Martes de la luenga lengua: Alma, tipo, concordancia, quien

El lenguaje en el tiempo 

POR FERNANDO AVILA/EL TIEMPO 

César Escobar Pinto pide aclaración sobre el uso de las secuencias a base de, con base en, con base a, en base a, en relación con, en relación a. Respuesta: He oído decir a muchos, desde niños de preescolar hasta catedráticos de posgrado, que “el único envase es el de la gaseosa”, para advertir, con este juego de palabras, que en base a es incorrecto. 

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Pues el chiste se les acabó. La Fundéu RAE le da el visto bueno a la locución en base a, “El servicio israelí señaló, en base a fuentes palestinas, que hubo una ola de ataques”, “Esa cifra se concretará la próxima semana en base a la valoración”. Sin embargo, agrega que esta locución tiene como alternativas válidas y preferibles sobre la base de, en función de, basándose en, a partir de, de acuerdo con, con base en, y la más útil y olvidada según, “Esa cifra se concretará la próxima semana según la valoración”.

La Fundéu RAE recomienda, además, no confundir a base de y con base en. La primera sirve para indicar ‘principal ingrediente’, “champú a base de huevo”; ‘fundamento’, “lo motivó a base de música”; ‘por medio de’, “funciona a base de gas”, y ‘a fuerza de’, “ganó medalla de oro a base de entrenamiento diario”.

Con base en, por su parte, indica ‘lugar de origen’, “La aviación del Ejército, con base en Tolemaida, hizo su demostración”, y ‘por medio de’ o ‘valiéndose de’, “El operativo se hizo con base en la aviación militar”.

Las locuciones con relación a, en relación con, en correspondencia con y conforme a son todas correctas. 

Gazapera

Cita: “[María Victoria] Uribe había sido invitada por el entonces alcalde de Bogotá Belisario Betancur a representar a la ciudad”. Mejor: “… por el entonces alcalde de Bogotá Virgilio Barco”. Betancur no fue alcalde.

Cita: “Mi hija Matilde está en la edad de los por qué”. Mejor “… está en la edad de los porqués”, plural de “el porqué”.

Cita: “La pregunta que hizo después se las quedo debiendo”.

Mejor: “Se la que quedo debiendo”, con la, referido al complemento directo “la pregunta”, singular. O “Les quedo debiendo la pregunta que…”, con les, referido al complemento indirecto “a ustedes”, plural.

Cita: “Andrea Valdiri presume su nueva casa”. Mejor: “… presume de su nueva casa”. “Presume” es ‘supone’, “Andrea presume que los obreros trabajarán más rápido”, y “presume de” es ‘se muestra orgullosa’, “Andrea presume de sus logros”.

Cita radial: “La vacuna rusa Sputnik Cinco”. Mejor: “… Sputnik Ve” o “Sputnik Uve”, pues la V de Sputnik V significa ‘vacuna’, y no ‘cinco’, en número romano.

*Experto en redacción y creación literaria
Preguntas: feravila@cable.net.co 

QUISQUILLAS DE ALGUNA IMPORTANCIA   

por  Efraim Osorio López/LA PATRIA  

eolo1056@yahoo.cpm  

Alma, tipo, concordancia, quien  

Lo más preocupante de esto es que esos ‘comodines’ se están convirtiendo en sepultureros de sus sinónimos.   

En pocas palabras, la ‘materia’ es compuesta, es decir, ‘se compone de partes’, por lo cual se puede descomponer, corromper y perecer. El ‘espíritu’, en cambio, es simple, a saber, ‘no se compone de partes’, por lo que ni se descompone, ni se corrompe, ni perece. El ‘alma’, principio de vida de los seres humanos, es un ‘espíritu’, incorruptible e imperecedera por ello. De acuerdo con estas nociones, es absurda la siguiente afirmación: “…mientras el cura eleva una oración por el alma difunta” (El Tiempo, Diana Pardo, 11/3/2021). ‘Alma difunta’, expresión que nunca antes había leído ni oído, y que no la dice ni un materialista, porque no cree en el espíritu, es un contrasentido. Es posible que la columnista no releyó lo escrito, pues tal vez quiso decir que “el sacerdote eleva una oración por el alma del difunto”. Así, sí. Para concluir, y para contento de todos, esta sentencia de Sócrates, que el gran Lope de Vega cita en su obra “El triunfo de la fe en el reino del Japón” (Persecución de Cochinotzu): “Si el alma no muere, mayores bienes me están guardados; y si muere, ninguna cosa sentiré después de muerto”. ***  

