León Valencia: “Duque no tiene el peso político de Santos”

León Valencia cree que el Eln “tiene una idea de resistencia, no tiene la obsesión de ganar la guerra sino de permanecer en esos territorios donde están”. / Cristian Garavito

El Espectador habló con el director de la Fundación Paz y Reconciliación, y autor del libro “El regreso del uribismo”, que pone sobre la mesa la idea de la reaparición debilitada de esta corriente política.

Por María Hernández Cárcamo / mahernandez@elespectador.com

¿Ese uribismo que regresó es igual al de hace diez años, o qué diferencias tiene?

Este uribismo llega más desgastado, porque no tiene esa favorabilidad en las encuestas, no tiene una coalición de gobierno. Duque está en una crisis enorme y le está yendo mal y eso es porque está tratando de aplicar la misma política, las mismas ideas con las que ganó Álvaro Uribe en 2002, cuando la realidad ha cambiado. No existe esa amenaza tan grave que eran las Farc.

Aunque ambas son guerrillas de izquierda, ¿qué diferencias hay entre negociar con las Farc y el Eln?

Son dos grupos muy distintos. Para las Farc era importante la ilusión de triunfar y ganar la guerra, y dijeron si esta guerra no se puede ganar, debemos negociarla. El Eln en cambio tiene una idea de resistencia, no tiene la obsesión de ganar la guerra sino de permanecer en esos territorios donde están, resistir y mantenerse junto a unas comunidades que ellos consideran que necesitan su presencia. Esa es la dificultad.

Aquí cuento una historia que es bueno que se conozca. Yo le pregunté en Cuba a Pablo Catatumbo, en el Hotel Nacional de La Habana, qué era lo que finamente los había llevado a negociar y él me contó esta historia: una delegación de las Farc fue hasta donde el presidente Hugo Chávez a decirle que los estaban derrotando por aire, que les estaban descargando tropas rápidamente y que el Estado tenía una ventaja aérea muy grande sobre la guerrilla. Le dijeron que necesitaban misiles tierra-aire, a lo que Chávez respondió: “Si yo les doy misiles tierra-aire me meto en un problema, porque esos misiles están numerados, las potencias saben dónde están y van a saber quién les dio esos misiles y yo me meto en un conflicto y no estoy dispuesto a perjudicar a Venezuela por darles esos misiles a ustedes”. Fue en ese momento en el que las Farc se dieron cuenta de que ya no podían ganar la guerra, podían seguir resistiendo en tierra volviendo a hacer pequeñas guerrillas y pasarían así muchos años, pero ya no podían ganar si no tenían con qué contrarrestar la ventaja área del Estado.

¿El Eln se sentaría nuevamente a negociar con el Estado?

Creo que ellos están dispuestos, bajo sus ideas, a avanzar en una negociación. Creo que nunca una guerrilla por regla general es derrotada militarmente, o acabada militarmente, siempre se necesita una negociación. Hay casos excepcionales, pero son muy poquitos en el mundo. Están los casos de Sendero Luminoso en Perú o los Tigres Tamiles en Sri Lanka, pero todas las guerrillas terminan en una negociación; tarde o temprano el Estado volverá a una mesa de negociación y por eso fue un error haber aniquilado esa mesa que estaba funcionando en La Habana.

¿Cómo debería ser la relación entre Venezuela y Colombia?

Hay unas críticas a Nicolás Maduro duras y justas. Maduro rompió el hilo democrático y constitucional en muchas oportunidades, pero especialmente cuando desconoció la Asamblea Nacional, que había sido elegida con una votación mayoritaria y legítima. Yo creo que esa es la principal cosa que nosotros debemos criticar como país, sin duda. Pero esa es una actitud y una posición diplomática y eso no debía haberse convertido en hechos de vulnerar la soberanía de Venezuela, en intentar por la fuerza llevar ayuda humanitaria o aplaudir esos intentos golpistas que ha habido en la última semana.

Nada de eso me parece justo y Colombia debió mantener su embajada y diplomacia, porque para eso está hecha, para los momentos difíciles. La diplomacia sirve para resolver los conflictos, no para los tiempos de paz. Ahora Maduro tiene las manos libres para hacer cualquier cosa que afecte a Colombia, por ejemplo, darle armas a las guerrillas, ¿quién le reclama? Si él dice: “Bueno, ustedes están intentando tumbarme a mí y yo por qué no apoyo estas cosas como las guerrillas”, estamos en grave riesgo por esto.

Si Santos fue elegido gracias a Uribe y supo salirse del libreto, ¿por qué Duque no hace lo mismo?

Porque Duque no tiene el peso político de Santos, ni su experiencia. Él es una persona inteligente, joven, sin experiencia política y depende mucho del Centro Democrático y Uribe. Santos logró conformar una coalición mayoritaria a favor de él, ahora Duque ni siquiera con la ayuda de Uribe ha podido conformar una.

En conversación con Paloma Valencia ella dice que los parlamentarios y la bancada no tienen relación directa con Duque, todo es por medio de Uribe.

