Jorge fue Barón domado

Por Óscar Domínguez Giraldo

De humilde pero altiva cama-cuna tolimense, el infatigable empresario y presentador de televisión Jorge Barón arrancó desde abajo. Sin padrinos, sin lazarillos, sin cirineos, pero con hartas ganas de salir adelante en la vida, como dice las mamás. Desde el frío sótano de los n.n. se trepó al hall de la fama y allí se amañó. 

Acaba de recibir el premio Guinness al programa  de televisión musical más antiguo del mundo: El Show de las Estrellas.  El presidente Duque lo condecoró en Palacio con todos los fierros.

Originalmente, Jorge se dejó apellidar Varón pero discrepancias con su taita lo llevaron a cambiar la v corta por la b larga.

Nunca le dejó nada al azar. Ni a la suerte. El éxito no fue un amor a primera vista. Tampoco ha sido fruto de una mojada acalorado. Ha camellado, camellado y camellado. Jorge Eliécer Varón Ortiz, su gracia completa, empezó en emisoras de pedal en su Ibagué natal.

Con la voz entusiasmo, la patadita de la buena suerte, una especie de liquiqui blanco que suele utilizar en sus presentaciones y otros inventos de corte populista, Barón eternizó el Show de las Estrellas, su programa insignia.

El sonriente Barón es un estudio de televisión caminando. Quienes han trabajado a su lado, afirman que conoce el oficio de la televisión desde abajo. Nadie le puede meter goles. Desde hace años, nuestro Luis XIV criollo decidió que el presentador soy yo. Sólo aceptaba ser el jefe de sí mismo. De pronto se pasa memos con copia a su intensa hoja de vida.

En su mandato, el presidente Uribe le afrijoló la Orden de Boyacá en el grado de Gran Cruz. Esa Orden fue la versión uribista de la patadita de la buena suerte que Barón les aplica a los invitados a su programa que soportan estoicamente el patadón. Donde manda capitán… 

Su libro «Mis primeros 40 años» fue prologado por el expresidente Belisario Betancur quien se refugió en alguna isla griega el día del lanzamiento. A falta de Belisario, su hijo el ex Delfín Diego fue el encargado de presentarlo en la sociedad de los autores vivos.  

La dosis de «baronmanía» que se dio en su libro con motivo de sus primeros 40 años, fue de película.

Editorial Grijalbo se encargó de la carpintería de volver un libro bien hecho las audacias de Barón. Si no ha sido el libro más vendido ni más leído, ha sido el más regalado. Hubo un momento en Colombia en que nadie podía saludar a Barón porque le daba con el libro en su biblioteca.

Barón se rinde culto a sí mismo. Se tiene mucho cariño. Se da piquitos de felicitación en los cachetes. No tiene que preguntarle al espejo quién es el mejor, el más bueno, el más audaz en televisión. Porque no miente, claro.

El exigente ibaguereño, hincha del DeportesTolima, claro, no sólo es el dueño de su propia fama. También tiene a sus pies la de miles de hombres y mujeres del espectáculo que le han cantado en su programa televisivo que, según el expresidente Uribe, es para los “sisbenizados”. Claro que de reojo lo ve hasta el estrato seis, pero se calla la jeta. 

Con la excepción del expresidente Alfonso López quien en alguna ocasión se dejó de prólogos, vallenatos, ensayos, sesudos análisis políticos, mujeres bonitas y de escribir sobre trasgénicos en El Tiempo, y biografió a este varón domado por su trabajo en el mundo del espectáculo.

Tal vez la frase reina la dijo una vez Barón  para el desaparecido diario pastranista  La Prensa. Aseguró que Dios hace las cosas perfectas y que él es una hechura de Dios. La humildad y la virginidad son virtudes negativas, pensará el hombre fuerte del Tolima, nacido el 29 de junio de 1948, dos meses y pico después del 9 de abril.  

En cualquier momento sorprende con un nuevo afro, nueva sonrisa, nuevos cordones, nuevo bolígrafo, nuevo caminado a lo Jorge Barón. Eso sí, con el mismo ¡eeeeeentusiasmo! de siempre,  corregido y aumentado. La fórmula ha funcionado. ¿Para qué cambiarla? Tenemos Barón para largo. (Este perfil ha sido sometido a labores de latonería y pintura).

ENTREVISTA 

Lo que más extraña de Ibagué.

Añoro instantes de mi niñez al lado de mi madre.

¿Por qué se cambio el Varón por Barón?

La decisión fue el resultado de un acto de rebeldía con mi padre.

¿Cuál fue su primer trabajo en radio?

Era transmisorista, control y locutor de 12 de la noche a 6 de la mañana en La Voz del Nevado, en Ibagué.

¿Cómo le fue en ventas a su libro ‘Mis primeros cuarenta años’?

Se realizaron dos ediciones de 5.000 ejemplares cada una.

¿Qué pasó con ‘20/20’?

Fue pionero en las noticias de farándula.

¿Por qué escogió los medios como modus comiendi?

Desde que tenía seis años de edad vivía obsesionado con los micrófonos, me inscribía en cuanto concurso de canto y de locutores había.

Lo más difícil de ser presentador.

El peso del gran compromiso que me une al público.

El programa que lo marcó.

El show de las estrellas me ha acercado a la Colombia real.

El mejor recuerdo que tiene de su programa ‘Embajadores de la música colombiana’.

Fue el primero de la televisión nacional que se transmitió internacionalmente.

¿A qué le pone ¡entusiasmooo!?

A todo lo que hago.

Una presentación inolvidable.

Embajadores de la música colombiana en el Madison Square  Garden de Nueva York.

¿En dónde le gustaría hacer un concierto?

En Beijing, China.

El mejor artista que ha tenido en tarima.

Recuerdo especialmente a Antonio Prieto, un cantante chileno excepcional y, por supuesto, a Raphael, por algo lo llaman el monstruo de la canción.

¿Quién le da la patadita de la buena suerte a usted?

La alegría del público que cada 15 días se reúne en torno a nuestra tarima es mi mejor augurio.

¿Y a quién le gustaría dársela?

A Colombia, mi amada patria.

Si no estuviera en el mundo del espectáculo, ¿a qué se hubiera dedicado?

Quizás a la diplomacia.

¿Cómo se define?

Como un hombre sensible, apasionado, soñador y muy patriota.

¿Quién hace su mejor imitación?

Un muchacho en Sábados felices hizo una estupenda imitación del noticiero Telepaís.

¿A qué le teme?

A una enfermedad que me consuma poco a poco.

¿De qué se arrepiente?

De no haberle dicho a mi padre, en vida, lo mucho que lo amaba.

Una frustración.

No ser embajador.

Algo que quisiera aprender.

Me hubiera encantado cantar, pero ya es tarde para hacerlo.

¿Se considera malgeniado?

No, sólo soy estricto.

Su mentor.

El tiempo y la práctica.

¿Qué colecciona?

Imágenes de la Virgen.

Su mejor prenda de vestir.

El traje blanco. (Entrevista para la agencia de noticias Colprensa)

De Armando Plata Camacho:

Un verdadero honor poder acompañar a mi gran amigo y colega JORGE BARON en la entrega oficial del récord Guinness por el programa musical de televisión de mayor permanecía en la historia de la humanidad. Ceremonia especial en el Salón Bolivar de la Casa de Nariño, Palacio Presidencial de la Republica de Colombia. Enhorabuena para todos los

Comunicadores y Locutores de nuestro país. FELICITACIONES!

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