Los Danieles. Es normal en mi Colombia

Daniel Samper Ospina

Daniel Samper Ospina

Amigo visitante:

Bienvenido a Colombia, según la revista Forbes el tercer país más hermoso del mundo: un verdadero paraíso terrenal en el cual podrá vivir grandes aventuras, conocer lugares mágicos y cultivar recuerdos que evocará a lo largo de toda su vida. En caso de que salga vivo: por qué no pensar en grande. 

Para hacer más placentera su visita, hemos diseñado esta breve guía que le puede resultar útil para su feliz convivencia. Y su posible supervivencia. (Por qué no pensar en grande.)

Al llegar a Colombia, procure no tomar taxis en la calle; cerciórese de que el conductor de la plataforma a la que llame no haya sido acusado de violación y disfrute de las avenidas bogotanas bajo el sol de las mañanas, antes de que se inunden con los aguaceros de la tarde. No tema ante noticias de asaltos desde motocicletas: la Alcaldía distrital ha desarrollado un sofisticado sistema para evitar que los ciudadanos expongan su vida al perseguir a quienes los atracan paralizando las calles con trancones en que nada se mueve. Salvo los cacos. En caso de que le roben el teléfono, por disposición del Ministerio de Justicia el ladrón debe pagarle las facturas de celular durante seis meses (o incluso siete, si lo convence: por qué no pensar en grande).

Una vez haya disfrutado de la capital, viaje a nuestras hermosas playas caribeñas y reciba pruebas gratuitas de ostras por módicos cien mil pesos. Ordene una rica mojarra frita para el almuerzo y posteriormente retire las pensiones para poderla pagar. En caso de que provenga de un país donde sus pensiones no estén en riesgo. En ese caso, lo felicitamos. 

Si se hospeda en un hotel de alto nivel, tenga presente que en las noches pueden presentarse riñas protagonizadas por funcionarios alicorados que lanzan improperios contra la fuerza pública: no se preocupe, es normal: generalmente se trata del senador Álex Flórez. A juzgar por la mancha de sus pantalones color caqui, es posible que el honorable senador parezca incontinente no solo en sus declaraciones: no se asuste. Al revés: observe en detalle aquella mancha y diga a familiares y amigos que en su viaje a la costa alcanzó a recorrer la zona de La Mojana. 

Colombia es de los pocos lugares del mundo donde el delincuente puede rehabilitarse antes de que lo condenen: el Estado se compromete a financiar sus terapias asignándole puestos oficiales en entidades públicas tales como el Consejo Nacional Electoral o embajadas en países latinoamericanos. ¡Acá creemos en las segundas oportunidades!

En el tercer país más hermoso del mundo es corriente que se caigan y resuciten y se vuelvan a caer los nombramientos de las ministras de Tecnología; que el presidente cancele las citas cuarenta minutos antes de que llegue el momento de atenderlas. Y que se ponga de moda la invasión de lotes de propiedad privada. Si usted quiere hacerlo, adelante: tome alguno que le guste o intégrese a un asentamiento ya existente, como el  “Asentamiento Petro”, en el Huila, bautizado de esa forma porque las hectáreas son un peladero, a la manera de la primera coronilla de la Nación. Si 48 horas después de invadir la tierra se hace presente el escuadrón antidisturbios de la policía, no se preocupe: dicho cuerpo policial cambió para bien y ahora sus agentes antimotines invitan a entrar en razón a través de la palabra (aunque en casos extremos reprimen desde unicornios que lanzan rayos de arco iris).

Parte del atractivo de este hermoso país es la suavidad de sus gentes expresada en  la misma forma de hablar, siempre delicada. Por tal motivo, para no herir susceptibilidades, cuídese de decir “grupo paramilitar”; diga mejor: “grupo de reacción solidaria”. No diga “este facho tiene huevo, cómo propone algo así” sino “interesante idea del doctor José Félix Lafaurie”. Y no se sorprenda de que la esposa del presidente del gremio ganadero sea jefe de la oposición, y lamente la muerte de Mijaíl Gorbachov porque significa la disolución inminente de la Unión Soviética.

En su visita a nuestro lindo país humano puede suceder que el ministro del Interior amenace con convocar una movilización popular para que la gente reclame que le suban impuestos. Se trataría de una manifestación masiva (del 19%)  en que las clases medias urbanas saldrían a marchar berracas hasta que se incremente el valor del salchichón y organizarían plantones para presionar alzas en el precio de la carne. Intégrese a las marchas y aprenda las arengas con que se tomarán las calles: “¡Viva, viva, viva, súbanos el Iva!”, “¡Glotón, glotón, glotón: que graven el salchichón!”.  Es factible que en la protesta una bella directora de orquesta dirija los cánticos y por esa gracia termine convertida en congresista (y cante en los foros de tecnología a los que asista). También es factible que un senador de la República financie gafas y cascos a los muchachos hasta que consigan que el IVA suba al 25%. ¡Por qué no pensar en grande! 

Lo cual ayudaría a que el país decrezca en términos económicos y cumpla con la fórmula de igualdad sugerida por la ministra de Minas, a quien podrá reconocer porque viste zapatos tenis para salir corriendo de las ruedas de prensa. Porque también es común y corriente que la ministra de Minas pida a los países desarrollados que decrezcan, regañe como si fueran sus alumnos a los presidentes de empresas mineras que cuchichean ante sus declaraciones e inspire al primer mandatario para que fustigue desde su cuenta de Twitter a los ignorantes que no han asistido a la Universidad de Lovaina y no saben en qué consiste la teoría del decrecimiento. (Recuerde que, gracias a la ministra, el famoso G8 de países industrializados citó una reunión de emergencia para estudiar la sugerencia.)

Pruebe el Chocorramo antes de que lo graven.  Anímese a sacar la doble ciudadanía. Procure obtener el pasaporte sin acudir a trampas o tramitadores. Con su ayuda podremos lograr que en el próximo listado de Forbes, Colombia quede en el primer lugar: basta con que decrezcan los dos países que nos preceden. Por qué no pensar en grande.

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