La paz le dio vida al surf en Colombia

El surfista celebra la paz que le permite soñar olímpicamente. Foto Cortesía/El Espectador

Daniel Olmos, principal referente del país en la disciplina, narra el empedrado camino que tuvo que recorrer. El rigor de la guerra, el poco apoyo y la falta de cultura. Se alista para los Juegos Panamericanos y espera estar en los Olímpicos de Tokio 2020.

Por Thomas Blanco – @thomblalin, Diario El Espectador, Bogotá

Una firma que movió olas, que polarizó al país; pero que también le dio luz verde a la práctica del surf en Colombia. Otra de las bondades de los Acuerdos de Paz.

Por más de siete años, Daniel Olmos, principal referente del surf y primer clasificado del país en su disciplina a unos Juegos Panamericanos —estará en Lima 2019—, tuvo que formarse en olas pequeñas.

Porque el Tayrona, el lugar idóneo para practicar surf, fue una zona fértil del narcotráfico; sin presencia militar del Estado y con facilidades para la producción de cocaína. Al ser un parque natural, las leyes protegían la erradicación del cultivo de coca con químicos como el glifosato.

“No podíamos ir allí, donde mejores olas hay en el Caribe. Así pasaron los años, hasta que pudimos volver al Tayrona y entrenar con olas de verdad, con olas power. Todo este tema de la guerrilla nos atrasó diez años en el turismo y en la práctica de nuestra disciplina”, apunta Daniel Olmos en charla con este diario.

Por más de siete años, Daniel Olmos, principal referente del surf y primer clasificado del país en su disciplina a unos Juegos Panamericanos —estará en Lima 2019—, tuvo que formarse en olas pequeñas.

Porque el Tayrona, el lugar idóneo para practicar surf, fue una zona fértil del narcotráfico; sin presencia militar del Estado y con facilidades para la producción de cocaína. Al ser un parque natural, las leyes protegían la erradicación del cultivo de coca con químicos como el glifosato.

“No podíamos ir allí, donde mejores olas hay en el Caribe. Así pasaron los años, hasta que pudimos volver al Tayrona y entrenar con olas de verdad, con olas power. Todo este tema de la guerrilla nos atrasó diez años en el turismo y en la práctica de nuestra disciplina”, apunta Daniel Olmos en charla con este diario.

El barranquillero de 29 años, patrocinado por Corona, no olvida cómo consiguió su primera tabla de surf. Brother, yo era un Rocket Power, le hacía a todos los deportes. Era inquieto. Hasta que un día escuché que en mi ciudad había un campeonato panamericano que traía surfistas profesionales. Eso es como ver los X Games en vivo, era un sueño. Yo quería ser uno de esos. Ese torneo fue una revelación para mí, brother: ahí descubrí lo que quería ser. En ese campeonato había un atleta de Costa Rica, tenía poca plata y esperaba devolverse con el dinero que ganara, pero le fue mal. Mi papá terminó hablando con él en el bar y le compró la tabla. Todas las personas que vi ese día ahora son compañeros y rivales míos del Tour. Los mismos que tenía de afiches en el cuarto.”.

Sin embargo, el camino para volverse profesional fue empedrado. Empezando por el no rotundo de su familia, una familia tradicional. Deambuló por la universidad, estudió dos carreras: administración de empresas y producción de radio y televisión. Nada lo llenó como el mar. “Me decían que cómo iba a meterme en un deporte que no apoya el país. Hoy les he demostrado a todos que sí se podía. Yo empecé cuando no había clubes, ligas ni federación de surf. Es lindo dejarles un camino a las nuevas generaciones, uno que yo no tuve”.

El surf ya es una disciplina que es reconocida por Coldeportes y estará por primera vez en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Allá espera estar Daniel. “Tengo las condiciones, como dije; a nivel de experiencia estoy atrasado por el tema de la guerrilla y la cultura. Hay una desventaja, pero papá, ¡uno es guerrero y va con toda!”.

El hombre que tejió el camino del surf en Colombia fue Jorge Júnior Albor Argüelles, más conocido como Yoyi. Un hombre que aprendió a surfear en las playas de Puerto Colombia en una modesta tabla de madera de la cama de sus abuelos. Y después, ya en una de surf, llegó, gracias a que su mamá empeñó su máquina de coser, y empezó a tener reconocimiento internacional. Con él empezó todo. Pero los fantasmas de las drogas estuvieron ahí. Y a sus 38 años, el pasado 12 de febrero, recibió seis balazos que acabaron con su vida.

“Wow, se me acaba de erizar la piel. Yoyi primero fue mi profesor, luego mi faro, amigo y hasta rival”, agrega Daniel, quien reconoce que el surf carga con ese estereotipo de rumba y desorden. “Este deporte no es compatible con la fiesta. Tienes que estar con los cinco sentidos, puedes pasar un mal rato”, agrega.

El surfista colombiano quiere hacerle un llamado al mundo entero. Los tentáculos de la guerra son historia. “Tenemos dos mares: el Caribe y el Pacífico. El primero tiene una extensión de playas desde La Guajira hasta Cartagena. Son lugares excelentes para aprender a surfear. Son muy pocos lugares donde el mar es caliente, no es pesado y el fondo es de arena. Con esas tres cosas, brother, podemos traer un 60 % más de turismo. Un gringo paga US$200 en otro país en un mar helado, con botas para que no se pulle con los erizos y encima de piedras. Y en el Pacífico hay una ‘Indonesia’ virgen escondida. Olas perfectas para un nivel de surf más avanzado. Hay que mostrarle al mundo esta información”.

Con la camiseta de su Júnior de Barranquilla seguirá recorriendo el mundo a través de las olas. ¿A qué le tiene miedo Daniel Olmos? Al mar. “Uf, le tengo un respeto. He aprendido a controlarme en momentos de pánico, porque han pasado accidentes. Cada vez que entro, tengo nervios, quedo en manos de Dios

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