Los Danieles: Que no panda el cúnico

Enrique Santos Calderón

Colombia parece al borde de un ataque de nervios por las encuestas que favorecen a Gustavo Petro Urrego. Inquietantes sin duda, pero no dan para el histerismo catastrofista que se respira entre cierta clase dirigente que se destaca más por su olfato financiero que por su cultura política.

Este es un país problemático, como todos lo sabemos. El imperio de la violencia, el reino del narcotráfico, el paraíso de la corrupción… Pero todos esos males que tanto nos han envilecido como sociedad también nos han templado como país, que no sucumbió ante ellos. No somos una nación sin tradición republicana e instituciones democráticas que se volvería “inviable” si un candidato de izquierda llegara al poder.

A mis conocidos del Jockey Club, del Country o del Gun les pediría un poco más de seriedad, de reflexión y de cabeza fría. Mas seguridad en sí mismos y de confianza en el país, por favor, señores, que esta no es una republiqueta bananera que necesite un dictador militar para evitar el cambio social. A propósito: ¿a qué estará jugando Semana con su tendencioso artículo de portada sobre “Malestar en los cuarteles” basado en citas anónimas? Sus nuevos dueños no pueden ignorar que es justamente jugar al caos económico o el pánico político lo que favorece y precipita los desplomes institucionales. 

“Nos merecemos a Petro” me dijo una vieja amiga muy linda, muy burguesa y muy asqueada con el clima de intolerancia y odio que se ha montado. Si se asume y pregona que Petro Urrego será el sepulturero del sistema que nos ha regido por tantas décadas es porque este sistema no tenía un anclaje real en la sociedad. Una derecha que suele ser tan insolente como intolerante y miope no alcanza a entender que al convertir a Petro en blanco de semejante descrédito, lo vuelve objeto de simpatía de la gente que desconfía de la clase dirigente, que está descontenta y se siente excluida de este sistema. El matoneo a su hija en el colegio y los insultos a su esposa en el Festival Vallenato hacen parte de ese clima de estigmatización que permea una campaña presidencial donde han primado emociones sobre ideas y propuestas.

Florence Thomas recordó en reciente columna el ambiente de pánico que alimentaron los poderes económicos en Francia ante el inminente el triunfo de François Mitterrand (primer presidente socialista en 35 años). Hubo fuga masiva de capitales y venta de propiedades de los más pudientes, mientras Le Figaro anunciaba el derrumbe de Francia. Subió Mitterrand y no hubo tal. Pretendió nacionalizar la banca pero fue tal la reacción general que echó para atrás (los franceses, como se sabe, “tienen el corazón a la izquierda pero la chequera a la derecha”), subió impuestos a los más ricos, realizó grandes obras culturales y —por algo será— gobernó a Francia durante catorce años seguidos. Yo estaba en París durante la primera elección de Mitterrand en 1981 y la noche de la gigantesca manifestación que saludó su victoria terminé tomando champaña a pico de botella con García Márquez y Plinio Mendoza en la atestada Plaza de la Bastilla.

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Las campañas del miedo son tan viejas como conocidas. Aquí y en todas partes. A fines de los años veinte el Partido Conservador advertía que un triunfo de los liberales sería el del comunismo ateo. Ganó Olaya Herrera en 1930 y los quince años subsiguientes, los de la llamada República Liberal, fueron los de mayor progreso y reforma social del siglo XX. Hay que conocer algo de historia nacional; de quiénes somos y hemos sido.

Petro viene del M-19, cierto. El M-19 venía de la Anapo y del rojismo opositor del Frente Nacional; el MRL de López Michelsen venía del liberalismo radical de Gaitán y de la “Revolución en marcha” de su padre López Pumarejo; la Farc, de la guerrilla liberal y Guadalupe Salcedo; el Eln, de la revolución cubana y Fidel Castro…  Un tipo como Petro es parte de todo eso y de lo que hemos sido. También Federico Gutiérrez, aunque no sé bien de dónde viene.

La democracia colombiana, imperfecta y desigual, trajinada y aguantadora, no se puede arrugar ante la perspectiva de un gobierno de izquierda. Entonces porque el candidato del Pacto Histórico encabeza encuestas ¿se acabó esta vaina? ¿A sacar la platica y el que puede “pa Miami”?  Es el típico derrotismo autodestructivo que cava su propia fosa.

O quizás estoy muy equivocado y, mamerto castrochavista que soy, me niego a aceptar que la patria y las instituciones están al borde del abismo. Simplemente no lo creo. Con Petro habría populismo costoso, sacadas de clavo con la oligarquía y cambios reales o simbólicos, pero nada de esto sería la hecatombe anunciada. Sí lo sería que las amenazas de muerte se volvieran realidad.

Sigo pensando que si Petro no gana en la primera vuelta del 29 de mayo, la segunda sería a otro precio, posiblemente muy alto para él. El voto mío en la primera será por Sergio Fajardo. Y en cualquier caso “que no panda el cúnico”, como habría dicho el gran Chapulín Colorado.

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1 comentario

  1. Me parece que debo felicitarlos por conta en la revista a Enrique Santos. Por favor solicito más información con respecto a la revista.

    J. Gilberto Castillo C.

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