Los Danieles: Una vergüenza de Vargas Llosa

Antonio Caballero

Por Antonio Caballero

Mario Vargas Llosa escribe cada semana en El País de Madrid, y en varios periódicos de América Latina, un artículo bajo el pretencioso título general de “Piedra de toque”: así se llama esa piedra mágica que sirve para saber si una cosa es cierta o falsa. Hace ocho días escribió uno sobre Colombia, en el que daba todo lo falso por lo cierto.

Me pareció, para no decir que deliberadamente mentiroso, asombrosamente desinformado, o malinformado, o contrainformado, o informado tal vez por su amigo colombiano recientemente condecorado con la Cruz de Boyacá por el presidente Iván Duque, el escritor y periodista y diplomático Plinio Apuleyo Mendoza. En ese artículo, que revela un abismal desconocimiento de la historia reciente de Colombia, dice Vargas Llosa desde su campanuda condición de premio Nobel de Literatura, y con su voz innatamente campanuda, que el gobierno de Iván Duque es el mejor que ha tenido Colombia y el mejor de América Latina, como lo fueron también los de su jefe Álvaro Uribe, “otra víctima de la extrema izquierda, a él, que respeta siempre la libertad y la legalidad, en las que cree”…  ¿Que Uribe cree en la legalidad? ¿En la libertad? ¿Quién le dirá esas cosas contraevidentes a Mario Vargas Llosa? Me reitero: sin duda su amigo Plinio Apuleyo Mendoza.

Insiste el famoso escritor: “Si todas las naciones latinoamericanas tuvieran una clase política semejante a la de Colombia, otro sería el destino de ese continente”. Se nota en su absurdo elogio que no conoce a nuestra corrupta clase política; porque no creo que, por grandes que sean su desinformación o su ceguera, un escritor serio (pero ¿es Vargas Llosa un escritor serio, al margen de que sea famoso?), pueda apartarse tanto de lo que salta a la vista. Se nota que vive lejos, y ni siquiera lee periódicos.

Pero insiste, hablando de Colombia: “Una clase empresarial que ha hecho progresar al país para envidia de América Latina”. Se nota que Vargas Llosa no ha pasado ni una semana siquiera en este país. Ni tampoco en este continente, si se exceptúan sus años de juventud, que dieron origen a sus grandes novelas, y los meses en que estuvo bregando para que lo eligieran presidente del Perú en lugar del “chinito” Alberto Fujimori (hoy preso), pero que ganó por ser aún más derechista que él.

Pues es por esa pasión de la derecha política que hoy lo ciega que se empecina Vargas Llosa en su negación de la realidad, o en su ignorancia beatífica de la historia. “¿En qué momento se jodió el Perú?”, es la famosa frase con que se abre su espléndida novela Conversación en La Catedral. Pero parece trasladarla tal cual a cuándo se jodió Colombia en lo que escribe en este artículo que comento, tomando por acertada la tesis de su amigo Plinio Apuleyo Mendoza de que ese momento fue el del Bogotazo del 9 de abril de 1948, con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. (Plinio lleva media vida ufanándose de que él estaba ahí).  Fue entonces, según afirma ahora Vargas Llosa, cuando empezó aquí la violencia política, cuando el asesinato se produjo justamente porque Gaitán denunciaba la sangrienta violencia gubernamental que ya llevaba varios años: “¡Paz y piedad para la patria!” fue lo que le pidió al presidente de entonces (Mariano Ospina Pérez), en su última intervención oratoria de plaza pública, en la histórica “marcha del silencio” del mes de marzo inmediatamente anterior. Y le atribuye a ese asesinato (magnicidio, se llaman esas cosas ahora) el surgimiento de las guerrillas más de una década después. Elogia Vargas Llosa la “libertad de prensa” de esos tiempos en Colombia. ¿Libertad de prensa con los incendios por la policía de los periódicos El Tiempo y El Espectador bajo los gobiernos de Gómez y de Urdaneta? ¿Cierre de ambos luego bajo el régimen militar de Rojas Pinilla? ¿”Elecciones limpias”, las llama admirativo Vargas Llosa, como las que se hacían con un solo candidato, el conservador Laureano Gómez, y los demás amedrentados a tiros? ¿O como las que un gobierno liberal le robaba sin rubor al populista ganador: el mismo Rojas, ya absuelto de sus pecados y condenado solamente por una importación ilegal de terneros por un Congreso bipartidista ya entonces corrompido?

O, más exactamente, al escritor peruano lo ciega su odio por cualquier cosa que hoy considere de izquierda, arrepentido como está de sus devaneos juveniles con la revolución cubana (devaneos y arrepentimiento similares a los de su amigo Plinio Apuleyo, otro converso).  Pero es que ahora Mario es marqués, el primer marqués peruano —o, en general, latinoamericano—  de la aristocracia de España desde que la independencia de las colonias del imperio español en América suprimió hace doscientos años los títulos de nobleza.

Me parece que este artículo de Vargas Llosa es una vergüenza.

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