Martes de la luenga lengua: Devanar-devanear, apotegma, con cuentagotas

Foto Biblioteca que camina (Jardín Botanico, de Medellín, en el Festival Gabo de hace un año. odg).

QUISQUILLAS DE ALGUNA IMPORTANCIA

Por Efraim Osorio López 

eolo1056@yahoo.com/LA PATRIA, DE MANIZALES 

cita latina, convalecer 

¡Cuánta falta le hizo el diccionario, o su consulta, al columnista Augusto Morales! 

El diccionario es un auxiliar que debe tener todo aquel que se dedica al difícil arte de escribir, esto es, por descontado, si quiere escribir bien, con los vocablos que expresen rigurosamente las ideas que pretende comunicar. Por no tenerlo, o no consultarlo, el periodista Hernán Peláez echó mano del verbo inapropiado en la siguiente frase: “Mientras Queiroz se devanea los sesos sobre cuál alineación poner…” (El Espectador, 15/11/2020). No es lo mismo, señor, ‘devanear’ que ‘devanar’, éste, el que usted debió emplear, pues significa “ir dando vueltas sucesivas a un hilo, alambre, cuerda, etc., alrededor de un eje, carreta, etc.”. De aquí, figuradamente, la expresión ‘devanarse los sesos’, que quiere decir, ‘darle vueltas a un asunto, cavilar sobre él, estudiarlo detenidamente’. ‘Devanear’, en cambio, significa “decir o hacer desconciertos o devaneos” (‘delirios, desatinos’). Aunque muy parecidos, para efectos de su conjugación los dos tienen una raíz diferente, a saber, de ‘devanear’. ‘devane-’; de ‘devanar’, ‘devan-’, raíces a las que se les agregan todas las terminaciones, según el tiempo y el modo verbales: ‘devaneo, devaneaba, devaneé, devanearé, devanearía…’; ‘devano, devanaba, devané, devanaré, devanaría…’. Etcétera.  

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¡Cuánta falta le hizo el diccionario, o su consulta, al columnista Augusto Morales! Si lo hubiese ojeado, habría aprendido qué es un ‘apotegma’, y no habría escrito lo siguiente: “Nuestro país, como república unitaria, se caracteriza por una doble perspectiva en su organización, consignada bajo el apotegma de “Centralización política”… (LA PATRIA, 18/11/2020). ‘Centralización política’ es cualquier cosa –una locución, un calificativo, una expresión, un titular–, menos un ‘apotegma’. Éste es un “dicho breve y sentencioso, dicho feliz, generalmente el que tiene celebridad por haberlo proferido o escrito un hombre ilustre o por cualquier otro concepto” (El Diccionario), por ejemplo, “sólo sé que nada sé”, atribuido a Sócrates, maestro de Platón, y éste, de Aristóteles. ¡Ah, los diccionarios! 

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El ‘cuentagotas’ es un instrumento, generalmente de vidrio, que sirve, sí, señor, para ‘contar gotas’, porque se usa “para verter un líquido gota a gota”. Como se trata de un ‘instrumento’, cuando entra en la formación del complemento circunstancial, debe ser introducido por la preposición ‘con’, no ‘a’, error muy  frecuente, no por ello tolerable. Así lo empleó el columnista de Papel Salmón Fernando-Alonso Ramírez en esta frase: “A cuentagotas también nos van apareciendo historias macabras…” (LA PATRIA, Papel Salmón, 14/11/2020). “Con cuentagotas…”, expresión consagrada, que quiere decir ‘dar o presentar algo con mezquindad, poco a poco, muy lentamente’. Este error es común, como el de decir ‘una verdad de a puño’ en vez de ‘una verdad como un puño’. lo correcto.  

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Cita latina: “En el escudo de la Universidad Nacional, el lema que la identifica reza: Inter aulas academiae quare verum” (“En las aulas de la academia buscad la verdad”) (El Tiempo, Fernando Sánchez Torres, 20/11/2020). Cita así intraducible, porque ‘quare’ no es un verbo, sino un adverbio interrogativo, que significa ¿por qué?, ¿cómo?, ¿por qué medio? El verbo del lema de la Universidad Nacional es ‘quære’, imperativo de segunda persona del singular de ‘quærere’ (‘buscar, indagar’): “quære verum” (‘busca la verdad’); su plural es ‘quærite’ (‘buscad’). Las dos palabras –‘quare’ y quærere’– están en esta frase de Cicerón: “Quare victus sis, quærere” (‘Indagar por qué resultaste vencido’). Como en muchos idiomas, en latín una sola letra puede cambiar por completo el significado de una palabra.  