Si en mí no se cumple el dicho que reza “la memoria es la facultad que todo lo olvida”, me parece que fue un editorialista de El Tiempo el que introdujo y propagó la locución ‘más allá de’ –que dice mucho y no dice nada–, y que actualmente hasta los comentaristas de fútbol emplean. Hoy no hablaré de este vicio de redacción, sino de otro, de redacción también, que entraña pobreza de vocabulario, y que está haciendo carrera. Aludo a la palabra ‘tipo’ (del latín ‘typus-i’ – ‘imagen, figura, estatua; carácter, fase’), que algunos escritores han convertido en comodín, los de ‘sucesos’, para referirse a un ‘individuo’, y los de opinión, para usarlo en lugar de ‘clase, índole, naturaleza’, o innecesariamente. Los siguientes botones de muestra: “todo tipo de agresiones”“este tipo de registros”“este tipo de conductas” (El Tiempo, editorial, 11/3/2021). Y esto, en los primeros veinte renglones. Como en el caso de otro ‘comodín – ‘tema’–, son incontables las veces en las que se puede suprimir sin alterar la idea del redactor, por ejemplo, en el segundo de los tres ‘botones’ de muestra, que dice así: “Muchos graban lo que acontece con sus celulares, a sabiendas de que este tipo de registros circularán rápidamente por las redes sociales”, oración mejor redactada de esta manera: “Muchos graban con sus celulares lo que acontece, a sabiendas de que estos registros…”. Lo más preocupante de esto es que esos ‘comodines’ se están convirtiendo en sepultureros de sus sinónimos. ***  

En la sección de LA PATRIA, ‘Controversia’, el senador Iván Marulanda afirmó: “Es un error garrafal esas fumigaciones…” (10/4/2021). La figura de construcción ‘hipérbaton’ no afecta la concordancia del sujeto con el verbo de su predicado. En esta oración, el sujeto es ‘esas fumigaciones’ –plural–, y ‘ser’, el verbo, que debe construirse también en plural, ‘son’, así, sin hipérbaton: “Esas fumigaciones son un error garrafal”. Es la lógica de la gramática. ***  

“No hay cosa / tan segura y poderosa / por quien la muerte no pase”, dice Lope en su obra “Los Prados de León”, II –XIX. En su época, el pronombre relativo ‘que’ era invariable en número y se usaba para remplazar personas y cosas. Hoy es variable en número –‘quien, quienes’– y se emplea sólo para referirse a personas. Según esta norma, está mal empleado en la siguiente oración: “En toda esta historia quien, verdaderamente se está haciendo el harakiri, es la justicia colombiana y de paso, está “volviendo trizas” la institucionalidad de la nación y a Colombia entera” (Eje 21, Eligio Palacio Roldán, 14/3/2021). En ésta, debió ser reemplazada por ‘la que’, así: “En toda esta historia, la que verdaderamente se está haciendo el haraquiri es la justicia colombiana…”.  

Inteligencia de rebaño 

Por Álex Grijelmo 

EL PAIS/EL COLOMBIANO 

La palabra “rebaño” se ha convertido en positiva. Ahora asumimos ser parte de un rebaño si eso nos da inmunidad, sin importarnos que la metáfora implique una asociación de ideas con los borregos. 

“Rebaño” no sólo designa a un grupo de ovejas, sino también a un “conjunto de personas que se mueven gregariamente o se dejan dirigir en sus opiniones, gustos, etcétera”. Por su parte, un “borrego” es también quien “se somete gregaria o dócilmente a la voluntad ajena”. 

Usamos el nombre común de algunos animales para insultarnos o despreciarnos: burro, acémila, perra, gorila, cernícalo, buitre, cerdo… Pero en el caso de “rebaño” hemos ido transformando su descalificador significado metafórico (grupo de individuos acríticos) para apropiarnos de sus ventajas: algo bueno habrán visto las ovejas en ir todas juntas. 

