Mi Café: Las emergencias de cada año y los alcaldes, una calamidad pública.

Foto Colprensa


En la costa caribe de Colombia no hay agua y en el resto del país abundan las inundaciones y las emergencias en las pobladas riveras de los ríos.

Por William Giraldo Ceballos

El contraste en ambas regiones, sin embargo, tiene en común que los alcaldes de los municipios en los que cada año se presentan como víctimas en busca de socorro oficial las familias  afectadas, no han ejercido la autoridad de la cual están revestidos para evitar esas calamidades.

Hace 45 años, el decreto 2811 de 1974, estableció como faja de seguridad de 30 metros en cada rivera.

La norma ordena a los propietarios de predios dejar esa faja o ronda libre de edificaciones y cultivos.

También prohibió la norma la alteración de los cauces y de las aguas de los ríos.

Pero el número de viviendas que invaden  hasta el cauce de los ríos crece anualmente con la complicidad de los mandatarios locales.

Para esta época lluviosa, cada año se multiplica el número de damnificados. 

La ocupación, o para decirlo más claro, la invasión de viviendas y cultivos en  las riveras de los ríos son auspiciadas por omisión o por corrupción electoral de quienes aspiran y llegan a las alcaldías municipales  con el voto más comprometido que popular de los pobres a quienes acompañan en el pedido de ayuda pública para afrontar las penurias dejadas por el agua.

los alcaldes son los que no cumplen la ley ni la hacen cumplir. Ellos son en realidad la calamidad pública.

Tampoco los gobernadores porque la ley  a ellos también los cobija en este aspecto.

La corrupción también es la que marca a muchos mandatarios de la región caribe, sobrediagnósticada en los últimos años y con muchos tintes de violencia: La Guajira se muere de sed. No hay acueductos ni saneamiento básico ambiental.

La ley de regalías estableció como inversión fundamental para las zonas beneficiarias la construcción de acueductos, alcantarillados y otras obras de saneamiento ambiental.

Gobernadores y alcaldes, verdaderos magos del surrealismo político han logrado desaparecer sin dejar huellas miles de millones de pesos y dólares girados como regalías por la explotación de hidrocarburos y recursos mineros a sus administraciones.

En esas y en las demás regiones, los colombianos eligen demasiados bandidos. No todos, pero son poquitos los que no lo son.

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