Los Danieles. El diablo en Davos

Daniel Samper Pizano

Daniel Samper Pizano

Un escrito de 1967 describe a la pequeña aldea suiza de Davos como un lugar plácido y pintoresco propicio para curar la tuberculosis, enfermedad de la cual murieron no pocos músicos y poetas. Un siglo antes, un médico alemán había montado el primer sanatorio, que luego hizo famosa a la villa. 

Solo habían pasado cuatro años de aquella publicación cuando llegó a Davos una mal peor que la TBC: el capitalismo salvaje. Desde 1971 se reúne en la sede de un antiguo hospital, convocada por una fundación, la elite de la plutocracia universal. Poderosos empresarios, altos gobernantes, multimillonarios, periodistas y delegados de entidades internacionales se encuentran cada año a lo largo de una semana para tomar el pulso en medio de la nieve a los problemas mundiales. Davos es un “icono para los defensores de la libre empresa” —escribe Ricardo Ávila, enviado de El Tiempo—, pero sus habitantes rechazan el prurito de ser “la meca del capitalismo”, solo porque los carros de lujo de “un puñado de poderosos” atascan las calles durante cinco días al año.

Así fue durante medio siglo. Sin embargo esta semana han ocurrido cosas extraordinarias en el repelente círculo de cacaos. Ahora los millonarios no acuden a Davos a repartirse el mundo sino a recibir pedradas: los más pobres denuncian su miseria, los menos ricos critican a los ricos y los más ricos claman contra los superricos. Es la lucha de clases, pero toda clase de clases; es el R4 contra el Twingo, el Twingo contra el Ferrari y el Ferrari contra el Rolls Royce.

El diablo, pues, se ha colado en este Vaticano del dinero y está dinamitando el club. Muchos observadores de la cumbre actual coinciden en registrar el sacudón. Me escribe un amigo que, a diferencia de otros años, “esto está muy interesante y el nivel de conversaciones es excelente”. No recuerdo quién señaló (“sí lo sé, mas no lo digo”, confiesa León de Greiff) que la historia funciona de manera dialéctica, y un sistema socioeconómico genera un sistema contrario que luego enfrentará su propia contradicción. Pues bien: soplan vientos de cambio en Davos, donde recibió las aguas bautismales el neoliberalismo y produjo los frutos que tuvo que tragarse el mundo: sacralización del mercado y del libre comercio, avidez por las ganancias, globalización, reducción del Estado, aplastamiento de los sindicatos, abuso de la naturaleza, simpatía por la evasión fiscal (Elon Musk, el man más acaudalado de la tierra, no pagó impuestos federales en 2018 y Donald Trump es evasor consuetudinario)…

¿Qué clase de monstruo egoísta y enemigo de la humanidad surgió de las reuniones fraternas al pie de los Alpes? En los últimos dos años, mientras el mundo se empobrecía, los magnates aumentaron sus beneficios. La ONG Oxfam reveló que en este horrible período el 1 % más adinerado del planeta se quedó con el 66 % del aumento patrimonial y el 99 % de la población tuvo que repartirse el tercio restante. El capitalismo peludo que supuestamente nos iba a salvar del naufragio acabó lanzándonos un salvavidas de cemento.

Davos ha terminado por engendrar el antiDavos. Phil White, boyante millonario británico, se paseó por el pueblo con una pancarta donde pedía aumentar los impuestos a los más pudientes, “incluyéndome a mí”. La joven activista Greta Thunberg se negó a hablar ante la misma audiencia que “está destruyendo el globo”. Otro asiduo de los foros, el periodista de The New York Times Peter S. Goodman, publicó en 2022 una virulenta denuncia titulada El Hombre de Davos: cómo se devoraron el mundo los billonarios. (Davos Man: How the Billionaires Devoured the World). En este libro, que es la Biblia de los menos ricos, acusa a los potentados de la inequidad económica, la segregación social y la manipulación informativa. 

En vez de palmaditas de complacencia en la espalda, esta vez ha habido golpes de pecho. Está en marcha la tormenta perfecta. Ya sabemos que no se cumplirá la meta de evitar que en la próxima década la temperatura media de la tierra suba más de 1,5 grados centígrados. Hay quienes pretenden culpar de la policrisis a la pandemia, a los arrebatos del clima, a la guerra de Rusia contra Ucrania, cuando todos estos son también efectos de la actividad humana: de la codicia, las desigualdades, el maltrato ambiental, los intereses económicos, el estallido interno de la globalización, la voracidad geopolítica, el armamentismo… Ya se notan los efectos de estas perturbaciones en el campo político. Varias democracias tambalean, de Washington a Brasil y de Hungría al Perú. 

Si algo palpita en esa gran asamblea de optimistas que fue, y ya no es, el Foro Económico Mundial es un ambiente depresivo. Mal año nos espera. Y mal futuro. António Guterres, secretario general de la ONU, pronunció un encendido discurso contra las empresas petroleras y carboníferas. Acusó a la Exxon de insistir en su lucrativo negocio pese a saber desde hace cincuenta años que la mercancía que vende está “cocinando a nuestro planeta”, y señaló a los productores de combustibles fósiles por “expandir un modelo de negocio inconsistente con la supervivencia humana”.

No era habitual escuchar en Davos a un político de izquierda como Gustavo Petro. Pero, repito, el diablo anda suelto. Aunque el presidente colombiano demostró de nuevo su impertinente impuntualidad, ofreció soluciones a la crisis. Cambiar deuda externa por actividad ambiental, según propuso, parece un trato sensato y justo. Hay que ver si Davos, foco de tantas doctrinas nocivas, es capaz de ayudar a curar lo que contagió.

Esquirla: Una cosa es que el nuevo gobierno ofrezca oportunidades a la gente que lo ha apoyado y cambie alfiles estratégicos, y otra que desmantele entidades. Así está sucediendo, entre otras oficinas, con el Instituto Caro y Cuervo, reconocido en Colombia y premiado el exterior. Serán despedidos ochenta funcionarios que han trabajado leal y eficientemente, muchos de ellos filólogos especializados y artesanos de la admirable Imprenta Patriotica. Sería bueno saber qué piensa de esta masacre laboral el historiador Medófilo Medina, su nuevo director.
 

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