Los osos también cumplen años

Oscar Domínguez, el "oso" de "Villa Chiva". Foto Archivo ODG

Por Oscar Domínguez Giraldo

Hace cuarenta y un años, por estas calendas de abril, el M-19 pateó sin piedad la urbanidad del venezolano Carreño, y entró sin invitación y en sudadera a la embajada de la República Dominicana.   

Nada de buenas maneras ni de Chanel: solo llevaban encima pachulí y plomo ventiado. Al terminar el secuestro de diplomáticos  (abril 27) incurrí en un oso periodístico que todavía me quita el insomnio.  

Habíamos montado guardia hasta tarde en Villa Chiva, la ciudadela levantada cerca de la sede diplomática. El desenlace se veía venir. 

Pero el comandante Uno, Rosemberg Pabón y sus poco alegres muchachos, no evacuaron cuando amenazaron que lo iban a hacer. Muchos nos asilamos en un bar de mala muerte.  

Que no se enteren mis nietos porque me retiran el saludo y la mirada,  pero esa noche a varios  se nos fue la mano en lo que se acabó – y después sobró- en las bodas de Caná: el vinillo. Este servidor de tintos se quedó “placidadominguezmente” dormido. Lo confieso a manera de penitencia. 

En la mañana, una voz varonil dijo de pronto por teléfono en el purgatorio del guayabo: “Los muchachos se fueron para Cuba. Te dejaron saludos”. Me lo decía Juan Darío Lara, mi compadre y jefe en Radio Súper. 

No dejé el periodismo ni me echaron los Pava Navarro porque Dios es grande. 

Pero siempre he tenido la suerte del novato en el juego de cartas, o del fotógrafo chambón que toma el mejor mono.  

De lo siguiente sí se pueden enterar los nietos. En este acabadero de ropa llamado mundo, unas son de cal y otras de arena.  Tres años después, en abril de 1983, por coqueto azar, me correspondió hacerle la última entrevista al fundador del M-19, Jaime  Bateman.  

Lo he contado con otra ropa  pero lo repito en el tercer pico de la pandemia: el mismo guerrillero samario,  con su nariz a lo Cyrano de Bergerac y su bigote de cantante de boleros, me abrió la puerta del apartamento en El Rodadero de Santa Marta donde se realizó la entrevista. 

Eso fue el 26 de abril. El anfitrión gastó sancocho de sábalo y cerveza quien sabe con cargo a qué secuestro. O atraco. 

Dos días después Bateman volaría en una avioneta a Panamá a iniciar diálogos de paz con el gobierno de Belisario Betancur, previa mediación del Nobel García Márquez, su paisano caribe. La avioneta en que viajaban se accidentó y murieron todos los ocupantes. 

El proceso con el  M19 terminó felizmente bajo el gobierno de Virgilio Barco. Loado sea Alá. Y colorín colorado. 

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