Gutiérrez: demuestre que “cuidará” la democracia

Cecilia Orozco Tascón

Federico Gutiérrez —a quien nunca le diría “Fico” por más que insistan sus publicistas, así como tampoco llamaría “Gus” al senador Petro— debe esforzarse por explicar lo que sucedió en la reunión subversiva que tuvo lugar en el restaurante Tienda Vieja, de la capital del Valle del Cauca, con unos 200 seguidores de su candidatura cuando un individuo, cuya identidad conocen los asistentes, pues estaba ubicado en la mesa de los organizadores, incitaba a unirse “al plan de protección y defensa de Cali” señalando que tenían que estar listos “sea el que sea el resultado (de las elecciones) … para defender los puntos vitales de los acueductos, la base aérea (Marco Fidel Suárez), la Tercera Brigada … todos los sitios estratégicos (que) tienen que estar protegidos” (ver). Ciertamente, Gutiérrez rechazó la asonada que estaba preparando el sujeto de la tarima… con una frase simplona: “Esta persona que habla en ese video no representa para nada ni mi pensar (sic) ni la campaña y que (sic) no falta el loco…”. Pero añadió otra, maliciosa: “Nada raro hasta que lo (sic) hubieran mandado de la otra campaña”. No aguanta ni como chiste: la convocatoria que se hizo en las redes tenía la imagen del candidato; muchos asistentes, previo canto del himno de Colombia y mano uribista en el corazón, portaban sus cachuchas de campaña; su nombre y figura presidían el acto desde una gran pantalla que servía de telón de fondo. Y el “loco” que organizaba esa especie de comandos urbanos de autodefensa vestía camiseta con su apodo, el mismo que uno de los más distinguidos propagandistas del aspirante presidencial creyó que gritaban miles de personas que asistían al concierto de Fito Páez cuando aplaudían al cantante (ver).

Ningún buen ciudadano y menos quien aspire a ser presidente de la República puede despachar tan grave indicio de rebelión civil armada, en este caso del extremismo derechista de la capital vallecaucana, con un “no me representa”. Gutiérrez pecaría de frívolo e irresponsable si intentara pasar la página del llamamiento del hombre de la camiseta: “cuento con ustedes porque ya son armas en pie para el que sea”, con un par de palabras. El entorno en que se dio el destape de los guerreristas del uribismo en ese evento favorecía la causa de Gutiérrez, insisto. Así que el cuento de que “nada raro que lo hubieran mandado” de la campaña de Petro no solo no tiene ni pies ni cabeza sino que es malintencionado y denota la existencia de un mal ser humano y, ante todo, de un político poco elaborado.

Hay que recordarle al candidato de las derechas, quien está enterado de las violencias de Medellín pero quien probablemente desconoce las que consumen a Cali con los agravantes del racismo y la marcada discriminación social, que hace un año y dos, cuando se desarrollaban, en medio del caos, los paros nacionales, salieron de los portones de los condominios de estrato 18 sujetos de camisetas ajustadas, pantalones estilo militar y botas, disparando contra los manifestantes de la minga o de las barriadas jóvenes, incluso con armas largas que presuntamente son de uso privativo de las Fuerzas Militares. Centenares de videos dieron fe de la connivencia, se diría más bien, complacencia, de los actores políticos y de los sectores empresariales y sociales de los clubes, con los rambos que se paseaban en camionetas blancas de alta gama como Pedro por su casa, sin que ninguna autoridad los detuviera (video de ejemplo). Federico Gutiérrez, que no Fito Páez, repite que él “cuidará” la democracia y las libertades. Es hora de demostrarlo expulsando de su campaña, si se atreve, a los ultraderechistas que pretenden dar un golpe de Estado si ellos no ganan con su candidatura.

Entre paréntesis. He recibido un mensaje intimidatorio con el seguimiento aterrador que hizo al vehículo en que me movilizaba, en horas nocturnas, una carroza fúnebre de aspecto hechizo. El conductor, oportunamente retenido por miembros de la Policía, solo atinó a decir que iba tras la camioneta porque tenía que “recoger a un fallecido”. No supo explicar qué tendría que ver el muerto con esta columnista ni quién lo había enviado tras de mí. No soy heroína, tampoco cobarde. De modo que seguiré haciendo, con responsabilidad pero sin callarme, el periodismo en que me he comprometido tanto en Noticias Uno como en El Espectador, con la decisión e independencia de criterio que ustedes ya han visto y leído.

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