La ética como resistencia

Javier Darío Restrepo (Q.E.P.D.)

Editorial

Escribía Javier Darío Restrepo, hace poco más de un mes, que “como punto de partida hay que aceptar el hecho real de que la objetividad total es imposible”. Es, además, “pretencioso creer que uno puede ser objetivo. Y esto porque la verdad absoluta está fuera del alcance de los humanos”. Sin embargo, no podemos olvidar, sugirió, que “el humano siempre está empeñado en la búsqueda de la verdad, sin alcanzarla”. La conclusión necesaria es que, parafraseando a Victoria Camps, los periodistas debemos preocuparnos por ser honestos.

En un solo párrafo de su consultorio ético de la Fundación Gabo, Restrepo resumía muy bien su labor como periodista, al mismo tiempo que nos extendía un reto a todos los que ejercemos este oficio: no podemos olvidar que nuestra deuda con la audiencia es, y siempre ha sido, la sinceridad. Su voz, que fue esencial por tantos años, será extrañada en toda América Latina.

Restrepo falleció a sus 87 años el domingo pasado en Bogotá. Acababa de regresar del Festival Gabo, donde insistió una vez más, sin cansancio y sin atisbo de cinismo, en la importancia de la ética para enfrentarnos a este mundo de noticias falsas y caudillos que quieren manipular la realidad. Su acto de resistencia fue recordarnos que el periodismo sin ética no es periodismo, que no podemos informar sin reflexionar sobre nuestras fuentes y la consecuencia que tiene lo que se publica. Hace poco escribió en El Heraldo que la única manera de enfrentar la crisis de financiación es retomar ese lazo con la audiencia, ese pacto de confianza.

El periodismo latinoamericano está de luto porque reconoce que se fue uno de los mejores exponentes de nuestro oficio. Empezó en 1957, en televisión, donde estuvo 27 años, de los cuales 18 serían en el noticiero 24 Horas. Escribió 22 libros, se ganó el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en 1985 y 1986, así como el del Círculo de Periodistas de Bogotá en 1993. También fue columnista de El EspectadorEl TiempoEl Colombiano y El Heraldo. Desde el 2000 dirigió el consultorio ético de la Fundación Gabo, espacio que utilizó para escribir más de 2.000 recomendaciones y ayudar a responder las preguntas más difíciles de nuestro oficio.

En estos 19 años de consultorio, a Restrepo le tocó enfrentar el cambio vertiginoso de un oficio que se democratizó gracias a la aparición de internet y la abundancia de nuevas formas de contar historias. Con esto, también llegaron todas las nuevas armas de manipulación de la opinión pública, gracias a los algoritmos que privilegian las tribus cerradas en torno a una sola “realidad”. Su respuesta, aunque adaptada a la época moderna, siempre fue la misma: regresar a la honestidad, la pluralidad de fuentes, el examen crítico de las distintas versiones, y a entender que nuestra verdad siempre es provisional y está llena de vicios.

Nos unimos a las voces que han lamentado la partida de Restrepo. Expresamos nuestras condolencias a su familia y recordamos a quien, como bien dijo la Fundación Gabo, “era un pilar y guía en el ejercicio del periodismo ético en Iberoamérica”.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a elespectadoropinion@gmail.com.

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