Hace ocho años, unos investigadores de la Universidad de Londres colocaron microprocesadores en estos animales para observar desde un satélite sus movimientos y la manera en que el rebaño se reconfigura cuando aparece un peligro (por ejemplo, un lobo). Y las ovejas en esos casos, lejos de salir despavoridas en todas las direcciones, huyen hacia el centro del grupo. Su instinto de supervivencia las conduce a apretarse para reducir las probabilidades de ser elegidas por el depredador. Se trata del mismo sentido de protección y cuidado mutuo que las lleva a evitar las aglomeraciones en la salida de un cercado y desalojarlo más ordenadamente que como lo haríamos los seres humanos. 

Ya se ve que tenemos cosas que aprender de los rebaños. 

Los lexicógrafos no conocen con certeza el origen remoto de esta palabra peculiar del castellano y del portugués (rebanho). Hace seis siglos se decía en castellano “rabaño” (variante que todavía pervive en zonas rurales de España). Los eminentes lexicógrafos Joan Corominas y José Antonio Pascual (Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico) se inclinan por relacionarla con un hipotético “ramaño” intermedio, derivado de “rama” y relacionado a su vez con el catalán ramada (que significa precisamente “rebaño”). De ese modo, se supone que este grupo de animales fue vinculado en catalán y en castellano con la imagen de un haz de ramas o de varas, agrupadas y juntas como las ovejas; o bien con la rama o vara que maneja el pastor (de ahí que aún se diga “vara de cerdos” en referencia a un grupo de medio centenar de cochinos). 

Las interpretaciones actuales de “rebaño” nos presentan un grupo homogéneo de animales o, en sentido metafórico, de personas; que en ambos casos se amparan unas a otras y actúan coordinadamente, por lo general bajo el mando de un pastor, ya sea religioso (el mismo Jesucristo es representado así), político o, ahora, científico. 

Con todo eso, resulta fácil asumir la locución “inmunidad de rebaño”, que el banco de datos de la Real Academia Española documenta en 2003: la consiguen quienes aceptan la vacuna para que todos queden a salvo. En este caso, se trata de que el coronavirus no disponga de domicilios corporales que asaltar al haberse instalado en ellos las pertinentes alarmas, y le sea difícil hallar, estadísticamente hablando, a personas desamparadas pero distantes entre sí y camufladas en el grupo. Con un 70 % de gente segura, se considera que vamos bien. El rebaño funciona. 

Y con el rebaño, funciona la palabra. Antes sonaba mal. Pero ahora el gregarismo inteligente de los corderos puede inspirarnos. Si hay que balar, se bala 

NOMBRES DE LAS FACUNAS 

POR FUNDÉU/RAE 

Los nombres comerciales de las vacunas y de las empresas farmacéuticas, al ser nombres propios, se escriben con mayúsculas iniciales. 

A propósito de las distintas vacunas que se están autorizando para inmunizar a la población contra la COVID-19, es frecuente leer en los medios de comunicación informaciones en las que figuran los nombres tanto de las empresas farmacéuticas como de las vacunas: «El miércoles llegarán al país 580 000 dosis de la vacuna Covishield de AstraZeneca», «La vacuna Sputnik Light entró en la última etapa de ensayos clínicos» o «Johnson & Johnson pide a la UE autorización para su vacuna de Janssen contra la COVID-19». 

La Ortografía de la lengua española indica que «los nombres comerciales registrados de medicamentos, al igual que sucede con las marcas, son nombres propios y deben escribirse con mayúscula inicial». No sucede así con los nombres de los principios activos, que se escriben con minúscula. 

Por lo tanto, voces como Moderna, Pfizer, Johnson & Johnson, AstraZeneca, BioNTech o Sputnik V, entre otras, se escriben con mayúsculas iniciales, respetando la grafía original; de ahí que los ejemplos iniciales puedan considerarse válidos. 

Finalmente, cabe destacar que no es necesario escribir estos nombres en cursiva ni con comillas

VER TAMBIÉN 

➤ Coronavirus, recomendaciones lingüísticas (Especial) 

Sobre el libro de Jorge Velosa, escribe Adrián Freja de la HOz: 

«Este libro es la voz de la carranga, es la voz del campo, es la sabiduría de todo un pueblo, es la alegría y la tristeza de lo que vivimos a diario, es la consciencia ecológica de un país».

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