La política de Quebec tiene un diputado colombiano

Saúl Polo se ganó la confianza de los nativos en su distrito. Cortesía

El colombiano Saúl Polo migró a Montreal (Canadá) en 1982, cuando era un niño de siete años. Hoy es clave en el Partido Liberal de Quebec. En conversación con este diario analizó la situación migratoria del país. Dice que “en Quebec hay 150.000 empleos disponibles por escasez de mano de obra”.

Por Nicolas Marín Navas*

Saúl Polo salió de Santa Marta a los siete años y llegó a Montreal (Canadá) en 1982. Vivió la migración como niño, por lo que logró adaptarse fácilmente al país. Luego de completar sus estudios y de trabajar durante doce años en el sector financiero, el mundo de la política llegó a su vida. No lo buscaba. Desde entonces se ha convertido en uno de los funcionarios más influyentes del Partido Liberal del estado de Quebec, llegando a presidir la formación política en 2012. El reto ahora es enorme, porque mientras busca mantener un discurso incluyente y de tolerancia, las lógicas de la política mundial tienden cada vez más hacia una ultraderecha radical fundada en el miedo.

Luego de pasar por la Escuela de Negocios de la Universidad de Montreal, entró a la Universidad McGill, en la misma ciudad, donde obtuvo dos diplomas: uno en finanzas y otro en tesorería. Mientras trabajaba en bancos y en entender el sistema económico desde adentro, consolidó una red importante de migrantes latinoamericanos que buscaban oportunidades en Canadá, lo que lo llevó, junto con otros colegas, a fundar la Cámara de Comercio Latinoamericana de Quebec. En conversación con El Espectador, Polo contó su experiencia como político y como inmigrante.

¿Cómo fue el proceso de migrar a una ciudad como Montreal?

El tema migratorio al principio es difícil, porque toda mi familia estaba en Colombia, en la costa, pero ya después de seis años gran parte de ella vino a Montreal, entonces esa reunificación ayudó con el tiempo. Quebec es una sociedad que, de todas las provincias, es la que más invierte en servicios sociales: el sistema de salud es universal, la educación también; hay un sistema de educación privada, pero el acceso a las públicas es gratuito y en general es de buena calidad. Como hijo de inmigrante, mis padres me inculcaron que la educación era lo que nos iba a sacar adelante.

A veces uno no lo entiende pero a medida que uno va madurando empieza entender el sistema educativo del país. El momento de entrar a la universidad tiene cierto costo, pero sigue siendo muy accesible y de calidad. Una de las cosas que más me sorprendieron mientras estudié fue la posibilidad de hacer un intercambio internacional, por lo que me fui a Brasil y aprendí portugués. Entre universidades se dan esos convenios.

Hasta ese momento la visión que yo tenía era la de las familias que llegan aquí como la mía, que venían a buscar oportunidades, que no necesariamente eran muy formadas, y que tomaban esa decisión para darles oportunidades a sus hijos. Esa era la migración que recibía Canadá como hasta los años 90. A finales de los años 90 Canadá y Quebec cambiaron sus criterios para poder atraer a un mayor número de profesionales, entonces veo una nueva forma de migración, no es el mismo inmigrante con el que yo estaba familiarizado.

¿Cuál fue el proceso para crear la Cámara de Comercio Latinoamericana en Quebec?

Empecé a tener curiosidad sobre cuáles eran los obstáculos de los migrantes latinoamericanos. Fue en ese momento cuando con un grupo de amistades formamos una asociación de profesionales colombianos, entre 2002 y 2003. El principal objetivo y misión era crear redes, integrar al mercado laboral a los recién llegados que necesitaban ayuda o asesoría. Organizamos varias conferencias de información en las que compartieron su experiencia, y esa asociación con los años empezó a tener bastante éxito.

Por eso en el 2007 convertimos ese movimiento en una cámara de comercio latinoamericana, para no excluir a los no colombianos que querían participar en las actividades.

Eso nos permitió integrar la federación de cámaras de comercio de Quebec, que es un organismo reconocido y respetado por los diferentes gobiernos y al abrirlo a lo latinoamericano podíamos llegar a un mayor público. En la provincia de Quebec hay cerca de 200.000 quebequenses de origen latinoamericano, entonces ya no solo estamos hablando de los 30.000 o 35.000 colombianos.

