¡Habemus trillizos!

Se dieron la libertad por cárcel. Foto ODG

Por Oscar Domínguez Giraldo, columna Otraparte, Diario El Tiempo, Bogotá



Cuando considerábamos clausurada la producción de nietos, nos acostamos aliviados y amanecimos convertidos en abuelos de trillizos.  Preciso en agosto, mes de las cometas, de los viejos y de los abuelos.

De las cometas una nieta de Gloria Zea lo dijo todo: Abuela, las cometas demuestran la existencia del viento.

De la vejez cantó el juglar argentino, Horacio Guarany: “Cuando llegues, vejez, no te insolentes, aprende a respetar a los mayores”. Le pongo papel carbón a este pliego petitorio.

Además de catanos, llevamos los inris de cuchos, veteranos, adultos mayores y, más recientemente, septuagenials, octogenials….

En mi condición de activista de la población en condición de “extraedad” como leí que nos dicen en Jardín, Antioquia, agradezco  los eufemismos, pero mejor si nos dicen viejos. Al pan, pan. 

Entre otras razones  por la vecinidad y complicidad entre los infinitivos envejecer y ennietecer. O abuelear, el verbo que amaba don Otto Morales Benítez, cuatro veces abuelo, y quien el 7 de agosto habría cumplido 99 abriles.

Escrito no está pero en los abuelos los nietos tienen bobo propio de por vida. Un nieto es la prueba reina de que es posible la inmortalidad. Y la reencarnación.

Claro que trillizos no nacen todos los días. Son escasos, como los poemas dedicados a ellos. Hay sonetos como los que el fallecido poeta Oscar Echeverri Mejía les dedicó a dos parejas de mellizos  que tuvo con sus dos espléndidas esposas.

De los mellizos Fernando y Horacio escribió: “Van de rencores y doblez, livianos, solo llevan amor, música y vino”.

De los mellizos Oscar Felipe y Carolina dijo: “Son los dos un espíritu irrompible, un solo corazón indivisible, que al unísono late en armonía”.

Pero es hora de hablar de nuestros nuevos trillizos. Se parecen como los mellizos de Echeverri Mejía, como dos chinos de la china, o como dos japoneses del Japón, o como dos occidentales vistos desde donde nace el sol. 

Los trillizos de este cuento encajan también en un poema del transeúnte Rogelio Echavarría cuando admite que “nunca cambian de canción los pájaros”.

Porque estoy hablando de trillizos con alas. De cucaracheros para ir al meollo del asunto. 

Papá y mamá cucaracheros comparten pensión con nosotros desde hace varios años. Viven en una pajarera que da al paisaje medellinese.

Su nombre científico no les ayuda mucho: Troglodytes aedon. Aunque para mitigar la desazón cabe aclarar que “aedes” les decían a los ruiseñores. Lo de trogloditas no tiene atenuantes.

Felizmente, nuestros mellizos australianos Mateo y Patrick no pierden el trono. (Foto cuando estaban de brazos, hoy tienen ocho años).

De los trillizos alados conviene anotar que nacieron bien y pronto viajaron a su hábitat entre el viento. Se dieron la libertad por cárcel.

En la foto, dos de los trillizos. El otro decidió no salir no la foto. Es de bajo perfil, como Egan Bernal, campeón del tour de Francia.

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