Los Danieles. Petro, Maduro y Elenos

Enrique Santos Calderón

Enrique Santos Calderón

En más de una ocasión Gustavo Petro ha dicho que él no sería presidente si la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) no le hubiera restituido los derechos políticos que le arrebató el procurador Alejandro Ordóñez, cuando lo inhabilitó y destituyó como alcalde de Bogotá en 2013. Tal vez por esto fue que el mandatario colombiano le recomendó a Nicolás Maduro reintegrarse al sistema continental de derechos humanos, donde podría recuperar algo de su perdida respetabilidad internacional. 
 
Condición obvia —pero poco probable— sería que este ofreciera elementales garantías a la oposición política que la dictadura venezolana mantiene hace años bajo asfixiante acoso judicial y policivo. Maduro ha pasado de agache ante la sugerencia de Petro y vale recordar que fue Hugo Chávez el que hace diez años retiró a su país del sistema de derechos humanos, tras rechazar un informe de la Corte IDH sobre el deterioro de la democracia venezolana. 
 
Habrá que ver entonces qué rumbo toma el diálogo que este fin de semana reanudan gobierno y oposición en México, del cual Petro fue gestor clave. Soy poco optimista sobre su desenlace, pues a Maduro, que se ha crecido frente a una oposición aún fragmentada y débil, le interesa más mejorar relaciones con los gringos y el levantamiento de sanciones económicas que darles garantías a sus adversarios. Pero difícilmente podrá legitimarse mientras mantenga a la prensa amordazada y a centenares de disidentes encarcelados. 
 
En Venezuela se ha castrado a la oposición y al periodismo independiente, al punto de que los ciudadanos tienen que acudir a noticieros internacionales para saber lo que pasa en su país. Líderes opositores dicen que con sus gestos y acercamientos el presidente de Colombia le lava la cara a la dictadura madurista, pero aquí priman razones de Estado y la normalización de relaciones con Venezuela es absolutamente necesaria para Colombia. Otra cosa es cómo debería responder Maduro al llamado de Petro. Es posible que lo deje colgado de la brocha porque no lo veo liberando a presos políticos ni restableciendo plenas libertades públicas. Espero equivocarme.

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Esto nos lleva a la reanudación de diálogos con el Eln, tema en el que Maduro también juega, pues no solo es Caracas la sede de este nuevo encuentro, sino que es bien sabida su influencia sobre esta guerrilla, que en Venezuela se mueve a sus anchas. Fuentes informadas me cuentan que Maduro les hizo saber a los elenos que esta vez debían sentarse a negociar en serio, o mejor se iban. Ellos son expertos en sentarse a hablar —lo han hecho con seis gobiernos colombianos, pero lo de negociar en serio poco se ha visto.

Y aunque aquí también resulta difícil no ser escéptico, a la inauguración de esta nueva mesa la rodea una atmósfera distinta; algo que intuyo como un cambio de actitud del Eln. Es obvio que estar negociando con un gobierno de izquierda los coloca en una situación diferente y es posible que ya entiendan que la Colombia que eligió a Petro es otra y llegó el momento de jugársela de verdad por una solución de paz. Y quizás, finalmente, hayan caído en cuenta de todo el daño y dolor que han causado en sus 57 años de secuestros, asesinatos y atentados dinamiteros. 

Puedo estar pensando con el deseo pero me ilusionaron las palabras de su jefe negociador Pablo Beltrán cuando dijo que entendían el momento y que esta mesa no podía fallarle a la expectativa creada. Positiva ha sido también la sorpresiva inclusión del vocero de los ganaderos, José Félix Lafaurie, en el equipo negociador del gobierno. Esto causó malestar en sectores del Centro Democrático (comenzando por su esposa), algunos de los cuales ya hablan de Lafaurie como “idiota útil del petrismo”. ¿Habrase visto? Pero lo importante es que contó con la bendición de Álvaro Uribe. Con tal de que no sea para patear la mesa a la primera oportunidad… 

Al margen de los retos e incógnitas de esa otra pata del proceso que es el pretendido sometimiento de las bandas criminales, para la “paz total” de Petro es vital que la negociación que ya arrancó con el Eln produzca resultados tangibles en un plazo razonable. Un proceso eterno sería nocivo y contraproducente para la credibilidad de la estrategia presidencial. Y de la propia guerrilla, como le sucedió a la Farc en su torpe empeño por alargar lo más posible las negociaciones de La Habana. Fueron varios años de costoso desgaste que condujeron a la victoria del No en el plebiscito de octubre de 2016.

Es de esperar que el gobierno haya acordado de antemano algunas reglas del juego para agilizar el proceso. Porque si la contraparte se empeña en una agenda maximalista, en eternizar la mesa para su protagonismo o en creer que es ahí —y no con la sociedad y el Congreso—donde se logran los cambios, estaremos abocados a seguir en lo mismo. En la “violencia perpetua” que mencionó Petro en estos días y de la cual la matazón continuada de líderes sociales, el incendio de 7 tractomulas en Norte de Santander y los 23 muertos en combates entre disidencias de las Farc en Putumayo son apenas las muestras más recientes. ¿Hasta cuándo? 

PS: No me cabe duda de que la revelación política del año es Roy Barreras. No hay quien le compita en capacidad de trabajo, habilidad negociadora y lucidez mental. 

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