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El verbo ‘convalecer’ rige la preposición ‘de’, norma gramatical desatendida en la siguiente información: “San Andrés convalece a los estragos que causó el huracán en su avance hacia Centroamérica…” (LA PATRIA, Primer plano, 21/11/2020). “…convalece de los estragos…”, castizamente, porque este complemento señala la ‘procedencia’ de esa recuperación. Y, aunque no está de todo en todo descarrilado el uso del verbo ‘convalecer’ –que se refiere esencialmente a las enfermedades– en ese contexto, habría sido más apropiado el verbo ‘recuperarse’, que también rige la preposición ‘de’. 

¿Sabía que 8 AM no significa lo mismo que 8 a.m.? 

Por: Fernando Ávila/ELTIEMPO 

 La Academia no se preocupó mucho por las normas tipográficas hasta el 2010. Ese año publicó la Ortografía de la lengua española, con precisiones metodológicas en las que antes no se había detenido, y más adelante agregó normas para la escritura en medios digitales, en su Libro de estilo de la lengua española, 2019. Las empresas se guiaban para estos efectos por las normas Icontec, y las universidades, por las APA. 

Ahora, pues, sí hay unas normas de la RAE que pretenden unificar usos en la escritura de documentos, ensayos o simples letreros y avisos. Como nunca falta el extremista, hay quienes exigen metodologías perfectas, pero no se preocupan por el contenido del texto. Aprueban costosas investigaciones y trabajos de grado que no aportan nada a la ciencia, pero que sí cumplen cabalmente con las normas APA. 

Abreviaturas y símbolos 

Sin llegar a este extremo, es deseable que se apliquen algunas de esas nuevas normas académicas con cierto rigor, para evitar confusiones. Por ejemplo, que las abreviaturas de las horas se unifiquen en citaciones legales y en anuncios de eventos. Si la reunión es a las 8 a. m., no escribir que es a las 8 AM, pues esta última abreviación no significa ‘antes del meridiano’, sino ‘amplitud modulada’. Si es a las 3 p. m., no escribir 3 P. M., con la abreviatura de ‘Policía Militar’. Hilando fino, 12 m. son las ‘12 del mediodía’, pero si no se escribe el punto de la abreviatura (12 m), el significado termina siendo ‘12 metros’.

En todas las oficinas se debería unificar la abreviatura de ‘cédula de ciudadanía’, c. c., y no C. C., ‘casilla de correos’, ni c/c, ‘cuenta corriente’. El símbolo de ‘disco compacto’ es CD, que no debe llevar apóstrofo seguido de s, para hacer un plural innecesario (CD’s). Si son varios, el símbolo no varía, “treinta CD”. Lo mismo pasa con CDT y ONG. Son invariables para el plural. 

Cantidades 

Los números de hasta cuatro dígitos van sin punto de mil, año 2020 o 2020 casas. Las monedas tienen su símbolo trilítero, que para ‘pesos colombianos’ es COP; para ‘euros’, EUR, y para ‘dólares de los Estados Unidos’, USD (no US$). Las cifras se separan de su símbolo con espacio, 20 %, 50 km/h, 14 °C, 80 m², y la combinación de cifra y letra es válida con millones, “20 millones”, y billones, “3 billones”, pero no con mil (50 mil).

Para finalizar, les recuerdo que la autoría de un artículo se puede indicar con la preposición “por”, pero sin escribir dos puntos después de ella (por: Pedro Pérez), lo que termina siendo redundante. 

Preguntas: feravila@cable.net.co 

Covid o cóvid… ¿minúscula? 

