La trama de espionaje entre Colombia y Rusia

El gobierno de Vladimir Putin calificó de infundada la acusación de espionaje en Colombia. / AFP
La trama de espionaje que rodea la salida de dos diplomáticos de la Embajada de Rusia en Colombia dejó en un punto incierto las relaciones bilaterales con la potencia mundial.​​​​​​​El pasado 7 de diciembre, el Gobierno dio 24 horas para que los dos agentes salieran del país, y la respuesta de Moscú fue apelar al principio de reciprocidad y declarar a dos miembros de la misión diplomática colombiana como ‘persona non grata’. Mientras el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia sostuvo que la acusación de espionaje era infundada y no correspondía al “espíritu tradicional” de la relación entre las dos naciones, la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI) tiene la tesis de que los rusos lanzaron una supuesta operación de espionaje desde hace tres años.
La decisión de expulsar a los dos agentes se tomó tras recopilar información durante dos años con la colaboración de las centrales de inteligencia estadounidenses y británicas, que permitió concluir que se violó la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas. Es la primera vez que un país latinoamericano expulsa a miembros de una delegación rusa.​​​​​​​Si bien en el pasado Colombia deportó a cubanos y venezolanos por espionaje, nunca estuvo inmerso en un dilema con Rusia. Retomar las relaciones bilaterales sin comprometer la seguridad nacional es ahora el objetivo. Sin embargo, una de las sospechas que quedan es si entre la información clasificada que recolectaron los agentes habría intereses vinculados a las próximas elecciones.
Los dos espías rusos, que trabajaban en la Embajada de Rusia en Bogotá, reunieron información sobre la infraestructura petrolera y energética de Colombia, según reportes de prensaFoto: Gabriel Aponte​​​​​​​
De a poco se han conocido pormenores sobre cómo la DNI logró identificar a tres agentes rusos: Roman Borisov y Aleksandr Paristov miembros del Servicio de Inteligencia Extranjera (SVR), y Aleksandr Nikolayevich Belousov integrante del Servicio de Inteligencia Militar de Rusia (GRU). Según la DNI, Roman Borisov accedió a funcionarios colombianos en diferentes cargos estratégicos que, a cambio de grandes sumas de dinero, le entregaron información sobre la infraestructura, sector energético y sector petrolero. Asimismo, buscaron llegar a círculos académicos para contactar a estudiantes que pudieran tener proyección de ocupar cargos estratégicos en importantes empresas privadas o cargos estratégicos del gobierno.
A finales de noviembre de 2017, la agencia de inteligencia colombiana identificó que el ruso tenía una amplia red de colaboradores a los que les pagaba por información confidencial. Por esa razón, acudieron a otras agencias de inteligencia extranjeras para confirmar la identidad de Borisov.​​​​​​​Lo que se encontró es que el diplomático era miembro del SVR, la principal agencia de inteligencia rusa en el extranjero y que se enfoca en actividades de filtración para tener injerencia en ámbitos políticos, económicos, militares y hasta en temas relacionados con desarrollos tecnológicos y científicos. Al ser descubierto, Roman Borisov dejó el país, pero su red de contactos continuaba operando.​​​​​​​La DNI continuó con la operación y en 2019 halló que el reemplazo de Borisov ya estaba en Colombia. Se trataba de Aleksandr Paristov, quien llegó el 17 de enero de 2019 a retomar los contactos. Situación que hizo sospechar que no se trataba de un tema personal o aislado, sino de una operación de inteligencia estructurada desde Rusia.​​​​​​​Con seguimientos, grabaciones, registros fotográficos –varias entregando dinero– y filtrando el círculo de colaboradores de los rusos, la DNI supo cuáles eran los objetivos de los agentes rusos: acceder a información clasificada para tener acceso a terceros con poder de decisión y mover sus fichas de acuerdo a los intereses. Tras verificar la información, el gobierno de Iván Duque generó el 7 de diciembre una reclamación al embajador ruso en Colombia, Sergei Koshkin, y dio 24 horas para que Aleksandr Nikolayevich Belousov y Aleksandr Paristov salieran del país. El mismo 8 de diciembre salieron en un vuelo de Bogotá a Cartagena, donde después tomaron un avión de la empresa KLM hacia Ámsterdam.
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