predecesores desde hace cien años, castizamente, como se escribe en castellano? Dos días después, el 16, garrapateó: “Al conocerse la decisión del  gobierno de acoger a más de 1’700.000 venezolanos y venezolanas…”. En los dos ejemplos, los nombres ‘comunicadores’ y ‘venezolanos’ son de género no marcado, es decir, que abarcan a los dos, al masculino y al femenino. Le propongo este ejemplo: ‘Diosdado Cabello, Delcy Rodríguez, Nicolás Maduro y su esposa Cilia son venezolanos’. Usted, señor, no tiene que decir ‘son venezolanos ellos, y ellas, venezolanas. Sería una pendejada, ¿cierto? El lenguaje, mientras más sencillo, más castizo y más hermoso.

Otro de esos errores comunes se encuentra en esta oración: “Después, me di cuenta de que mi ignorancia se trataba más bien de una elemental lucidez” (El Tiempo, Margarita Rosa de Francisco, Dilema ético, 11/2/2021). Castizamente, así: “Después me di cuenta de que mi ignorancia consistía más bien…”, porque la locución verbal ‘tratarse de’ es impersonal, a saber, no admite sujeto.  

El lenguaje en el tiempo 

Fernando Avila/EL TIEMPO 

Cita: “Se inició la vacunación y hoy es el turno de Bogotá y otras 5 capitales”. Comentario: Falta una coma después de “vacunación”. Lo que sigue no es el último término de una enumeración, sino otra frase con su respectivo verbo. No se escribe coma cuando la y va entre el penúltimo y el último término de una enumeración, “la llegada de neveras, vacunas y jeringas”, pero sí debe escribirse coma cuando la y separa dos frases distintas, cada una con su respectivo verbo, “Luis trabaja en el centro, y Marta estudia en Chapinero”, “El profe dicta la clase, y el rector lo supervisa”, “Se inició la vacunación, y hoy es el turno de Bogotá…”. 

Aparte de esta coma que separa dos frases distintas aunque relacionadas, la coma va antes de la y cuando cierra un inciso explicativo, “Nairo, de Boyacá, y Egan, de Cundinamarca, triunfan en Europa”. El inciso “de Boyacá” debe ir entre comas, como todo inciso intermedio. Si se quita esa coma, para no violar la norma que supuestamente prohíbe la coincidencia de la coma y la y, el inciso parece extenderse hasta la siguiente coma (“de Boyacá y Egan”), lo que dificulta o impide entender la idea que se pretendía transmitir. También se debe escribir coma antes de la y cuando esta es conjunción adversativa, equivalente a pero, “Le regalaron un ajedrez, y no le dieron ni una clase sobre el movimiento de las fichas”.

Otra posibilidad de encuentro de la coma y la y se da cuando se intercala un vocativo entre comas, antes de la y, “Ven, Mónica, y te digo cuánto te quiero”. El vocativo es la palabra con la que llamamos a alguien, “Me dijo que no, doctor, y luego se fue sin dársele nada”, “Vuelve, hijo, y te explico lo que pasó”. El vocativo se separa con coma del mensaje, vaya antes, “Marcela, no te olvides de mí”, o después, “Recuerda lo que te dije, Mercedes”. Si va en medio del parlamento, debe quedar entre comas, “Créeme, Mariana, que te adoro”, incluso si la segunda coma queda antes de la “y”, “Te adoro, Maite, y no puedo vivir sin ti”. 

Icopor

Pregunta Marta Parra Rojas: ¿Una marca puede convertirse en nombre común? Respuesta: Sí. Suele pasar. En el Diccionario de americanismos puede ver icopor (‘poliestireno’), de Icopor, Industria Colombiana de Porosos, y en el Diccionario de la lengua española, maicena (‘harina fina de maíz’), de Maizena; clínex (‘pañuelo desechable de papel’), de Kleenex; aspirina (‘ácido acetilsalicílico’), de Aspirina; nescafé (‘café soluble’), de Nescafé; nailon (‘poliamida sintética’), de Nylon, y licra (‘fibra elástica de poliuretano’), de Lycra.