Además, eso nos permitía enfocarnos en la parte económica. Como asociación de profesionales podíamos tocar temas culturales, sociales, pero ya no queríamos hacerlo.

¿Cómo se da el paso a la política?

A través de William Aguilar, un amigo abogado colombiano que había sido candidato por el Partido Liberal en el 2003, me metí en la política. Antes no me llamaba la atención, por la percepción que transmite aquí o donde sea. Pero él logró convencerme con el tiempo, entendí cuáles son los obstáculos de entrar al mundo laboral, aportar ideas y entendí que si uno quiere cambiar las cosas hay que entrar en la política y querer desarrollar proyectos o avanzar ideas.

Decidí hacerme miembro del Partido Liberal en el año 2005, sin imaginarme que nueve años después iba a asumir diferentes cargos. En el 2012 ya era miembro ejecutivo del partido: presidente de la comisión política, que prepara la plataforma política. Me presenté para el cargo de presidente del partido, hubo una pequeña elección y quedé elegido. Eso fue en octubre del 2012.

Yo vivo en Laval, que es un suburbio de Montreal, en donde hay casi 450.000 personas. El territorio está dividido en seis distritos y uno de ellos estaba abierto para un candidato liberal. Era 2014 y era la primera vez que me presentaba como candidato. Terminaron las elecciones y quedé elegido. Pasamos de cincuenta a setenta diputados liberales de Quebec. El 30 % de las 55.000 personas con derecho de voto son migrantes, casi un tercio, pero el 70 % es población no migrante.

Entrar en la política es interesarse no solo en temas que están relacionados con aspectos de nuestro propio distrito, sino también conocer cuáles son los retos y los desafíos en todas las regiones de Quebec. Es una provincia con un territorio enorme, seis veces la superficie de Francia, pero algo que me motivó desde un inicio fue la justicia social, generar oportunidades para personas de origen migrante.

¿Cómo hablarle a la población local cuando el discurso político mundial tiende a la ultraderecha?

Hay que ver las cosas con optimismo. Utilizo mucho mi experiencia y la de mi familia para mostrar lo que puede aportar la inmigración. En los últimos años en Quebec se ha reconocido la necesidad de mejor mano de obra. Aparte del tema medioambiental, la crisis del acceso a mano de obra es el segundo tema más importante en el debate político. En esta provincia las estadísticas demuestran que hay cerca de 150.000 empleos disponibles para los que hay una escasez en la mano de obra.

El debate político sobre eso lleva a todos los actores a tener una opinión sobre si necesitamos menos o más migración y, obviamente, a través de eso vienen todos los aspectos del nacionalismo: a veces algunas conversaciones pueden deslizarse sobre ciertos discursos hasta racistas; lo hemos visto con Donald Trump en Estados Unidos, en Francia, en Italia, en Brasil.

Canadá tiene la tradición de ser un país cosmopolita, pero es cierto que en los últimos años ese discurso racista ha llegado a Canadá. Yo creo que una forma de llegarle al nativo acá es, por una parte, mostrarle que aunque seamos de origen inmigrante entendemos ese sentimiento de identidad. Porque estamos hablando de una provincia con ocho millones de personas que han logrado sobrevivir en estos 450 años de existencia, desde que llegaron aquí los franceses.

Tenemos que apoyar, entender y adoptar parte de ambos discursos: tenemos que tomar medidas nacionalistas; es decir, ponerle más énfasis en el tema del francés, la promoción de la cultura, la protección de nuestras empresas quebequenses, de no ser compradas o vendidas al resto de Canadá o de Estados Unidos.

Sin embargo, también hay que implementar parte del discurso que dice que al migrante hay que recibirlo. Nosotros, como sociedad, tenemos la obligación de poner todos los recursos económicos necesarios para facilitarles a estas personas no solo aprender el idioma, sino integrarse laboralmente. Porque si se integran laboralmente, logran contribuir al éxito de esta sociedad.

Esta sociedad, en lo que yo he podido vivir, es que si uno como emigrante entiende cuáles son esos temas sensibles, a uno lo aceptan más fácilmente. Si las barreras a la integración laboral eran por no tener un ajuste en función de las necesidades del mercado laboral, eso lo podemos trabajar, pero no lo usemos como un pretexto para cerrar las puertas y decir que por ejemplo debemos cortar un 20 % de los migrantes que recibimos cada año.

