Los colegios santanderinos llegan a 200 años

Colegio Boyacá-Tunja

Por Hernán Alejandro Olano García. 

El general rosariense Francisco de Paula Santander Omaña, no solo es conocido por el denominativo que Bolívar le dio luego de la Batalla de Boyacá: “El organizador de la victoria”, ni por su proceder de legislador unipersonal como “El hombre de las Leyes”, sino, por ser el padre de la educación pública en Colombia, verdadero calificativo que lo debería preservar como la mejor gestión de éste, uno de nuestros founding fathers.

Una ley del 20 de junio de 1821 fue la que marcó el impulso para el proyecto republicano de fundación de colegios en todas las provincias de Colombia y, gracias a Santander, se tomó como premisa el hecho de que la educación pública era la base y fundamento del gobierno representativo y una de las ventajas que les permitía a los ciudadanos conseguir su libertad e independencia. El amplio catálogo de colegios fundados por el General Francisco de Paula Santander, fueron:

En 1822, Colegio de Boyacá, decano de la educación pública y hoy en día circunscrito a un colegio municipal, luego de haber sido establecimiento público del orden nacional; el Colegio de Antioquia, Colegio de San Simón en Ibagué, Colegio de Loja, en Ecuador y, Universidad de Mérida, en Venezuela.

En 1823, Colegio de Santa Librada en Cali; Casa de Educación en Pamplona; en Venezuela: Casa de Educación de Valencia, Casa de Educación de Trujillo y, Casa de Educación de Tocuyo y, en Panamá, Colegio del Istmo.

En 1824, Colegio San José de Guanentá de San Gil; Casa de Estudios de Ocaña; Colegio de Santa Marta en esa ciudad, Casa de Educación en Vélez (Colegio Universitario); Colegio de Cartagena, en “La Heroica” y, colegios de Cumaná y de Guayana en Angostura, los dos en Venezuela.

En 1825, la Casa de Educación de Mompox y la Casa de Educación de Guanare, Venezuela. Seguidos en 1826 del Colegio del Socorro (Colegio Universitario); en 1827 el Colegio Provincial de Pasto y la Casa de Estudios de Jesús, María y José en Chiquinquirá; en 1828 el Colegio de Imbabura, Ecuador (fundado por Bolívar); en 1832 la Casa de Estudios de Cúcuta y el Colegio de Santa Librada en Neiva; en 1835 el Colegio de Floridablanca en el Catón de Girón; en 1837 las Casas de Educación Secundaria de Marinilla, Barichara e Ipiales y el Colegio de Salazar en Salazar de las Palmas, finalizando en 1839, con la Casa de Educación Secundaria de Cartago.

Algunos de esos colegios «Santanderinos», alcanzaron el rango de universidades, como el Colegio de Antioquia, el de Cartagena de Colombia o como la Universidad Central, restablecida en 1867. Santander también fue el autor del Plan de estudios decretado el 18 de marzo de 1826, que incluía cátedras de gramática, filosofía, mineralogía, latinidad, derecho, medicina, teología y, en el de Chiquinquirá, derecho canónico, donde desde agosto de 1821, antes del nacimiento del Colegio de Jesús, María y José, se ofrecían las cátedras de latinidad y matemáticas, encargadas a los dominicos.

Gran labor de unión por los claustros santanderinos realizó el licenciado Hildebrando Suescún Dávila, quien por más de veinte años fue rector del Colegio de Boyacá en Tunja. Gracias a él, el espíritu fundacional sobrevivió hasta su retiro y, también, gracias a su gestión, nacieron los Juegos Nacionales Santanderinos que se realizaban cada dos años, para mantener la unidad filosófica de las Instituciones Educativas.

Los colegios santanderinos son patrimonio de la Patria; es hora de darles el nivel que les corresponde, como forjadores de la formación de los hombres y mujeres de la república.

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