Preguntas: feravila@cable.net.co 

YO SOY COMO EL PICAFLOR 

Del idioma mirado con lente avícola 

Por: Ricardo Bada/EL ESPECTADOR 

El notable columnista barranquillero Diego Marín Contreras dedicó una de sus glosas lúcidas y lúdicas a la solemne tontería de no emplear el verbo “poner”, porque “Poner ponen las gallinas” y el verbo correcto sería “colocar”. Marín Contreras se preguntaba si entonces lo más correcto sería decir y escribir colocarse pálido, colocar la mesa, colocarse de pie, colocarse de acuerdo, colocar los puntos sobre las íes, colocar por escrito, colocar punto final, etc. Amén de que habría que rebautizar el municipio de Ponedera, Atlántico, 40 k al sureste de Barranquilla, recostado sobre el Magdalena, y llamado así porque allá iban a desovar las tortugas: “¿Qué tal que se llamara Colocadera?”. 

Por su parte, a la tuitera @AgnesBeauchamp (entiendo que bogotana) ya le he registrado un trino que dice: “Por el amor a Jesucristo Superestrella no ‘coloquen’, pongan”. Y otro tuitero, @Ladeiraso, trinó desde Austria: “Mi vida, poner ponen las gallinas, vamos a llenar el carro o vamos a colocar gasolina dentro del depósito, gracias”. Hasta Venezuela llegó la onda, vean si no este trino de la grande @MilagrosSocorro: “El verbo ‘poner’ no es intercambiable con ‘colocar’. Prueba: ‘Pepito se colocó bravo’”. 

Y por mi parte pienso que con esa mentalidad léxica, propia de una granja avícola, habría que hablar de personas de elevada colocación social, del soldado en su colocación de combate y del obrero en su colocación de trabajo. Además de que en la acepción del verbo “poner” como “suponer”, habría una estupenda novela del suizo Max Frisch, Mein Name sei Gantenbein, cuyo título deberíamos traducir como Coloquemos que me llamo Gantenbein. 

Pero como mejor que ejemplos aislados lo que vale sería todo un párrafo, intentémoslo. Esta columna postula ahora un ejercicio de traducción mental que desemboca en una metamorfosis. Allí donde empleo una forma conjugada o sustantivada del verbo “colocar”, el atento lector deberá leer la forma correspondiente del verbo “poner”. Pero si así lo hace, y de acuerdo con el código del bien decir colombiano, al final de la columna habrá mutado en gallina. ¿Se atreven? ¡Sus, y valor! ¡Vamos allá! 

¡Qué hermosa la colocación del sol aquella tarde! Contemplándola decidí colocar mis ideas en orden, porque me habían invitado a un congreso de periodistas donde debería presentar una colocancia acerca del tema “Los presucolocados de la información cultural”, uno que siempre me coloca sentimental, que siempre me conmueve, como las novias que se quedan, pobrecitas, concolocadas y sin novio. Y en un ejercicio de sincronicidad y simetría perfectos, cuando acabé de colocar en orden mis ideas, el sol terminó de colocarse tras el horizonte. 

PORQUE, POR QUÉ.. 

FUNDÉU-RAE 

En los medios de comunicación escritos es muy frecuente ver cómo se confunden las expresiones porqué, por qué, porque y por que. 

Porqué es un sustantivo, sinónimo de ‘causa’, ‘motivo’ o ‘razón’: «El responsable de fotografía de la casa de subastas explica el porqué de su valor», que puede ir también en plural: «Los porqués del entrenador no tienen sentido». 

Por qué es la combinación de la preposición por y el interrogativo qué: «¿Por qué no aumenta el número de vivienda protegida?»; se reconoce si se le agrega la palabra razón: «Le preguntaron por qué (razón) ingresó al club». 

La palabra porque es una conjunción que equivale a puesto que, dado que, ya que: «Es difícil porque hay tres equipos más de un nivel muy alto». También puede tener valor de finalidad con un verbo en subjuntivo, equivalente a para que: «Hizo lo que pudo porque (o para que) su trabajo fuera excelente». En este caso, también es válida su escritura en dos palabras. 

Por que es la combinación de por y el pronombre relativo que y se reconoce fácilmente porque siempre se puede intercalar un artículo entre ellos: «Ese es el motivo por (el) que decidió no ir». 

También puede tratarse de la preposición por exigida por el verbo, el sustantivo o el adjetivo, y la conjunción que: «Los trabajadores votaron por que no se convoque la huelga» (votar por algo). 

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