Magdalena medio y el salto al siglo XXI

Tecnología, petróleo e inteligencia

Por Mauricio Salgado

La ruta por el Magdalena Medio entre Bucaramanga y Bogotá me hizo sentir una serie de sensaciones y emociones que trajeron a mi mente viajes de otros tiempos con mi papá. Lo más relevante ahora es la gran diferencia en los carros, antes sin aire acondicionado ni dirección hidráulica y por viajar en una camioneta. La suspensión trasera era rígida haciendo que brincábamos de hueco en hueco, era toda una experiencia de resistencia, lo primero que se pensaba al llegar al destino era en bañarse, al recorrer la carreteras polvorosas con las ventanas abiertas por el calor, se terminaba con polvo entre los bolsillos, para mí todo un misterio.

Ahora el automóvil rojo con aire acondicionado y dirección hidráulica permitía recorrer los kilómetros de la carretera entre las montañas con total suavidad, después de una curva pronunciada, la vista del embalse de Topocoro de 7,000 hectáreas que termina en la presa la Tora de 190 mts. de altura, del proyecto hidroeléctrico de Hidrosogamoso que genera 820 Mw, compensa con creces las nueve horas de viaje por tierra comparadas con el avión.

El paisaje no podía ser mejor, el espejo de agua sin fin, la exuberante vegetación sin tocar por lo humanos y la diminuta isla con una aún más diminuta casa, parecía que no iba a hacer un viaje comparable a aquellos que tenía guardados en mi mente, esos que disfruté tanto con papá, dado que la hidroeléctrica la construyeron en el 2014,y habíamos pasado juntos mucho antes del año 2,000, pero al salir de las montañas de la cordillera oriental y al llegar a la carretera paralela al río Magdalena, los recuerdos se volvieron actualidad, pasar por la zona petrolera de Lizama y ver cuatro bombas, «machines» como aprendí de mi padre, para llamar a esas gigantescas estructuras que día y noche bombean petróleo desde hace más de 50 años.

Ahora, la gran diferencia era una terminal gigantesca con grandes tanques de petróleo de 120,000 barriles cada uno de Terpel, combinando los recuerdos con las nuevas experiencias, recorrí los kilómetros suficientemente calientes para derretir el asfalto, dejando profundas huellas por el peso de los carrotanques que traen el pesado petróleo crudo del llano y los carrotanques que llevan la gasolina para la mayoría de los pueblos de la región.

El Cristo petrolero de la refinería de ECOPETROL en Barrancabermeja

La sorpresa la tuve a llegar a Puerto Araujo dónde inexplicablemente toca disminuir la velocidad drásticamente, no porque fuera un área urbana, sino porque los huecos en la vía son descomunales, la pesada tractomula que tenía a escasos metros trataba de zigzaguear como una flexible culebra, rápidamente comprendí que sin importar lo que hiciera se iba a caer en los huecos, la única opción era pasar a la mínima velocidad posible, facilitando que las mujeres se acercarán con bandejas rebozadas de pedazos papaya muy roja  y piña muy amarilla, la diferencia de otras época era que ahora las vendían en vasos plásticos desechables.

Las construcciones al lado de la carretera se parecen más a casas de invasión que a sitios que hayan sido construidos hace varias décadas. Por un momento pensé que se había detenido el tiempo creando una burbuja, las diferencias en las vidas y los recursos eran gigantescas comparadas con las de Bucaramanga a solo cuatro horas de viaje, pero al acercarse María al carro con su bandeja de fruta multicolor, noté que tenía un audífono de cables blancos conectado a un celular que llevaba en la cintura. Eso fue como si hubiera pasado un cometa por el cielo, precisamente dentro del carro con las ventanas cerradas, venía escuchando un podcast grabado hace un año, siendo originado desde California en los Estados Unidos, que había descargado, para escucharlo sin conexión a internet, donde narraban los tremendos errores en el mercadeo en empresas cómo Coca Cola.

Bajé la ventana y después de comprar $2,000 de papaya, le pregunté qué escuchaba, una emisora de Barrancabermeja, me contestó, me animé a preguntarle si disponía de internet y dijo que tenía un plan de datos que lo usaba al terminar su venta, le pregunté si se animaba a estudiar, a aprender algo nuevo y dijo la verdad “me encantaría mucho y poder ir a trabajar en uno de esos grandes almacenes de la ciudad”, precisamente comenté, que podía estudiar sobre ventas y mercadeo, tal cual dónde estaba, ella con cara de extrañeza, dijo ¿Cómo es eso?

