Instantáneas de un mundo en pausa

Ventana indiscreta

Por Andrea Domínguez Duque

Carritos de supermercado se vuelven torres inclinadas de pizzas congeladas.

Ventanales de edificios multifamiliares ofrecen multiteatro gratis con 50 escenarios de acción en paralelo. Comedia, drama y tragedia en un sólo paredón.

Desolados estantes de papel higiénico sirven de anaqueles para letreritos peace and love que todos repiten pero nadie obedece: “lleva sólo lo que necesites, recuerda que estamos juntos en esto”. Juntos, pero no revueltos.

Tapabocas hechizos: tendencia dominante de esta primavera-verano-otoño-invierno.

Nivel de envoltura individual para salir a la calle delata grado de pánico e ingenio personal.

Grupos de WhatsApp de barrio que antes no cruzaban la barrera de la formalidad se convierten de pronto en diván colectivo con problemática estratificada.

Cielos sin aviones, calles sin smog, parques sin niños, museos sin selfies, plazas sin juegos de ajedrez, sin puñaladas, sin maíz para las palomas, sin helados chorreando por una mano infantil.

Hogares se convierten en:

a. Cárcel
b. Paraíso de la locha
c. Refugio monástico
d. Colegio
e. Oficina
f. Webcam de sexo 24/7
g. Todas las anteriores.

Dan ganas de hablar hasta con el exnovio que ni fu ni fa.

Dan ganas de hablar hasta con las paredes.

Dan ganas de no volver a hablar con nadie.

La expedición al supermercado se asemeja a la llegada del ser humano a la luna.

Las ventanas son las nuevas peceras; los niños, las bailarinas de velos naranja atrapadas en su danza atras el vidrio.

Las babas ajenas adquieren estatus de ácido y lo peor es que parece que gravitaran peligrosamente en torno nuestro.

Sólo el botón de encendido del televisor produce pánico.

Líderes mundiales con vocación de payasos se parecen cada día más a los ventrílocuos de la locura. Y siguen igual de mal peinados y de mal hablados.

Para medir el tamaño del trauma infantil de haber crecido bajo el sino de la tercera guerra mundial, basta con echar una mirada al nivel de almacenamiento de “granos” en la alacena. Pero no sólo de granos vive el hombre (ni la mujer, ni los ninis)

¿Quién iba a imaginar que la tercera guerra mundial sería contra un virus? Bill Gates y unos cuantos más.

¿Volveremos a lo mismo “cuando todo esto termine”? o “¿El mundo cambió para siempre?” Tal vez lo tomaremos como una pequeña muestra de lo que ocurriría si osamos insistir tercamente en el «viejo» modo de vida.

Los relojes ya no sirven para llegar a tiempo sino para medir cuánto corríamos.

Que si él deja las medias tiradas debajo de la cama o que si ella puso cachos el mes pasado, son hoy hechos de irrelevancia similar frente a la posibilidad de morir sin aire.

Lo mismo aplica para la dieta que no se hizo, el máster que no se terminó, el libro que no se escribió, el hijo que no se tuvo, el paso que no se dio.

Lo cierto es: el mundo se ha paralizado pero todos queremos seguir girando en él. Como dice el meme: “meta de adelgazar queda para el 2021; en el 2020 el objetivo es sobrevivir”.

* * *

Aplausos, aplausos, aplausos, cacerolazos, banderas, dibujos infantiles pegados en las ventanas: mínimas muestras de una gratitud infinitamente comprometida con los que están de puertas para afuera dando la pelea por toda la humanidad.

Miami, abril del 2020

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