La radio, como el cine, se hacía con estrellas

O TIEMPOS,O MORES .Esta añeja fotografía,perteneciente al archivo de Orlando Cadavid, corresponde a una tarde de tertulia en la antigua sede de la Emisora Nueva Granada,de Bogotá, matriz de la cadena RCN. Identificamos a la actriz Maruja Toro (o será Yepes?). A su lado,de corbatín, al "Chaparrín" # 1. Siguen en orden Alfaro Cadavid, Julio E.Sánchez Vanegas,(el papá de Julio Sánchez Cristo).; Carlos Arturo Rueda, Julián Ospina, Carlos Mejia Saldrraiga, Otto Greffiestein y "El Chaparrín" # 2.El único que se nos quedó por identificar es el caballero sentado,que luce corbata a rayas. O tiempos, o mores!

Por Orlando Cadavid Correa

 (ocadavidcorrea@gmail.com)

Hubo una época en la que la radio colombiana se hacía con estrellas, como  el cine, antes de que aterrizara entre nosotros la televisión en blanco y negro, gracias a la dictadura del general Rojas.

Los céntricos entornos bogotanos en los que desarrollaban su modus operandi Emisoras Nuevo Mundo y Nueva Granada le daban al sector un ámbito que los exagerados comparaban con el mítico Hollywood, la meca del celuloide norteamericano. 

Los elencos de las matrices básicas de Caracol y RCN  estaban integrados por las primeras figuras de la radiodifusión capitalina. Lo mismo acontecía, a veces, en Medellín, Barranquilla y Manizales.

Las estrellas de la época se cambiaban de estación sonora para mejorar su situación salarial, aprovechando el apetecido  mercado de la oferta y la demanda. Sabían sacarle partido al afán competidor que imperaba en las dos organizaciones.

Voces tan cotizadas como las de Julián Ospina y Otto Greiffestein, que primero pertenecieron a la Nueva Granada, cerraron sus ciclos vitales en Nuevo Mundo. Circunstancias parecidas, yendo de una estación a otra, protagonizaron otros personajes del medio hertziano.

Los cambios de cadena también ocurrían en el campo humorístico con Guillermo Zuluaga, “Montecristo”; Hebert Castro; Emeterio y Felipe,  “Los Tolimenses”, y Víctor, Mario y Augusto, “Los Chaparrines”.

Otros rubros que irrumpieron en el dial para enriquecer la gran radio,  ahora septuagenaria: Las memorables transmisiones de la Vuelta a Colombia en bicicleta, capitaneadas desde el Transmóvil número Uno por Carlos Arturo Rueda. El fútbol, desde El Campin y los demás estadios del país. Los noticieros de gran factura, dirigidos con su reconocida sapiencia por los maestros Antonio Pardo, en Caracol, y Alfonso Castellanos, en RCN. El periodismo de opinión de Jaime Soto, en “Cantaclaro” y en ”Contrapunto”. Más ingredientes: las atractivas temporadas que cumplían en los radioteatros  las primerísimas figuras de la canción popular que estaban de moda en el continente americano y que las dos cadenas traían del extranjero. Los dramatizados que concentraban la atención de abuelas, madres, tías y hermanas. Las corridas de toros. Los programas de preguntas y respuestas, que premiaban con el signo pesos a los ganadores. Y treinta etcéteras más.

La rivalidad era notoria, además, en el aspecto financiero. Mientras Coltejer patrocinaba a Caracol, Fabricato le daba su apoyo a RCN. Entre los fabricantes de textiles, la magia de la radio no tenía pierde. Les fue tan bien a las dos plantas industriales paisas, que fueron accionistas de las dos cadenas.

En las casas, el radiorreceptor de buen tamaño era el rey de los electrodomésticos, por encima del refrigerador. La situación cambió  cuando llegó la televisión del brazo del presidente de facto.

Resumiendo: la radio de hoy es otra cosa bien distinta de la de su época de oro que motiva estas añoranzas.

La apostilla: El historiador Gustavo Pérez Ángel cuenta en su libro sobre “Los orígenes de la radiocomunicación” que alguna vez le preguntó al maestro Germán Arciniegas cuál era su primer recuerdo de la radio. Y el notable escritor colombiano, que nació y murió con el siglo XX, respondió: “Mi primer recuerdo de la radio se remonta a mi juventud. Yo iba por una calle del centro bogotano y de repente pasó un automóvil hablando…”.

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