Las iniciativas contra la migración de DeSantis y Abbott hacen que el discurso sobre Venezuela parezca contradictorio

El envío de migrantes, muchos de ellos venezolanos, a otros estados en EE. UU., ha provocado que algunos críticos consideren contradictorias las palabras de los republicanos sobre Venezuela.

Por Sheyla Urdaneta, Julie Turkewitz y Isayen Herrera

MARACAIBO, Venezuela — Cuando Ana Villalobos escuchó que un grupo de migrantes venezolanos estaba en el centro de una controversia política en Estados Unidos, se sintió angustiada de inmediato.

Hacía solo unos cuantos días, su hija había salido de esa ciudad asolada por la crisis rumbo al norte junto con otras 40 personas, algunas de ellas niños y mujeres embarazadas, decididas a cruzar el Tapón del Darién, una ruta muy peligrosa que atraviesa Panamá y Colombia, para llegar a Estados Unidos.

Poco después, había perdido contacto con ella.

Luego, Villalobos se enteró de que los gobernadores republicanos en Estados Unidos han empezado a enviar a los migrantes recién llegados, como su hija, a otros estados del país.

“Los venezolanos estamos sufriendo mucho como para que nos traten de esa manera en ese país”, dijo.

Sin embargo, hasta ahora, la reacción de las autoridades latinoamericanas ha sido muy débil ante las más recientes maniobras del gobernador de Florida, Ron DeSantis, quien envió dos aviones con personas que habían migrado a Martha’s Vineyard, y las del gobernador de Texas, Greg Abbott, quien mandó dos autobuses a la residencia de la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, en Washington.

Las decisiones de estos gobernadores han sido sus iniciativas más visibles para impugnar las políticas de inmigración del presidente Joe Biden y para poner de manifiesto la cantidad histórica de migrantes que llegan a la frontera sur estadounidense, algo de lo que culpan a los demócratas.

Migrantes de Centroamérica y Sudamérica esperan cerca de la residencia de la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, el jueves. El gobernador Greg Abbott, republicano de Texas, envió a los inmigrantes a ese lugar en autobús.
Migrantes de Centroamérica y Sudamérica esperan cerca de la residencia de la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, el jueves. El gobernador Greg Abbott, republicano de Texas, envió a los inmigrantes a ese lugar en autobús. Foto Kevin Dietsch/Getty Images

Algunas personas en Latinoamérica que han abordado el tema acusaron a DeSantis y a Abbott de estar muy desconectados de la crisis en Venezuela, e incluso de ser hipócritas, dada la dureza con la que los republicanos han criticado al gobierno venezolano de Nicolás Maduro, a quien culpan de la crisis.

Arturo Sarukhán, quien fue embajador de México en Estados Unidos, escribió en Twitter que DeSantis estaba usando a los migrantes como “utilería política”, lo que calificó como “repugnante y reprobable”.

“El hecho de que muchos de ellos fueran venezolanos, sencillamente contradice la supuesta preocupación que los políticos republicanos de Florida dicen tener por la democracia y los derechos humanos” en Latinoamérica, escribió.

Maduro no ha dicho nada públicamente sobre el envío de migrantes ni sobre las crecientes repercusiones políticas en Estados Unidos.

La legisladora de Colombia Karmen Ramírez Boscán, quien representa en el Congreso a los colombianos que viven en el extranjero, señaló el viernes que no era correcto que los dirigentes electos de Estados Unidos usaran “el dolor y el sufrimiento de la gente para obtener beneficios políticos”.

“La migración no es un arma para la política”, añadió en una entrevista.

Antes del más reciente movimiento de los migrantes de Florida y Texas, otros líderes de Latinoamérica habían criticado de manera más amplia el trato que les daba Estados Unidos a los migrantes que entraban de manera no autorizada al país.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, también ha criticado a los políticos estadounidenses por usar la migración como un arma política, por ejemplo, cuando a principios de este año Abbott firmó un decreto en el que autorizaba a la Guardia Nacional de Texas a detener a migrantes.