Parqueé el carro lejos de los huecos de la vía, y bajo un “palo de mango” la acompañé a que buscara una aplicación de cursos cortos de Educación no Formal, cuando pregunté por los datos que tenía en el plan, me replicó “no se preocupe no dejo que se acaben”.  Al poco tiempo de instalar una de las aplicaciones, ella miraba con sus ojos muy abiertos, con mucho interés, los nombres de los cursos, buscamos uno de corta duración gratis. Eran varios en el tema de las ventas, comente qué los otros que tienen costo la mayoría equivalen a USD $10 o $40,000 y que se puede pagar con aplicaciones como Nequi, que ya la tenía en su celular, duré unos minutos más con ella mientras inició el curso y descubrió cómo utilizar todas las funciones, le comenté de los podcasts como los de Xmasempresas, otra fuente para aprender y usar muy pocos datos ya que es solo audio, y los puede escuchar mientras trabaja, usando Spotify que también la tenía instalada en el celular. 

Cuando nos despedimos, le pregunté su nombre, yo tenía una amplia sonrisa pero no más grande que la que ella esbozaba, mi sonrisa de satisfacción fue abruptamente borrada, cuando una Grand Cherokee plateada, que pasó a alta velocidad aprovechando los pocos kilómetros de doble calzada, literalmente se detuvo en un instante sin una explicación, pareció despedazarse a unos cientos de metros adelante, había un hueco tan grande y profundo que la suspensión de la Grand Cherokee diseñada para caminos sin pavimento no resistió, quedando una parte de la camioneta a un lado, parecía un gran carro de Lego dónde las piezas se habían separado por un fuerte impacto.

Hacía menos de 15 minutos se había pagado $14,300 de peaje, no entendía cómo algo tan grande no estaba marcado con una señal de peligro, el compañero fiel Waze, no tenía conexión a internet, no se pudo enviar la alerta de peligro, estoy seguro que sería gratamente apreciada por todos los conductores que recorren esa vía todos los días, para mi sorpresa no tan agradable, encontré otros tres carros más adelante con destrozos similares, en otras tres ocasiones Waze sí indicó que había peligro.

En los últimos kilómetros del Magdalena Medio, no dejaba de pensar cómo muchas cosas seguían igual y que los recursos disponibles por el internet no se aprovechan de una manera productiva, no es problema de grandes inversiones, la mayoría de las personas asisten a la escuela, muchas dejan de hacerlo porque no ven utilidad en ese tiempo de colegio, o por necesidad de trabajar, pero sí de manera sistemática les enseñarán a usar los recursos que tienen en sus propias manos como los celulares, para seguir aprendiendo, sería posible crear una cultura de aprendizaje sin importar dónde se está, lo más triste es que algo similar pasa en la grandes ciudades como Bogotá, dónde aparentemente se tiene todo y la mayoría de las personas en edad escolar tienen cupo en colegios, pero no se enseña cómo aprovechar la tecnología posible para estar en permanente aprendizaje, para que tengan mejores vidas.

Esto implica que en los colegios desde muy pequeños se les enseñe a cómo utilizar de manera productiva la tecnología que tienen disponible, aprender todo el potencial disponible, no restringirla, hay toda clase de recursos de aprendizaje, muchos de ellos gratis y disponibles para descargar en el celular se podría hacer en los colegios o lugares públicos, de tal manera que no requieran datos para utilizarlos, verlos o escucharlos como los podcasts. 

Lo realmente definitivo es la necesidad de que los docentes y padres comprendan la importancia de aprender y enseñar cómo aprovechar la tecnología y en las clases enseñar, acompañar y guiar a los hijos y estudiantes a descubrir la forma correcta y productiva de usarla, no estigmatizar. Son recursos que antes no había y sí pueden cambiar la vida de las personas.  

¿Qué tan productivo es el uso que haces de la tecnología? 

¿Has hecho algún estudio basado en el internet?

Mauricio Salgado


Si quieres saber más de cómo hacerlo envía un correo a msalgado@xmaseducacion.com

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