Además, no creo que tenga ningún interés, yo creo que también Duque comparte buena parte de las ideas de Uribe. Hay una relación de conveniencia porque se protegen mutuamente.

En este libro cuento que la relación entre los dos se volvió más profunda por cuenta del libro “No hay causa perdida”, de Brian Winter, el periodista norteamericano que hace las memorias de Uribe. Y en ese proceso estuvieron Winter, Duque y Uribe durante dos años. De manera que si alguien conoce a Uribe es Duque y eso crea una relación más fluida, de conveniencia y también en eso hay una relación de subordinación.

¿Cuál fue la verdadera razón para la ruptura entre Santos y Uribe?

La paz. Uribe pensaba que Santos debía ser la continuidad de su política y seguridad democrática y tenía la idea de que a las Farc les faltaba poquito para ser destruidas militarmente. Santos tuvo una apreciación distinta.

¿Por qué plantea la posibilidad de que Duque no alcance a llegar a 2022 como jefe de Estado? 

Pinto tres escenarios. Uno en el que Duque recompone su gobierno y sale bien de su mandato. El segundo donde hace un mal gobierno, pero termina el período. El tercero es que lo reemplace Marta Lucía Ramírez, porque en caso de continuar su crisis hasta el punto de amenazar el legado de Uribe, quizás el expresidente diga que lo mejor es buscar un reemplazo y ese sería Ramírez.

¿Por qué Uribe no le apostó a la paz?

Él siempre fue muy duro contra la elegibilidad política de los guerrilleros. Nunca estuvo de acuerdo con que hubiera indulto y amnistía, ni siquiera una justicia transicional, porque nunca reconoció el conflicto armado y así es difícil construir una política de paz.

¿Es posible el uribismo sin Uribe?

Esa es su gran preocupación. Él siempre ha pensado en su legado y en cómo dejar una fuerza hacia futuro. Él tomó la decisión de Duque porque ofrecía una persona joven y una posibilidad de continuidad, pero no le está saliendo bien porque está acumulando mucho odio en su contra. Uribe va a dejar una huella muy grande en Colombia, sin duda, pero el legado de él está cuestionado.

La derecha dice que la JEP no debe juzgar a los militares, pero son cada vez más los militares que se someten a ella, ¿qué tan sólido es el argumento de quienes se oponen a que esto ocurra?

Todas esas fuerzas políticas que se oponen a que todo el mundo concurra a la JEP es porque tienen miedo de ella, porque sin duda este conflicto fue una guerra muy sucia. Y ya cuando personas como el general Montoya acuden, pues tienen miedo de decir de dónde vinieron las órdenes, cómo fue todo el proceso de la relación de los militares con los políticos, entre otros.

¿Cómo ha visto a la izquierda en su ejercicio de oposición?

Todos esperaban más de Gustavo Petro, pero ha tenido dificultades como el video. Entonces el protagonismo ha pasado más al Partido Verde, es al que mejor le ha ido en oposición, tanto así que le ha ganado todas las batallas a Duque.

¿Qué le faltó a Petro para ganarle a Duque en las elecciones?

Petro representa una franja de gente muy descontenta en la sociedad colombiana. Esa franja tiene un techo y él la representa bien enarbolando el tema de cambios sociales y económicos, pero para ser presidente de la República tiene que convencer al centro del espectro político, a unas fuerzas de clase media para arriba, para que lo vean como un gobernante que no está ligado solo a un sector popular sino también a otros sectores de la sociedad colombiana.

¿La nulidad de Antanas Mockus y Robledo es de verdad un plan orquestado desde la derecha?

Son decisiones que se están tomando en distintos lugares del Estado, no creo que sea un plan, pero sí se alimenta de una cosa muy negativa para hacer oposición en Colombia y es muy injusta. Marta Lucía Ramírez, por ejemplo, está en casi la misma posición que Ángela María Robledo, son personas que militaron y luego se pasaron a jugar en la vicepresidencia con otros.

Lo de Antanas también porque, en primer lugar, es una persona que ha sido respetada como una persona honesta, no hay que ser muy inteligente para saber que ahí hay un plan político porque los abogados y las fuerzas que lo demandan son fuerzas muy oscuras. El primer abogado que hizo esa demanda viene de Opción Ciudadana, un partido de la parapolítica ligado a “Kiko” Gómez, que está en la cárcel. Hay una cosa muy turbia y creo que es muy injusto.

¿Qué tan posible es una alianza entre el uribismo y Cambio Radical en las actuales circunstancias políticas?

Cada día menos. Yo cuento en el libro que Germán Vargas fue a buscar a Uribe y Duque para hacer un acuerdo en torno a la agenda con proyectos, que era muy de Cambio Radical, y no encontró nada. Él me dijo después que allá no había agenda política y que lo que le ofrecieron fue la Embajada en Londres como un puesto burocrático; entonces ahí se acabó de desinflar esa relación. Ahora lo que está haciendo es la opción de hacer oposición porque el uribismo y el Centro Democrático están en una labor de romperle su partido (Cambio Radical) y eso ha molestado mucho a Vargas Lleras.

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