Gracias es todo lo que necesitas

Dar gracias. Imagen BBC

Mauricio Salgado Castilla

@salgadomg

La expresión de la cara de Pedro mostraba toda su frustración, todo su desespero; las arrugas de la frente se veían más profundas; miraba desconsolado la inmensa llanta desinflada de su camión, precisamente, ese día que tenía tanto que hacer. Seguro perdería una hora en reparar la llanta; definitivamente, no había empezado bien su día, había olvidado pagar la cuenta del gas, luego no tuvo agua caliente, ni la forma de calentar un café. En todo ese desespero, su pequeño hijo Jorge, de solo siete años, se había levantado aún en la oscuridad de la madrugada para despedirse de él. Pedro a duras penas lo determinó; sus bracitos se quedaron extendidos porque su papá no lo abrazó, le dijo: ¨Estoy muy apurado¨; esa fue toda su despedida.

Ahora, ya con el camión cargado con las estibas con bloques de ladrillo naranja, se dirigía por la lluviosa ciudad fría; recordó que no había tomado café, esto le hizo sentir aún más frio, pero no podía darse el lujo de parar: ya iba muy retrasado, era el 24 de diciembre, el tráfico estaba imposible, tenía que hacer más viajes de lo habitual para poder tener más dinero para los gastos de la temporada navideña.

Sus pensamientos iban perdidos en la tristeza de su vida; ya no recordaba la última vez que sonrió.

Aceleró su pesado camión Mack, tratando de compensar el tiempo perdido de la mañana; los dos tubos de escape parecían viejas chimeneas, votaban humo negro, esparciendo ese hollín por todas partes; este es otro problema que lo agobiaba, tendría que retirar su viejo camión; no tenía el dinero para comprar uno que cumpliera con las normas ambientales.

Simplemente acelero a fondo, como tratando de disipar sus preocupaciones en ese humo negro. Sin saber de dónde, apareció rebotando una pelota de caucho azul con letras; vio en el borde de una zona verde a un niño como su propio Jorgito, listo para lanzarse a recogerla; piso con fuerza el pedal del freno, toda la estructura del camión se estremeció, empezó a temblar, las llantas más gastadas de lo normal estaban deslizándose sobre esa capa de agua, que no había dejado de caer en toda la noche.

Todos los pensamientos se dirigieron a ese niño; le pareció ver en sus ojos negros, los de su hijo Jorgito, muy abiertos con una expresión de asombro, de terror, ¿Cómo era posible que su propio papá lo fuera a arrollar?

Pedro siguió apretando el pedal del freno, como si la existencia de todas las personas dependiera de eso. El niño fue avanzando como en cámara lenta; la pelota ya no rebotaba, parecía que unas fuerzas invisibles la hubieran detenido frente a la inmensa parrilla del camión. Pedro tocó el pito de aire y el ruido estridente rompió la realidad: al niño, con su blue jean gastado por los muchos juegos, le pareció ver el bulldog de la parrilla, símbolo de camiones Mack, como un gran monstruo que rugía y echaba humo, mientras se abalanzaba sobre él y su pelota. 

Los otros niños que estaban jugando con el pequeño Luis, estaban en el borde de la acera gritando desesperadamente como tratando de que sus gritos detuvieran el inmenso camión rojo, que no dejaba de patinar.

Como si una fuerza mágica existiera, el monstruo rojo se detuvo con todas sus 50 toneladas de peso; Pedro saltó de la cabina, su cara roja de furia, de angustia; el camión había quedado atravesado en la vía, muchos carros ya se habían aglomerado detrás de esa mole llena de bloques naranjas.

Las personas empezaron a acercarse esperando encontrar la escena más horrorosa en plena Navidad. El pequeño niño se había resbalado en el asfalto mojado, estaba en el piso a escasos centímetros del camión.  Pedro se abalanzo sobre el niño, lo levantó con sus grandes brazos; parecía un títere; de pronto, otra vez vio esos ojos negros, muy abiertos, unas lágrimas de susto habían hecho surcos en sus sucias mejillas, pero no le había pasado nada, Pedro al ver que estaba bien, abrió la boca para regañarlo, pero el pequeño Luis simplemente abrió su boquita y le dijo: ¨gracias¨, mientras abrió sus pequeños brazos para abrazarlo. 

Los gritos que iban a salir por la garganta de Pedro, se detuvieron de inmediato; pareció que el tiempo se detuviera. El propio Einstein no hubiera podido tener un mejor ejemplo de la relatividad: nadie supo cuánto duraron esos segundos que se volvieron eternos, que ahora en la mente de todos, quedaron grabados de por vida. 

Luisito se acercó a este inmenso hombre que no conocía, le abrazó las piernas y le dijo nuevamente ¨Gracias¨. Ahora Pedro, con sus manos callosas, abrazó a este niño como si fuera su propio hijo. Esa palabra que me has dicho, me devolvió todas las sonrisas que no había tenido desde la última Navidad, le dijo ahora con una amplia sonrisa, que parecía que habían desaparecido las arrugas de la mañana. 

Las gracias de Luisito, le dieron paz, tranquilidad; le dieron sentido a su vida, la razón de sus madrugadas frías, de su trabajo hasta tarde en la noche; parecía que las gracias lo hubieran llenado de energía, de la fuerza más poderosa del universo; es como si hubiera encontrado la fórmula que los científicos han estado buscando por siglos, la que los alquimistas nunca encontraron, pero ahora Pedro la tenía.

Son muchas las cosas que han pasado desde la última Navidad; muchos han sufrido: personas queridas que ya no están; a los que la vida se les rompió, cómo cuándo la porcelana más cuidada de la casa se cae al piso. 

Pero ahora, en plena Navidad solamente quiero decir ¨Gracias¨, es mi palabra favorita, no he encontrado una cultura o idioma que no tenga una palabra para dar las GRACIAS.

Quiero darte las GRACIAS en diferentes idiomas, aprovecho el portal para decirte:

Quechua: Paschi

Aymara: Pachiqaña

Guaraní: Aguyje

Náhuatl: miacpa Arabe: shokran

Japonés: Arigato

Chino: duō xiè

Hindi: dhanyavaad 

Hebreo: Todá rabá

Inglés: thank you

Francés: merci

Italiano: grazie

Portugués: obrigado

Alemán: danke

Holandés: dank

Danés:Tak

Sueco: tack

Noruego: takk

Finés: kiitoksia

Ruso: spasibo

Polaco: dziękuję

Checo: Děkuji

Esloveno: dober dan

Eslovaco: Niet za čo

Croata: Hvala

Serbio: Dobro

Espero que la tranquilidad, las sonrisas, te acompañen hasta la próxima Navidad y por siempre. 

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