La despedida venenosa de Zapateiro

El general Zapateiro y su intervención política en la campaña electoral, motivó su renuncia, pero no se fue. (Foto Raul ARBOLEDA / AFP)

Cecilia Orozco Tascón

¡Qué larga despedida la de Zapateiro! Circula, por ahí, el facsímil de una carta de solicitud de retiro del servicio activo escrita con letras góticas sobre un papel amarillento con el que pretende darse un aire de presunta autenticidad medieval a la misiva. En contraste, el aspecto de la firma, esa sí auténtica, nos devuelve a un presente rústico, sin pulimentos (ver). Tras este peculiar documento se encuentra el inefable general Eduardo Zapateiro a quien uno puede definir como un loquito con charreteras que lamentó, a nombre del Ejército Nacional, el fallecimiento del macrosicario del capo Pablo Escobar, alias Popeye, con el argumento de que “ha muerto un colombiano, haya pasado lo que haya pasado” (ver); a quien otro también puede calificar de “gran patriota” porque sabe exhortar soldados; o a quien otro más puede medir como simple mandadero del gobierno que termina el 7 de agosto a las tres de la tarde. La carta de renuncia fue presentada, si nos atenemos a la veracidad de la fecha impresa en el “papiro” del general, el 19 de junio, día en que se celebraron las elecciones presidenciales del triunfo del candidato Gustavo Petro que había sido confrontado, de manera insultante, por Zapateiro dos meses antes (ver), también por escrito pero, esta vez, mediante la plataforma Twitter en donde publicó una serie de trinos de baja factura cuyo contenido y tono (“Los colombianos lo han visto a usted recibir dinero en bolsas de basura”) parecían más de un extremista tipo mariafernandacabal, que de un alto militar que respeta la Constitución cuya letra prohíbe el activismo político de las Fuerzas Armadas.

Si hubiera tenido verdadero sentido del honor y si el pergamino falso le hubiera sido presentado al presidente de la República la noche en que se conoció que el próximo jefe de Estado sería Petro, Zapateiro se habría ido horas o días después. Sin embargo, la Casa de Nariño solo permitió la divulgación de la noticia al finalizar el mes de junio y con un condicionamiento: se extendía su vigencia como comandante del Ejército hasta el 20 de julio. Ningún militar de alto rango decide la fecha exacta de su retiro: está sometida a la voluntad del presidente. Y, ni para qué repetirlo, Zapateiro cuenta con la de Duque. Ningún militar publica mensajes de alta sensibilidad electoral y se queda como si nada en su puesto, a no ser que cumpla órdenes superiores, tal como lo ratificó el saliente mandatario con el respaldo que le dio a la altanería del comandante del Ejército (ver). Ningún militar con verdadero sentido de la dignidad se despide más que un borracho frente a las tropas, en medio de pompas y ceremonias, ni tiene oportunidad de hacerlo aunque lo pretenda, a no ser que esté ejecutando un plan de obstrucción ingeniado en el palacete presidencial, con la intención de que crezca un ambiente hostil de las fuerzas del Estado en contra del gobierno que empezará el 7 de agosto y ante cuyo jefe tendrán que desfilar los mismos que hoy escuchan las arengas destempladas de Zapateiro.

La semana pasada se celebró en la Escuela de Lanceros de Tolemaida la ceremonia de imposición de la Medalla Fe en la Causa. El tradicional evento fue manipulado por el general como si fuera un acto en su homenaje. En su discurso de adiós lanzó mensajes subversivos, de odio y rechazo implícitos a la nueva administración y, de paso, a las organizaciones internacionales. Entre muchas otras frases acompañadas de gestos dramáticos y voz patriotera, lanzó esta: “… (este es) un Ejército al que nadie, absolutamente nadie, puede tildarlo (criticarlo), puede enlodarlo, porque todos los santos días hay un soldado que fallece por su patria. Por eso, su comandante no puede tolerar que ningún colombiano ni ningún extranjero nos tilde … y, por eso, dije aquel día, y no me retracto, que dejaré muchos zapateiros que trabajaron conmigo, que sufrieron conmigo, que estuvieron conmigo…” (ver). No hacía falta que mencionara nombres y apellidos: en la mente de los uniformados estaban presentes el hombre y el Gobierno a los que se refería el general. La siembra de Zapateiro, cobijada por Duque, es de mala, muy mala cizaña y de mala, muy mala fe. Pronto sabremos cuántas despedidas más, con discursos venenosos incluidos, le organizarán a Zapateiro. Ya anunció varias en el discurso de Tolemaida: “La de hoy, sí, es una despedida; pero solamente para el 20 de julio, y para el 23, que es la ceremonia de despedida (sic)”.

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