Inflación desbordada

Ilustración El espectador

Salomón Kalmanovitz

La inflación registró 9,23 % en abril, cinco veces más que la de 2021, el nivel más alto en 21 años. Se dispararon los precios de los alimentos un 26 %: la carne de res subió 32 % ayudada por exportaciones récord, el pollo subió 25 % y la electricidad el 15 %.

Los factores nacionales que incidieron en la inflación fueron el alza populista del salario mínimo, con la cual Duque pensó que podía aumentar el caudal electoral de los partidos que lo respaldan, y el largo verano que diezmó las cosechas en el país y que el Gobierno no contrarrestó facilitando a tiempo las importaciones de alimentos. Algunos precios administrados, como el de la electricidad y el gas, contaron con el visto bueno del Gobierno para decretar alzas excesivas. Sin embargo, el precio de la gasolina se mantuvo congelado, a pesar de su encarecimiento internacional debido a la guerra que Rusia impuso a la desvalida Ucrania.

Para los productos del hogar, el alza de precios fue de 12 %. La manufactura nacional no ha podido competir adecuadamente con la producción de las fábricas de China, la India y Bangladés porque en Asia no solo se cuenta con mano de obra más barata que la colombiana, sino que sus empresas son más productivas, duplicando su ventaja competitiva. Aunque sus productos deben pagar altos aranceles al pasar por las aduanas del país, se multiplica el contrabando que llega abiertamente por toneladas en contenedores a la vista de todos, otra evidencia de que en el país no existe el imperio de la ley.

Colombia dejó de ser autosuficiente en la producción de alimentos hace décadas. El año pasado se importaron 3,6 millones de toneladas de maíz, trigo y soya, además de aceite de palma, a pesar de la enorme expansión de la palmicultura por todo el territorio nacional; también se importó leche (US$61 millones) y hasta ¡azúcar!, que se refina de la caña cultivada en el fértil Valle del Cauca que cuenta supuestamente con una productividad de las más altas del mundo.

En carnes de cerdo, pollo y res importamos de Estados Unidos y Argentina cerca de US$500 millones el año anterior. También importamos casi 4 millones de toneladas de maíz duro por US$1.000 millones. Como hubo una fuerte devaluación del peso frente al dólar, que volvió a superar la barrera de los $4.000 en estos días, se elevó la inflación de la proteína importada, contribuyendo a la desnutrición nacional.

Aunque hubo una revolución avícola en el país, al industrializar la producción de pollo y huevo, sus insumos deben ser importados por el retraso de la agricultura, lo cual encarece estos alimentos vitales. Así mismo, los latifundios ganaderos han aumentado muy poco su productividad, así que su oferta de carne es insuficiente para proveer proteína barata, accesible a toda la población.

Según la Organización de Naciones Unidas, 7,3 millones de colombianos requieren de asistencia alimentaria, lo que se recrudeció por el retraso en la aplicación del Acuerdo de Paz con las Farc. El aumento de la violencia provocó el desplazamiento de 61.000 personas en los primeros nueve meses de 2021, tres veces más que en 2020. Según el Observatorio de Soberanía y Seguridad Alimentaria de la Universidad Nacional, “parece que lo preocupante para el Gobierno es que se sepa que estamos en una lista, un mapa o una noticia que afecta la imagen del país, y no el imperativo de asumir (…) el hecho de que hoy en Colombia las personas hambrientas son demasiadas” (citado por Bloomberglinea.com).

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