La derrota del Gobierno en la OEA es buena noticia

Imagen las2orillas.com

Por Humbero de la Calle, Diario El Espectador, Bogotá

La derrota de Colombia en la Asamblea 49 de la OEA, que frustró la llegada de Everth Bustamante a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), no es un episodio aislado. Lamentablemente, a veces pesa más la anécdota superficial que el análisis de contexto.

En efecto, hace algunas semanas en este mismo espacio reseñé la iniciativa promovida por Colombia, en asocio de Argentina, Brasil, Chile y Paraguay. Este conjunto de países reclamaba más autonomía de los países frente al Sistema de Derechos Humanos, proclamaba la necesidad de reconocer un margen nacional de apreciación y aspiraba a que se tomaran en consideración realidades políticas, económicas y sociales. O sea, un freno a la competencia del Sistema. Una noción maleable de los derechos humanos.

Pregunté en aquel entonces si la idea, a la sazón en manos de Ordóñez, era avalada por el canciller Holmes. No hubo respuesta, pero los hechos confirmaron la sospecha. Como señaló El País de Madrid, se trataba “de limitar el alcance del Sistema Interamericano de Derechos Humanos y quitarle dientes al organismo internacional que obliga a los países a su cumplimiento”.

A las tesis iniciales se agregó algo muy grave: que las decisiones del Sistema no pudieran tocar aspectos estructurales. La Corte ha tomado decisiones con impacto estructural importante. Ejemplo, en el caso Fujimori no solo se obligó a castigar a los autores de masacres, sino que tumbó las amnistías que encubrían las responsabilidades de fondo.

O sea que no solo perdió Bustamante, sino que por fortuna perdió el proyecto de los mencionados países cuyo propósito era cortar las alas de los organismos defensores de los derechos.

Este paso desacertado rompe la tradición colombiana en la materia. Todos los gobiernos han sido defensores del Sistema. La apoteosis fue el momento de la aprobación de la Carta Democrática, en la cual se solidificaron sus organismos. Me tocó presidir las deliberaciones siguiendo instrucciones de Andrés Pastrana y de Guillermo Fernández. Fue un momento de aplauso profundo a Colombia. Por cierto, ¿qué hace Pastrana frente a eso? ¿Las necesidades de coyuntura le han hecho olvidar uno de sus logros importantes?

Pero además, muerta la candidatura de Bustamente, Colombia quedó por fuera de la Comisión. Derrota diplomática en toda la línea.

En este caso no vale la tradicional partición argumental entre izquierda y derecha. Gobiernos de izquierda han atentado también contra el Sistema: Chávez, Correa, Evo y Ortega han utilizado argumentos semejantes.

Si algo faltara, Bachelet en Naciones Unidas acaba de rendir un duro informe sobre derechos humanos en Venezuela. Aplausos. Sólido y merecido.

Lo curioso es que la respuesta de Maduro, en esencia, cultiva la misma línea de Ordóñez/Holmes.

No solo perdimos por votación un escaño en la CIDH. Perdimos nuestro lugar en la diplomacia del continente.

Coda. Como lo muestra Cathy Juvinao, se requiere desinfección inmediata del Congreso porque hay un virus resistente. Se ha presentado un número descomunal de excusas médicas que se basan casi todas en virus respiratorios. O se esteriliza el Congreso, o se retira a los ausentistas. Si no por vagos, por enfermitos.

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