¿Machista Antonio? Una prueba en contrario

El periodista colombiano Antonio Caballero en una imagen en 2009, en París.ULF ANDERSEN / GETTY IMAGES

Cecilia Orozco Tascón

Columnista

Triste por la desaparición física de Antonio Caballero con quien tuve la fortuna de compartir frecuentes y deliciosas charlas de mediodía gracias a la hospitalidad de una amiga común, Gloria de la Pava, ocupo este espacio con una de sus más bellas columnas publicada en El País, de España, hace 17 años en la cual muestra una faceta de su carácter que pocos le reconocían: la de admirador de la inteligencia sin que hiciera distinción de género entre quienes contaban con ella: muchos —y muchas— le tachaban un supuesto desprecio por las mujeres. Antonio tenía momentos machistas, desde luego, como casi todos en esta sociedad patriarcal, pero estaba muy lejos de ser misógino. Eso sí, detestaba la “bobería” y la ignorancia en cualquiera, hombre o mujer, especialmente si el tonto —o tonta— ignorante hacía gala de poder para aplastar a los demás. En memoria del crítico que tanta falta le hará a la conciencia del país.

Una mujer de novela

Por Antonio Caballero*

Hace unos años Laura Restrepo estaba terminando un guion de televisión sobre las sangrientas venganzas familiares de dos famosas familias de narcotraficantes colombianas. Le hicieron llegar una advertencia: si el programa salía al aire, volarían la programadora. Esta abandonó el proyecto. La escritora, que no quería perder todo su trabajo de investigación de muchos meses, le preguntó al abogado de los narcos si podía usar el material recopilado para escribir una novela. El abogado consultó con sus clientes, y volvió con la respuesta: “Que escriba lo que le dé la gana. La televisión la ve la gente, pero los libros no importan”. Tan dura crítica literaria hubiera desanimado a cualquiera. Pero Laura Restrepo es terca. Escribió la historia de venganzas, que se llamó Leopardo al sol y fue su segunda novela. Y luego escribió otra, y otra, y otra más. La quinta, titulada Delirio, acaba de recibir el VII Premio Alfaguara de un jurado presidido por José Saramago. El premio nobel portugués, más benévolo en sus juicios literarios que los severos narcos colombianos, dice de la novela premiada: “Se trata realmente de una gran novela, novela como no se encuentran muchas. Es para quitarse el sombrero”.

La primera en quitárselo fue la propia novelista, para encasquetarse de inmediato el otro sombrero de su doble vida: el de militante política de izquierda. Trabaja ahora como directora del Instituto de Cultura de la Alcaldía de Bogotá, cargo que ocupa, por primera vez en medio milenio de historia, un hombre de izquierda. Manejar las iniciativas culturales de un ayuntamiento de izquierdas en la gigantesca capital calcutesca de un país gobernado por la extrema derecha y sumido en una confusa y sangrienta guerra política y social no es cosa fácil. Dice Laura Restrepo: “Es como volver a la militancia. Ir a los barrios, trabajar con la gente”. ¿Volver? Pero, por favor: si Laura Restrepo no ha abandonado la militancia política jamás, desde que en la Universidad de los Andes de Bogotá, a los 18 años, se afilió a un grupúsculo trotskista radical que preconizaba la revolución permanente. Ella la ha hecho, o por lo menos ha intentado hacerla. Primero en Bogotá, con artículos encendidos en distintos panfletillos más o menos clandestinos. Luego en Bruselas, llamada por el Secretariado de la Cuarta Internacional. Luego en Madrid, agitando en Getafe a los obreros tras la muerte de Franco. Más tarde en Córdoba, Argentina, bajo las dictaduras militares, en compañía de un trotskista argentino, el padre de su hijo, mientras caían presos o muertos sus compañeros de partido. Al volver a Colombia, con su niño, y tras hacer donación al Partido Socialista de los Trabajadores argentino de la parte que le correspondía de su considerable herencia familiar, se dedicó al periodismo.

Por poco tiempo. En esos años el presidente colombiano Belisario Betancur intentaba un proceso de paz con la guerrilla, y nombró a Laura Restrepo “comisionada de Paz”. En medio de los combates, los pactos, las treguas, las traiciones, Laura Restrepo conoció a un comandante guerrillero con quien compartió un atentado casi mortal de los militares y un exilio en Cuba y México. Aburrida del exilio, escribió una memoria sobre las esperanzas fallidas de la paz, titulada Historia de un entusiasmo. Y a continuación su primera novela: La isla de la pasión. Vinieron otras y otras, como se dijo más atrás, escritas en las pausas de regreso a su familia de la alta burguesía colombiana con que Laura Restrepo suele puntuar sus inmersiones en la izquierda revolucionaria; de las cuales —de las unas y de las otras— han surgido sus novelas: La isla de la pasiónLeopardo al solLa novia oscuraLa multitud erranteDulce compañía. Y este Delirio del Premio Alfaguara de Novela: la historia de una mujer que pierde la razón, y de la cual ella misma explica por qué: “Es que uno no puede llegar a viejo y darse cuenta de que toda la vida se le ha ido en la guerra”.

* 16 de abril, 2004 (ver).

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