Las caras cínicas de la llamada “responsabilidad social”

El mundo se mueve al ritmo de las olas que entran en moda, llámense “reingeniería”, “inclusión”, “sostenibilidad”; edificios, ciudades, utensilios de cocina “verdes”, “Inteligentes”; “transparencia”; “balance social”, etc.

Si, en un edificio, se enciende la luz, cuando entramos, automáticamente se vuelve “inteligente”. Las palabras de moda encabezan entonces todo, cuanto seminario y reunión se programe y, se repiten incansablemente en la jerga de los conferencistas del planeta; como pastores recitando salmos. A veces me cuesta pensar y creer que tengo a mi servicio una cafetera “inteligente”.

En medio de ese festival literario, aparece un eslogan muy repetido últimamente: responsabilidad social.

No se imagina uno cuantas definiciones puede y podría tener en el diccionario de la lengua.

Una podría ser: acción para compartir con la gente, parte de una riqueza, que se ha obtenido de manera “sustentable” o “sostenible” (sin hacerle daño ni al ambiente ni a nadie) por el aprovechamiento eficiente de un mercado. Esta cabría perfectamente en el balance entregado a los accionistas, en un elegante informe, impreso en papel pergamino, por una empresa que ostenta el monopolio de un mercado.

Otra sería: acción para reponerle algo los daños causados a la gente. Se trata de aquella empresa, un poco arrepentida, que saca una porción de sus ganancias para contribuir a arreglar un problema que causó a sus vecinos o a sus clientes. Sin duda, es una acepción que podría aplicarse en muchos casos. Una manera de poner en práctica esta intención, es crear una Fundación para ofrecer ayuda, sacar pecho, hacer publicidad y minimizar el problema originado. (Y además evitar el pago de impuestos)

Una más, tendría el siguiente enfoque, un poco más cínico: acción en donde el que perjudica, espera que los damnificados recurran a los tribunales de justicia, para que estos algún día fallen, sobre si hubo o no perjudicados. También podría tener un uso bien frecuente, en la actualidad, por supuesto. Estaría a la medida de aquellas empresas cuya actitud demuestra hasta donde es de profundo su compromiso social, como aquellas que simplemente le colocan un rótulo a su producto: “puede ser perjudicial para su salud”, (pero ojalá lo consuma de manera duradera); de esa forma están cumpliendo con la responsabilidad adquirida por los administradores, con sus dueños.

Para iniciar una nueva moda, proponemos entonces un eslogan que puede aparecer y venderse como nuevo: “empresas éticas”, manejadas por “directivos éticos”. Y así damos la bienvenida a la próxima avalancha de conferencias y conferencistas “éticos”.

En ese contexto, una empresa sera más sustentable, más transparente, más responsable socialmente, si empieza por aplicar la ética, de arriba a abajo. Y, como gran conquista: se habrá “reiventado”.

Mientras tanto, el mundo seguirá siendo como en el 510, como bien lo dice el tango.

*** GDA***

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