Los Danieles. Infierno a la vista

Daniel Samper Pizano

Daniel Samper Pizano

Cuando un ratón se indigna suele rugir con más fuerza que un tigre. Fue esto lo que pasó en la reciente cumbre ecológica conocida como Cop27. Mia Mottley, primera ministra de una isla diminuta cuyo nombre —Barbados— sugiere una apoteosis machista, habló duro y claro a los cien líderes mundiales convocados por la ONU y Egipto para examinar el estado ambiental del planeta.

 “Nosotros, los de los países pobres —dijo Mottley (57 años, cuatro en el cargo, economista, laborista)—, financiamos la revolución industrial con nuestra sangre, nuestro sudor y nuestras lágrimas. Y ahora debemos pagar los costos de los gases tóxicos que esa revolución ha generado. Esto es fundamentalmente injusto”.

Según la primera ministra isleña, debe reinar una justicia climática. Sobre las naciones más vulnerables recaen las mayores tragedias ecológicas, mientras que los países ricos incumplen sus promesas de frenar la contaminación, disminuir los gases venenosos, parar la sobreexplotación de la pesca y detener la tala de selvas. Calcula que, si nada cambia, habrá mil millones de refugiados por razones ecológicas dentro de tres décadas.

Antonio Guterres, secretario general de la ONU, clamó ante la sordera de los dirigentes mundiales: “Estamos perdiendo la lucha por la vida. Nuestro planeta marcha veloz por la autopista hacia al caos ambiental irreversible. Corremos hacia el infierno con el pie sobre el acelerador”. Las cifras citadas en Egipto explican la parábola automovilística de Guterres. Muchas se referían a los 1.5 grados centígrados (gc) acordados por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático como límite tolerable del alza de la temperatura.

Repasemos algunos datos alarmantes:

*Esta recomendación ya es casi imposible de alcanzar. El ritmo actual augura que en poco tiempo se llegará a la “devastadora cifra de 2.5 gc”.

*Los últimos ocho años han sido los más calurosos que registre la historia universal. 

*Han sido, también, los del máximo deshielo en los polos.

*Desde 2016, cada año ha sido el más caliente en los registros internacionales.

*Los glaciares de los Alpes han perdido un promedio de cuatro metros en 2022. 

*La presencia de ciertos gases en la atmósfera —el dióxido de carbono, el óxido nítrico y el metano— rebosa los récords históricos.

*En algunos sitios, el desorden climático se manifiesta en diluvios; en otros, como el oriente africano, en severas sequías. Cerca de 19 millones de personas padecen crisis alimentaria por esta causa.

*Noticias de esta semana informan que la sequía ha causado la muerte de 12 jirafas y más de 200 elefantes, 520 ñus y 430 cebras en Kenia.

*China sufre la más prolongada ola de calor de que tenga memoria.

*Hace un mes, la temperatura en Gran Bretaña superó, por primera vez, los 40 gc. 

*El nivel del mar, que amenaza a islas y costas, crece al doble de la rapidez con que lo hacía treinta años atrás; los océanos están más calientes que nunca.

*Mientras tanto, varios de los principales ríos europeos, como el Rin, el Loira y el Danubio, estaban prácticamente secos.

*Más de 50 países del Tercer Mundo están al borde de la bancarrota.

Al menos una noticia encantará a mis amigas feministas: gracias a la corriente marítima de La Niña, que enfría las aguas ecuatoriales del Pacífico tropical, la temperatura del mar permanece más baja de lo que se temía. Pero ya llegará El Niño a sembrar el fuego. 

Las cumbres Cop garantizan que la dirigencia internacional se reúna y charle. Pero no certifican soluciones. De hecho, la mayoría de estos concilios han sido de poca utilidad. La Cop15 (Copenhague) fue un memorable fracaso y solo la de París, en 2015, permitió llegar a un tratado para frenar la carrera hacia el apocalipsis.

Veremos cuánto resuenan las voces de alarma del Cop27 y qué apoyo encuentra la justicia climática.

Colombia en Egipto

Colombia envió una treintena de delegados a la reunión. Aparte del presidente Petro y otros altos funcionarios, viajaron campesinos, afros, jóvenes, raizales, líderes sociales y palenqueros. Ellos deben convertirse en altavoces para despertar la conciencia ambiental en nuestro país, tan adicto a la tala, la ganadería extensiva, la minería ilegal y otras malas costumbres.

Ojalá sus alarmas suenen también en la prensa, que a veces toma con despreocupación e ignorancia el desastre ecológico. Lamentable ejemplo de ello fue el informe de Semana sobre la reunión. Ojo al título: Francia Márquez llega en sudadera a la Cop27 de Egipto y anuncia la temática de su discurso. El texto amparado por este titular no menciona ni una sola vez la tal sudadera: se trataba de un apunte frívolo que añadió algún editor travieso con ánimo levemente clasista y perversamente degradante que, por supuesto, recibió alborotada acogida en las redes. ¿Si Francia no hubiera sido negra y pobre, el atuendo se definiría como sport y, según lo pronuncian, cashual?

Importa un carajo si la vicepresidenta llega a Egipto vestida con sudadera, manta guajira, atuendo de coctel, faralaes o traje de luces. Lo importante es cuánto aprendió o aportó Colombia a la reunión y lo que en ella se debatió y se dijo. Solo falta que la revista nos cuente si, al augurar que vamos hacia el abismo, Guterres vestía corbata azul, foulard compañero y calzoncillos boxer a rayitas.


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