Hombre que ama la radio

ernardo Tobón y su combo en la celebracion de los 75 abriles. (De su página de Facebook).

Por Oscar Domínguez Giraldo, Diario El Colombiano, Medellín

Después de mamá y papá las primeras palabras que aprendió Bernardo Tobón Martínez fueron kilovatio, kilociclo, transmisores, control master.

Desde sus primeros teterados ha vivido en AM y en FM. Fue de esos niños perplejos que se preguntaban por dónde se mete la gente que habla en la radio.

Con su fallecido hermano Germán y de la mano tendida y el pulso firme del fundador de Todelar, su taita, BernardoTobón de la Roche, de Rionegro, Antioquia, y de su madre, Isabel Martínez Villa, de Santa Fe de Antioquia, le tocó batutear la época de las vacas gordas y padecer el ocaso del Circuito.

Entre todos convirtieron el apellido Tobón en sinónimo de la mejor radio. Eso sí, nada de vivir del apellido: a camellar, jóvenes.

El chiquito Lleras Restrepo abandonaba Palacio, entraba Pastrana de la mano de unas elecciones sospechosas. Bogotá era un aguacero perpetuo. La gente vivía debajo de un paraguas. Todo sucedía en el centro de la capital. 

Los salarios que hoy apenas alcanzarían para un proletario corrientazo,  rendían hasta para sí fornicar y recoger vales en metededores del centro: Titanic, el Especial, Paladium, el Bar Inglés.

Técnicamente, la romántica radio, comparada con la de hoy, era artesanal. Se hacía con las uñas, romanticismo y ganas. Locutores como el Chiquito Aponte Rodríguez eran los reyes del dial. 

Las transmisiones en directo estaban en pañales. Se estilaban noticieros de media, una hora, quince minutos. Los teletipos eran máquinas de escribir que convertían el ruido en noticias.

Mandaban la parada Caracol y Todelar que dirigían el Loco Giraldo, Gabriel Cuartas y Antonio Pardo García, quien está empeñado en publicar la historia de la radio colombiana en un libro de mil páginas. Las editoriales le piden adelgazar el mamotreto.

Dirigida por Timoleón Gómez, Don Timo, Caracol, en la misma céntrica Avenida 19, necesitaba quince minutos para contar lo que pasaba en la parroquia y en la aldea global. RCN empezaba a pisar duro.

Por estos días, hacemos cola para felicitar a quien nos pagaba la quincena por sus primeros 75 años, tres hijos, tres nietos y Luchi, su musa eterna.

En sus ocios, Tobón Martínez espera que los tribunales decidan el pleito de sucesión que tienen con los Kaim. Porque Don Bernardo los sacó del llavero. No les dejó ni el loro.

En su página de Facebook, Benny, para su entorno, exhibe su sonrisa eterna y su pinta de sibarita perpetuo que no nació para pasarla maluco.

Para engordar su ego sube fotos a su página, tira línea religiosa, deja salir su furibismo, despotrica de todo lo que huela a guerrilla, hace encuestas, y practica una pasión llamada radio.

También se deja invadir por la nostalgia el play boy que es de la  época del long play y de los discos de 45 y 78 revoluciones. “Te acordás, hermano, qué tiempos aquellos…”.

Ñapa

MUY AGRADECIDOS

Uno se puede enamorar a primera vista de un kilovatio. Me sucedió con el Noticiero Todelar.

Hace  décadas llegué a las instalaciones del Noticiero de la Verdad, como se le conoció en una época, en la Avenida 19 con Carrera 5ª., en Bogotá, la esquina del movimiento radial en los dorados años sesenta, donde originaba Radio Continental. La competencia, Caracol, estaba ahí no más, calle 19 abajo.

Traía en mi maleta de viajero superávit de ilusiones,  déficit de ropita, lecturas dispersas, cuatro semestres (perdidos) de periodismo en la Universidad de Antioquia, algo que se llamaba angustia existencial, ni una sola cuartilla escrita, y muchas ganas de pegar el grito de independencia casero.

El recreo se había acabado. Decidí que había que hacer algo con mi vida cuando, en plena huelga universitaria, me ví de pronto con una siniestra piedra en mi diestra mano. “¿Y yo que hago con esta piedra, a quién se la voy a tirar?”, me pregunté. 

Comprendí que lo mío no era derrocar el establecimiento. Dejé la piedra en su sitio y deserté de la U en busca del empleo no encontrado.

Todelar-Bogotá, dirigido a seis manos por el fallecido maestro Gabriel Cuartas Franco,  Antonio Pardo y  el Loco Alberto Giraldo,  me dio un chance laboral bajo el sol, con un espléndido salario mensual de 900 pesos. (¿O serían 80?)

Don Bernardo Tobón de la Roche, fundador de Todelar, sus hijos Germán (izquierda) y Bernardo (derecha) y algunos colaboradores. La foto es de cuando los Lavalle eran los Lavalle. (Del archivo familiar)

Tengo por el Circuito de los Tobón, con el Viejo Don Bernardo a la cabeza, el amor y el agradecimiento que uno siente por la maestra que nos enseñó las primeras letras. Todavía ando en el aprendizaje.

Ingresé como patinador, como se les dice a los mensajeros de la redacción. Entre las funciones inherentes al  vital cargo, figuraba el arte de cortar cables de las agencias Ap,  Upi y France Press, cambiar las cintas de las máquinas Olivetti, viejas de tanto sudar cuartillas, y subirles las noticias a locutores como Eduardo Aponte. De pronto alguien me mandaba por cigarrillos a la esquina.

En esa radio heroica en la que  cubríamos mil fuentes, no sólo aprendimos leyendo  leades o párrafos de entrada impecables en esas máquinas que escribían “solas”, los teletipos, tan ruidosos que les debo mi oído de polvorero.

También aprendimos del enano Jorge Enrique Pulido, asesinado por la mafia, Alvarito Rodríguez, jefe de redacción, el Loco Harada de San Martín, los célebres hermanitos Eslava que hacían las noticias a cuatro  manos,  el Cabezón Juan Darío Lara, el Negro Jaime Zamora, Martha Montoya, Chucho Martínez, Ivonne Forero, Giraldo Gaitán, Bertulfo Efraín Marín, Fabio Marín, Leonel Fierro, el carasucia Jorge Graciano. Yo ejercía con el alias de Trapito

La planta regional de reporteros era de maravilla. Incluía directores competentes como Orlando Cadavid, director  de Todelar- Manizales, quien luego dirigiría a RCN nacional y a Colprensa.

Celebro dar las gracias a la empresa para la cual escribí mis primeras columnas, con el nombre de “La noticia a medias” porque la patrocinaba medias GEF, firma a la que le guardo fidelidad canina.

De nuevo, gracias, Todelar, por los favores recibidos.

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