Los sobornos de Moncaleano

Por Alberto Donadio, Bogotá

Felipe Moncaleano Botero está en Miami hace meses. Tiene dónde quedarse, pues en 2015 compró por $12.000 millones un apartamento en 900 Biscayne Boulevard. Pero no puede viajar a Bogotá, donde vive, aunque no por la emergencia del coronavirus. El gobierno de los Estados Unidos le quitó el pasaporte y lo obligó a usar brazalete electrónico.

Moncaleano, el rey de los reaseguros en Colombia, está acusado de pagar sobornos por varios millones de dólares al expresidente de una aseguradora estatal ecuatoriana, para obtener contratos con entes públicos de ese país que beneficiaban a JLT, la firma de corretaje de reaseguros de Moncaleano en Bogotá.

Las acusaciones generan sospechas en Colombia, donde Moncaleano llegó a ser el magnate de los contratos de reaseguros que importantes empresas y entidades del sector oficial tomaban por medio de compañías aseguradoras colombianas. Es el caso de EPM y otros colosos del sector eléctrico. Igual ocurrió con la Policía Nacional, Satena, la FAC, el Ministerio de Hacienda, etc.

¿Moncaleano recurrió al serrucho una sola vez en la vida, en el Ecuador, o también untó la mano en Colombia? El procurador, Fernando Carrillo, puede abrir una indagación preliminar. La fortuna de Moncaleano es muy abultada, dicen los que lo conocen. Se la atribuyen a su simpatía y relaciones públicas para conseguir contratos y al buen servicio que prestó durante 40 años. Ahora es urgente examinar sus negocios con el Gobierno para determinar si hubo sobreprecio en los reaseguros colocados por su intermedio.

Que el procurador pida el master slip, donde aparecen discriminados los costos netos de cada reaseguro. Así podrá verificar si el costo neto de intermediación del señor Moncaleano se ajustó a las prácticas usuales del negocio o si resultó inflado por las conductas torcidas que él empleó en Ecuador. Que el procurador examine las sociedades de Moncaleano en Bermuda y otros paraísos fiscales. Que el procurador averigüe si hubo calanchines que llevaban negocios a JLT, como pasó con el chanchullo del Ecuador. Que el procurador envíe investigadores a la oficina de Moncaleano en Medellín, que se manejaba aparte de la principal en Bogotá y donde concentraba buena parte del manejo del sector eléctrico.

El procurador puede iniciar las pesquisas en Marsh & McLennan, el gigante internacional que absorbió en 2019 a JLT, la firma que Moncaleano representaba en Colombia. Marsh tiene en su poder los expedientes de todos los negocios que Moncaleano realizó durante largos años. En Colombia y en el mundo Marsh tiene reputación impecable y su proceder no es el de Moncaleano. Marsh y la Procuraduría deben aclarar si Moncaleano repartió coimas a funcionarios colombianos como parte de su estrategia comercial.

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