La inflación y la Bienestarina

Bienestarina. Foto Blu Radio

Salomón Kalmanovitz

En noviembre de 2022 la variación anual del IPC fue 12,5 %, 7,2 puntos mayor que la reportada en el mismo periodo del año anterior. Se trata de la inflación más alta en 30 años y desató presiones sociales que culminaron con el aumento del salario mínimo del 16 % que le echó combustible a la inflación futura y no cobija a más de la mitad de la fuerza de trabajo del país.

La inflación en restaurantes y servicios de comida entre noviembre de 2021 y el mismo mes de 2022 aumentó más de 27 %, mientras que la electricidad también aumentó, a pesar de que este rubro está sometido a precios administrados y el Gobierno pudo presionar a los productores para aliviar a los consumidores.

¿Cuáles fueron las razones de la marcada diferencia de la inflación entre 2021 y 2022? La primera causa fue la invasión de Rusia a Ucrania a fines de febrero que disparó los precios de la energía y de los cereales (trigo y centeno) que producen las fértiles tierras negras del país invadido. El trigo se produce mal en el trópico y corresponde importarlo para hornear el pan de cada día. Lo podríamos sustituir por pan de maíz, pero no nos gusta tanto y de todos modos somos deficitarios en su producción: importamos el 78 % del consumo de maíz, incluyendo lo destinado a la alimentación de pollos y cerdos que son la base de la dieta proteínica de los colombianos.

La carne de res se ha vuelto un alimento suntuario, precisamente por las condiciones de baja productividad que caracterizan la cadena ganadera que levanta solo una vaca por hectárea. Por más que el presidente del gremio, José Félix Lafaurie, prometiera venderle 3 millones de hectáreas al Gobierno para hacer “reforma agraria” y producir más alimentos, a la fecha no se ha hecho la reserva presupuestal para cerrar la operación. Como tanto anuncio que hace el Gobierno, este tampoco ha tenido seguimiento.

Los cereales que se cultivan en Estados Unidos y Canadá bajo condiciones de alta productividad son más baratos que los producidos localmente por el gran rezago tecnológico, la escasa investigación y la ineficiencia de las prácticas productivas locales. El presidente Petro cree que erigiendo barreras proteccionistas se pueden sustituir las importaciones, pero eso pasa por imponerle sacrificios a la población que tendrá que pagar más por sus alimentos. La agricultura de las zonas con estaciones es más productiva porque el invierno protege las raíces de los cereales, mientras que los excesos de temperatura y agua pudren las raíces o favorecen la proliferación de insectos y plagas en los tristes trópicos. Petro debiera hablar menos e invertir más en ciencia y tecnología para producir alimentos nutritivos y baratos.

Uno de los alimentos que aportan a la dieta de la población pobre del país es la Bienestarina que se produce en los departamentos de Atlántico y Valle. Sin embargo, el presidente Petro habla mal de ella porque supuestamente es importada. Pero no lo es: se trata de “un alimento precocido a base de una mezcla de cereales, leguminosa y leche entera en polvo, con vitaminas y minerales y ácidos grasos esenciales y de fácil digestión”, que es barato y complementa la nutrición de la población de bajos ingresos, sobre todo de la primera infancia. El alimento es distribuido gratuitamente por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ahora bajo la dirección de la experta nutricionista Concepción Baracaldo.

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