¿No es muy difícil llevar un discurso en el que toca optar por la protección de ciertas bases culturales en un momento en el que el mundo se mueve con las redes sociales?

Sí es un reto y hasta es una dificultad porque la reacción natural de cualquier migrante es que puede vivir aquí, pero sigue conectado con su anterior cultura. Lo que yo siempre le digo a cualquier migrante es: “Tenga su grupo de amigos, su propia comunidad, es normal, pero haga el ejercicio, el sacrificio, el esfuerzo para conocer más a los nativos de aquí, conocer y adaptarse hasta al humor, las expresiones que se utilizan aquí, adoptar el lenguaje”.

Al mismo tiempo yo creo que las personas antes de venir hoy en día utilizan las redes, que les permiten conocer un poco más a qué vienen, interesarse un poco más, entender que si quieren venir a Quebec tienen que aprender el francés, que el inglés no les va a servir.

¿Con su experiencia aquí, qué oportunidades actuales hay para un migrante?

Si yo comparo las dificultades que vivían esos mismos migrantes colombianos hace quince o veinte años, con el contexto laboral y social, hoy día un joven de unos treinta años, colombiano y profesional que llega acá, puede tener más oportunidades de integrarse, no solo socialmente sino económicamente y de progresar; entre otras cosas, por ese reto de mano de obra que tiene esta provincia es que ha cambiado la mentalidad de los nativos de acá, que tienen que abrirles las puertas a los migrantes.

Y digo que tienen que abrirles las puertas no solo en el aspecto de migración, sino también en el ámbito laboral, que deben darle la oportunidad y tienen que aceptar que las cosas no pueden seguir funcionando como en las décadas pasadas, porque el mundo se está transformando. Con eso, el mensaje que yo diría es: oportunidades hay, hay que saber adaptarse correctamente y es de tener ese espíritu de aventarse al vacío.

¿Cómo ha sido ese proceso de las redes en la política? ¿Como ha vivido ese cambio?

Sin las redes sociales, la única forma de llegarle al público general es a través del filtro de los medios de comunicación. Hemos decidido saltarnos ese filtro y hacer un trabajo de segmentación determinando cuál es el tema que le interesa a tal público en función de sus necesidades o de su perfil.

Entonces personalmente creo que no hubiera sido elegido en octubre del año pasado si no fuera por las redes sociales, porque me permitieron hablarles a los jóvenes de 18 a 35 años, a gente interesada en el medio ambiente, etc. No hubiera logrado comunicarles ese mensaje a través de artículos de periódico, porque en una campaña general los medios de comunicación cubren a los ministros o al primer ministro, pero a un diputado como yo, local, no lo hubieran cubierto.

Pero las redes sociales como Facebook e Instagram nos han permitido determinar cuáles son los temas de interés de las personas de edad, familias, migrantes y jóvenes. Después para cada uno de esos públicos adaptamos el contenido, desarrollamos ideas y las trabajamos con una óptica estética, fotográfica y videográfica. Al final del día eso fue lo que nos permitió ganar por 271 votos de diferencia.

Mi director de campaña el año pasado tenía 26 años y no era el mejor organizador a nivel de voluntarios, su principal cualidad es el saber cómo jugar con las redes sociales y llegarle a ese público en función del mensaje que queremos llevar. Eso es lo que las redes sociales hoy en día están cambiando, entonces se están dando esas transformaciones y parte de los debates que estamos viendo actualmente es ver cuál es el futuro de los medios de comunicación tradicionales.

¿Cómo ganarles con este modelo a las ideas tan radicales en el otro extremo y que utilizan las mismas estrategias?

Definitivamente yo creo que hay que hacer un trabajo de desmentir todo lo que son noticias falsas y que se están viendo mucho. Además, hay que utilizar las mismas tácticas que utilizan los movimientos de extrema derecha, hay que llegarles con contenido de interés para desmentir y promover ciertos cambios de comportamiento.

Un claro ejemplo de eso es por ejemplo cómo las redes sociales han logrado convertir en algo viral el tema medioambiental. Eso lo vimos con el tema del Amazonas. Mi hijo tiene una cuenta en Instagram y porque un amigo publicó esa campaña de sensibilización sobre lo que está pasando en Amazonas se comienza a replicar. Entonces yo creo que las redes sociales pueden jugar un papel fundamental.

*Viaje por invitación de Montreal International

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