Los migrantes, la mayoría de ellos de Venezuela, cruzaron a El Paso, Texas, desde México el miércoles para solicitar asilo.
Los migrantes, la mayoría de ellos de Venezuela, cruzaron a El Paso, Texas, desde México el miércoles para solicitar asilo. Foto Jose Luis Gonzalez/Reuters

“Como hay elecciones en noviembre, entonces buscan el sensacionalismo, el amarillismo”, dijo López Obrador en una conferencia de prensa en julio. “No vemos bien que haya campañas antiinmigrantes con propósitos electorales, lo considero inmoral, politiquero”.

En Maracaibo, una ciudad en un estado petrolero que solía ser muy próspero en el oeste de Venezuela, Villalobos, de 53 años, dijo que su hija, egresada de bachillerato, se fue porque con sus dos trabajos, en la venta de ropa y en un restaurante, a la familia no le alcanzaba “ni siquiera para la comida de una semana”.

“Aquí vivimos cinco personas, dos son ancianos y un niño y ya estábamos desesperados”, aclaró Villalobos.

En dos días, no había tenido noticias de su hija.

Una vecina, Zulay Chirinos, tenía una amiga que iba en el mismo grupo que intentaba llegar a Estados Unidos. Su amiga, de 21 años, tenía cuatro meses de embarazo, añadió Chirinos.

“Me dicen que por qué se arriesgó”, dijo. “Se arriesgó porque es morir en el camino o morir aquí”.

Los migrantes que los gobernadores envían a todo Estados Unidos son una pequeña parte de una extraordinaria crisis que se desarrolla más al sur. Desde 2013, millones de venezolanos han huido de una crisis económica, social y democrática manufacturada por el gobierno de izquierda de ese país, uno que los economistas han calificado como el peor, si no considera un escenario de guerra, en décadas.

Muchos de esos migrantes huyeron a otros países de Sudamérica, pero como la pandemia ha afectado a las economías sudamericanas, muchos venezolanos ahora se dirigen hacia el norte.

Se calcula que 6,8 millones de venezolanos, más de una quinta parte de su población, han abandonado el país, lo cual representa el desplazamiento internacional más grande en la historia del hemisferio.

Estados Unidos ha intentado contener la afluencia con el respaldo de un programa de visas que permite a los venezolanos vivir y trabajar en Colombia, pero eso solo tiene un efecto limitado.

Según las autoridades de Panamá, el año pasado, las personas que cruzaron a pie por el Tapón del Darién, el cual conecta Sudamérica con Centroamérica, alcanzaron una cifra histórica: de menos de 10.000 en 2020 a más de 130.000.

Migrantes en Las Tecas, Colombia, el año pasado, preparándose para cruzar el Tapón del Darién en su viaje rumbo a Estados Unidos.
Migrantes en Las Tecas, Colombia, el año pasado, preparándose para cruzar el Tapón del Darién en su viaje rumbo a Estados Unidos. Foto Federico Rios para The New York Times

Este año, los cruces a través del atroz sendero de la selva están por romper ese récord, y la enorme mayoría de migrantes son venezolanos.

Daniel Cooper Bermúdez, director de Hearts on Venezuela, una organización que busca despertar conciencia sobre la situación humanitaria del país, señaló que los políticos estadounidenses estaban usando a los migrantes venezolanos como una “maniobra política”.

“En un país que se dice un representante de la libertad y promotor de derechos humanos para la población debería haber coherencia dentro y fuera de Venezuela”, dijo.

Y en Maracaibo, varias personas dijeron que el flujo migratorio solo continuará debido a la situación difícil en Venezuela, que no da muestras de amainar.

Dos trabajadores de la construcción de la ciudad, un padre y un hijo, partieron el viernes hacia Estados Unidos.

Yudi, la esposa y madre de los trabajadores, dijo que se habían ido porque ya no tenían dinero para comprar comida. (Yudi, por temor a que compartir su historia provocara la deportación de su familia si lograban llegar a Estados Unidos, pidió que solo se usara su nombre de pila).

“Sí tenemos temor por lo que les pueda pasar, pero ya nada de lo que les pagaban a ellos por el trabajo alcanzaba para nada”, dijo. “A veces hay que arriesgarse”.

Oscar Lopez colaboró con este reportaje desde Ciudad de México.

Julie Turkewitz es jefa del buró de los Andes, que cubre Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Perú, Surinam y Guyana. Antes de mudarse a América del Sur, fue corresponsal de temas nacionales y cubrió el oeste de Estados Unidos. @julieturkewitz

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