Martes de la luenga lengua: El libro de Gustavo Castro Caycedo

QUISQUILLAS DE ALGUNA IMPORTANCIA  

por Efraim Osorio López/LA PATRIA DE MANIZALES 

eolo1056@yahoo.com 

Aunque, estirando mucho su significado, el término ‘funcional’ podría caber en ese contexto, no me parece el indicado. 

A veces, para leer algunas frases, hay que esforzarse un poco, y un poco más para entenderlas, como ésta: “…y la sobrerrepresentación de los incidentes de violencia y destrucción es funcional a ese propósito” (El Tiempo, Sandra Borda, G., 24/11/2020). Tropecé con esa dificultad en las últimas palabras, porque ‘funcional a’ las hace enrevesadas. Si hubiese escrito ‘sirve a ese propósito’, el escollo habría desaparecido. ‘Funcional’, además de ‘designar lo relativo a la función o a las funciones’, califica “una cosa diseñada u organizada atendiendo, sobre todo, a la facilidad, utilidad y comodidad de su empleo”, por ejemplo, ‘una nevera funcional’. Califica también “obras y técnicas eficazmente adecuadas a sus fines”, verbigracia, ‘el sistema funcional de calefacción de los países del norte’. Y tiene otras acepciones que no vienen al caso. Aunque, estirando mucho su significado, el término ‘funcional’ podría caber en ese contexto, no me parece el indicado. Nota: El ‘propósito’ de que habla la periodista es “deslegitimar y criminalizar la protesta social”. Y los ‘incidentes’, la destrucción total de sucursales bancarias y de cajeros automáticos; la devastación de los Comandos de Atención Inmediata (CAI), de los buses urbanos y de las estaciones de Transmilenio; el pillaje callejero, etc., todo esto, con pérdidas multimillonarias, de las que nadie se hace responsable. ¿Cómo diablos se ‘sobrerrepresenta’ todo eso? *** 

La gramática castellana comete ‘violencia de género’ y la cometemos los que combatimos el farragoso y estomagante ‘lenguaje incluyente’. De este ‘delito’ nos acusa la columnista de El Tiempo Florence Thomas así: “Estas violencias que se empeñan en no nombrarnos, que critican el lenguaje incluyente bajo pretexto de que esto afea nuestro bello idioma castellano” (25/11/2020). ¿Que no las nombramos cuando decimos, por ejemplo, ‘los colombianos’ en lugar de ‘los colombianos y las colombianas’? La gramática enseña que hay sustantivos que en algunas oraciones son de ‘género no marcado’ –género gramatical, por supuesto–, verbigracia, ‘adultos, niños, nietos’, que incluyen ‘adultas, niñas y nietas’. Cuando decimos ‘los colombianos’ aludimos incluso a Teodora Bolívar y a Victoria Sandino. Y hay también sustantivos de género gramatical femenino que incluyen a mujeres y hombres, como ‘persona’: si decimos ‘las personas eruditas’, no excluimos a ‘los eruditos’. Y tenemos sustantivos terminados en ‘a’, como ‘ciclista, anacoreta, autodidacta’ y mil más que cobijan a todos los que practican ese deporte, a todos los que se dedican a esa vida sacrificada y a todos los que se educan por sí mismos. Finalmente, no cree ella que su fastidioso ‘lenguaje incluyente’ afee el castellano. Lea, no más, este ejemplo, tomado de una de las frases de este párrafo, escrito como ella pretende: “…que cobijan a todos y todas los y las que practican ese deporte, a todos y todas los y las que se dedican a esa vida sacrificada y a todos y todas los y las que se educan por sí mismos y por sí mismas”. ¿Farragoso, no? E inútil, nocivo y traicionero. Y muy feo, feísimo. Es que esto es gramática, señora, no anatomía. Dejémonos de tonterías y hablemos y escribamos castellano. *** 

Leo el ‘Oasis’ del padre Gallo por oficio. Cuando leí en el del 26 de noviembre “Hay temporadas de huracanes más prolongadas y habrán más…”, pensé que se trataba de un error de digitación, pero, dos renglones más adelante, me di de bruces con esto: “…habrán tormentas extremadamente destructivas”. Una sola vez, el error puede ser por descuido; dos veces, por ignorancia, inexplicable 

en alguien que seguramente estudió castellano a la antigua. “Y habrá más…”, “…habrá tormentas…”, padre. *** 

Titular de LA PATRIA: “Taxistas rechazan de nuevo a las plataformas de transporte” (Balance, 26/11/2020). En esta oración gramatical se sabe perfectamente cuál es el complemento directo, por lo que sobra la preposición ‘a’, es decir, no hay que ‘determinarlo’ con ella. 

Cómo se escribe al fin: sándwich, sánduche, sánguche, emparedado? 

Por: Fernando Ávila/EL TIEMPO 

El conde de Sandwich, John Montagu, fue embajador británico en Madrid. Sin duda, en la capital española sumó a su misión diplomática el placer del buen vino y de los buenos pasabocas, las banderillas que llaman en la península ibérica, porque las dos tajadas de pan con carne y aderezos intermedios se aseguran con un palillo (banderilla) clavado en toda la mitad. Y es muy posible que esas banderillas en su temprana versión del siglo XVIII hayan inspirado a John Montagu la idea que le dio a su cocinero en Aquisgrán. 