Por Álex Grijelmo/EL PAIS DE MADRID 

La Real Academia Española anunció el pasado martes algo llamativo: ha incorporado a su Diccionario una abreviación en mayúsculas que se lee de corrido: COVID (“corona virus desease”, o enfermedad del coronavirus); a pesar de que hasta ahora se escribía con minúsculas en muchos medios. 

Algunos vocablos que empleamos normalmente proceden de siglas: “pin”, “tac”, “sida”, “ovni”, “pyme”… Al principio se recogieron con mayúsculas en los diarios, pero su uso continuo los acabó dejando en lo que aún llamamos “caja baja” (por el lugar donde se guardaban estas letras en las antiguas imprentas). Y tras haber mutado a minúsculas, entraron por pura lógica en el Diccionario: ya se consideraban moneda corriente. Así sucedió con las mencionadas: tanto “pin” como “sida”, “ovni” o “pyme” nunca tuvieron en la obra académica una versión original en mayúsculas. No pasaron de mayúsculas a minúsculas dentro del Diccionario. Algo que sí hará “COVID”. He ahí lo curioso. 

La tendencia académica a incorporar siglas directamente con minúsculas (hay excepciones) se apreció incluso en abreviamientos que sin embargo seguimos viendo a diario en versales. Esto pasa con “uci” o “uvi”, por ejemplo, que el Diccionario acoge con esas grafías (y no UCI y UVI como se escriben en la prensa). 

La presencia extenuante de “COVID” o “Covid” desde enero en las conversaciones y en los diarios invitó a muchos medios a acelerar su proceso de minusculización y a escribir ese acrónimo como cualquier otro vocablo común. Entre una abreviación en letras grandes y otra en caracteres menores, casi siempre elegiremos estos últimos si creemos que no se violenta el idioma: ocupan menos espacio en un titular. 

La obra académica ya contenía algunas siglas con mayúsculas, muchas de ellas imposibles de pronunciar de corrido (es decir, hay que deletrearlas): ADN, DNI, ONG, VIH, IRPF, PNN, ATS… La debilidad de algunos de estos signos (sujetos a veces a cambios administrativos) se aprecia en la moribundez de las dos últimas (PNN y ATS), en claro retroceso. 

Y sí, en el Diccionario figuran también siglas con mayúsculas que se pronuncian de corrido; con criterios, a mi entender, algo zigzagueantes. Hallamos en él AVE, DIN, UVA, ISO, IVA, NIF… y PET (un tipo de tomografía) pero “tac” (otro tipo de tomografía), mientras que se echan en falta siglas mucho más insistentes hoy por hoy: PIB, ERTE, ERE, APA, AMPA (éstas ya lexicalizadas: “las apas”, “las ampas”; asociaciones de padres y madres de alumnos). 

Cabe pensar que el nombre abreviado de la enfermedad del coronavirus acabará escrito en minúsculas por todas partes. Así que podemos ganar tiempo y dejarlo en los periódicos como estaba, para no pasar de las minúsculas a las mayúsculas y volver a las minúsculas. 

Y dos asuntos más, para terminar. 

El género. José Martínez de Sousa (Ortografía y ortotipografía del español actual, página 245) indica que el género de las siglas viene dado normalmente por el de la palabra que forma su núcleo semántico; y si se trata de un término extranjero, por el que le corresponda en la traducción. La Academia no ha fijado el género de “COVID”, así que cada uno elegirá el que desee. El País ha preferido el femenino por la presencia de disease (enfermedad) en la base de la abreviación, del mismo modo que “sida” se tomó en su día como masculino porque la s corresponde a “síndrome”. 

El acento. Las siglas en mayúsculas no tienen tildes. CIA no la lleva, por ejemplo. La Academia tampoco se ha definido sobre la pronunciación de “COVID”. Pero la terminación en d invita (por el genio del idioma) a consolidar una acentuación aguda: adalid, ardid, David, Madrid, Valladolid, decid, venid… y covid. En el Diccionario, sólo una palabra propia del español terminada en –id es llana: el áspid. De origen griego, nombra a una víbora venenosa muy mencionada por Calderón de la Barca o Tirso de Molina como símbolo de lo pernicioso. 

Quizá dentro de algunos decenios alguien use la letal “covid” para la misma metáfora, pero lo hará seguramente con minúsculas y acentuación aguda. 

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