Los Danieles: Medidas de Duque contra Rusia

Daniel Samper Ospina

Daniel Samper Ospina

Son las 3: 42 de la madrugada. Hace frío en Bogotá. Truena. En el despacho presidencial Casa de Nariño las lámparas están encendidas porque la cúpula del gobierno ha sido convocada de emergencia por el presidente en persona, que luce para la ocasión el gorro ruso que le regalaron cuando visitó una compañía de alta montaña. Es el que ha elegido para la ocasión. Por el frío. Y por el tema.

Putin ha invadido a Ucrania. Las acciones bélicas pueden derivar en la Tercera Guerra Mundial y Polombia no debe ser ajena a la situación.  El Presidente Perfeccionista sabe que una intervención suya puede ser definitiva para recuperar el orden mundial.

—Acomódense en torno al mapamundi, por favor —les pide a los presentes mientras toma asiento.

Bajo los pantalones del elegante traje presidencial, se asoman los bordes de la primera piyama de la nación, escocesa y de dulceabrigo.

—¿Tienes la piyama puesta por debajo? ¿Viajaremos de madrugada a Cali otra vez, como durante el paro? —pregunta, maternal, la vicepresidenta.

El presidente carraspea. No: no viajarán a Cali. La reunión girará en torno a la geopolítica.

—¿Y por qué nos convocaste a esta hora, entonces? La guerra estalló por la tarde —protesta la vicepresidenta.
—Es que tengo el horario invertido por el viaje a Europa.

Rodean el mapamundi María Paula Correa, su mano derecha; el ministro de Defensa, Diego Molano; la canciller Ramírez. Y el presidente en persona.

—Lo primero que debemos hacer —piensa en voz alta— es nombrar cuanto antes un Alto Consejero Para La Guerra Con Ucrania. 
—Puede ser alguien de la Sergio —sugiere María Paula Correa.
—Creo que nadie sabe tanto de la Unión Soviética como María Fernanda Cabal —anota el ministro Molano.
—Excelente —dice Duque—: llámala, MaríaPe, por favor. 

El presidente pide que, de todos modos, alguien lo ponga al tanto del contexto.

—Es sencillo, presidente: Putin ha invadido Ucrania.
—No me suena Ucrania: ¿quién juega ahí?
—No es un equipo: es un país… —explica María Paula Correa.
—¿Pero salía en las monas del Mundial, para ubicarme? —insiste el mandatario.
—Si salía —asegura María Paula—, sería de esos equipos que tienen dos jugadores por mona.

El ministro Molano continúa con la explicación: Putin es el principal aliado de Nicolás Maduro y es posible que su mano criminal se halle detrás de algunos de los más oscuros saboteos al gobierno de la equidad: los memes en su contra, la posición de Petro en las encuestas, los lapsus que ha tenido el propio presidente Duque en algunos de sus discursos pueden ser saboteos hechos con ayuda de los rusos. 

Los diligentes funcionarios se desgranan entonces en una lluvia de ideas. 

—¿Y si pedimos un minuto de silencio? —sugiere María Paula.
—Llamemos a la excanciller Blum para que lo organice: es la persona que más sabe de silencios —afirma el presidente.
—¿Y si organizamos un concierto en la frontera entre Ucrania y Rusia con la presencia de Lucas Arnau? —propone María Paula, que bien conoce los gustos del presidente.
—Me suena esa idea —se emociona él.
—Podemos subir el volumen cuando cante Te doy mi vida; será el inicio de un cerco diplomático que a la postre tumbará a Putin —piensa en voz alta la vicepresidenta.

Al oír la palabra postre, el presidente pide a su edecán que le baje de Casa Privada algo de dulce.

—Presidente —dice tímidamente el ministro Molano—, creo que debemos contemplar salidas militares: sorprenderlos por Siberia.
—¿Por la ochenta? —pregunta Duque.
—Si me permite, contacto al general Zapateiro y a los muchachos de Alotrópico, un grupo de publicistas que seguramente nos pueden ayudar bastante.

En ese momento ingresa María Fernanda Cabal. Los presentes se ponen de pie, para saludarla. Al levantarse de su silla, la vicepresidenta se va de bruces. 

—¿Estás bien, vice? —pregunta el presidente.

La Alta Consejera para Ucrania y la Unión Soviética toma la palabra:

—El señor Putin solo entiende a las malas: mandemos una fuerza letal que entre a matar; al menos un contingente de jóvenes Cabal —propone.
—Pero acompañados por los muchachos de Alotrópico: hoy en día la comunicación lo es todo —insiste el ministro Molano.
—Me gusta esa idea. Pero quizás podemos ir más allá… —dice el presidente.
—¿Y si sacamos un paquete de sanciones? —pregunta el ministro Molano.
—No es mala iniciativa: llamemos a la procuradora y le volvemos a decir a quién sancionar —se entusiasma el presidente.

Antes de que el sol ascienda por los cerros bogotanos, el primer anillo del gobierno de la equidad ya tiene claras las medidas. Su mano derecha las ha anotado y las lee en voz alta. 

—El presidente Duque se ofrece a viajar a la sede de la OTAN, en Bruselas, en compañía de su hermano Andrés.
—Se ordenará el traslado de José Félix Lafaurie a los Urales con unas vacas, como armas de extensión masiva.
—El gobierno de la equidad aplicará sanciones a Putin como las de parar la exportación a Rusia de achira huilense y el masato para deglutirla, entre otros productos que el ministro de Comercio considere.
—Se desplazará a Crimea un batallón comandado por el general Leonardo Barreto para enfrentar a la mafia rusia. O aliarse a ella, según se vea.
—Se averiguará dónde queda Crimea, el Vichada ruso.
—Si el gobierno ruso deja caer su satélite en algún país de la OTAN, el gobierno polombiano estrellará la antena de Chocontá contra a la embajada rusa. 
—El gobierno polombiano se ofrecerá a reconstruir la capital de Ucrania en cien días o menos, y el presidente Duque a verificar las obras siempre y cuando se le permita montar en cuatrimoto (manejando él).

Antes de dar por terminada la reunión, y perfeccionista como es, le pide a su mano derecha que pase las medidas a limpio, con buena letra, porque después se le olvidan. Sudado por culpa del gorro invernal, el presidente se despide uno a uno de los presentes.

Son las 7: 12 de la mañana cuando sube a su habitación en la Casa Privada. Se quita el traje, queda en piyama. Y se mete a su camita.



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