A esa ciudad alemana había llegado Montagu para firmar el famoso Tratado de Paz que puso fin a la guerra de sucesión austriaca, el 18 de octubre de 1748. Montagu, ocupado en un juego de cartas, al que se entregó una vez sellada la paz, pidió a su cocinero un filete bien sazonado con tajadas de pan encima y debajo, para comer mientras continuaba el juego, sin necesidad de interrumpirlo para pasar a manteles. Así nació el hoy conocido sandwich, porque quien primero lo pidió y consumió fue Montagu, cuarto conde de Sandwich.

En España se le dice bocadillo, y en México, emparedado, pero el término universal es sandwich. Por eso, en alguna edición del Diccionario de la lengua española, DLE, del siglo pasado, apareció por primera vez como voz española la adaptación sándwich, con tilde, como única diferencia respecto a la forma inglesa.  

En el lexicón académico está definido como ‘emparedado hecho con dos rebanadas de pan de molde entre las que se coloca jamón, queso, embutido, vegetales u otros alimentos’. El Diccionario panhispánico de dudas, DPD, 2005, recuerda que se debe escribir con tilde, por ser palabra grave terminada en ch; agrega que el plural es sándwiches, y señala como desaconsejadas las variantes sánduche y sánguche, usadas en Colombia, Venezuela, Chile y el Perú. 

El Diccionario de americanismos, 2010, recupera las formas sánduche y sánguche, contradiciendo con autoridad la posición del DPD, ante la contundencia del número de países donde se usan estas variantes dialectales.

Finalmente, el DLE, en sus adiciones del 2020, incorporadas el 24 de noviembre pasado, les da el visto bueno definitivo a las formas sánduche y sánguche. De la primera informa que se usa en Colombia, Ecuador y Venezuela, y de la segunda, que se usa en la Argentina, Chile, Costa Rica, Nicaragua, Perú, Uruguay y Venezuela. Por supuesto, estos términos callejeros y coloquiales, propios de la tienda de la esquina y de la gastroneta del barrio popular, conviven con la elegante rotulación sándwich, de los menús de restaurantes cinco tenedores y de los hoteles de lujo. 

jugadas y piezas del ajedrez, en minúscula 

Fundación para el español urgente 

Los nombres de las jugadas y las estrategias del ajedrez, así como los de las piezas, van en minúscula. 

En las informaciones sobre la miniserie de televisión Gambito de dama, así como de diversos torneos de este juego, como el que se va a celebrar próximamente en la isla de La Palma, no es raro ver mayúsculas empleadas de modo impropio: «Su estrategia preferida era el Gambito de Rey», «Empleó la insípida Apertura de los Cuatro Caballos» o «Tras plantear la Defensa Caro-Kann, sus jugadas 8 y 9 parecen absurdas». 

Los nombres de jugadas, como gambitoenroque y jaqueestán recogidos en el diccionario académico en minúscula, criterio que es extensible a otras denominaciones como defensa siciliana o mate del loco, salvo los nombres propios que puedan incluir. También están recogidos en minúscula los términos que aluden a las piezas, como alfil o reina. Ninguna de estas voces y expresiones necesita cursiva o comillas. 

En consecuencia, en los ejemplos anteriores habría sido mejor escribir «Su estrategia preferida era el gambito de rey», «Empleó la insípida apertura de los cuatro caballos» y «Tras plantear la defensa Caro-Kann, sus jugadas 8 y 9 parecen absurdas». 

EL LIBRO DE CASTRO CAYCEDO 

Editorial  Palabra Libre, desea compartir con Usted el lanzamiento del libro 37 de Gustavo Castro Caycedo, “Por qué me quedé en Colombia”, el cual se realizará el miércoles 9 de diciembre, a partir de las 8 de la noche, en nuestro Facebook Live Palabra Libre.


En esta obra, el autor combina tres características propias del periodismo: la investigación, la entrevista, y la crónica, para contar las historias de vida de 17 protagonistas que sentaron raíces en nuestra patria, y que son un ejemplo de amor por ella, para los colombianos.

El libro, resalta los mayores grupos humanos migratorios, y su aporte a la construción de nuestra nación, desde antes que fuera Colombia: Árabes, austriacos, chinos, españoles, franceses, italianos, japoneses y otros. 

Leido lo anterior le he dirigido el siguiente mensaje al autor: 

Señor Castro Caycedo, salud. 

Espere llamada de mi popurrí de abogados por el delito de plagio. Usted me leyó que hace tiempos yo  tenía la misma idea que usted plasma en el libro y me salió adelante.  

Eso no está bien que lo haga un hijo ilustre del país de la sal, Zipaquirá, donde un tal García Márquez se inició en las lides literarias y donde fue hecho el único campeón del Tour de Francia que ha tenido Locombia: Egan Bernal, quien se negó a recibir condecoraciones palaciegas por su triunfo.  

Si me lo encuentro atravesando un paso cebra, señor Gustavo, cambio de cebra. Con amigos así, para qué enemigos.  

Léalo en mis labios: estoy enojado…. pero conmigo mismo porque camarón que se duerme… Como decían las abuelas, el guarda comida guarda pesares. Buen viento y buena mar para su nuevo parto periodístico.od 

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