Gracias a unos besos con whisky nació “Sabor a mí”, el bolerazo inmortal

Alvaro Genaro Carrillo, el compositor mexicano del bolero más interpretado por los cantantes del mundo

Por Guillermo Romero Salamanca

Seguidores del bolero –uno de los ritmos que ha dominado el espacio romántico en los últimos 120 años—hacen apuestas para saber cuál podría ser la más excelsa versión de “Sabor a mí” entre Armando Manzanero, Bebo Valdés, Dámaso Perez Prado, Eydie Gormé, Isabel Pantoja, Javier Solís, Rolando Laserie, José José, Lucho Gatica, Luis Miguel, Pedro Fernández, Alejandro Fernández, Pepe Aguilar, Manoella Torres, Mari Trino, Los Ángeles Negros o de pronto Andrés Cepeda, Monsieur Periné o Natalia Lafourcade. 

“Sabor a mí” encierra todo un poema, una vida, una inspiración y tema obligado para serenatas y dedicatorias entre enamorados.

La compuso el maestro mexicano Álvaro Genaro Carrillo Alarcón. Aunque el hombre de Cacahuatepec en Oaxaca deseaba estudiar agricultura, lo cierto es que pudo más la bohemia y su deseo interior por componer. Escribió más de 300 canciones.

“Adiós a Chapingo”, “Amor mío”, Arrullo”, “Cada muchos años”, “Condénala”, “Diariamente”, “De qué sirvió quererte”, “Dos horas”, “Eso”, “Grito”, “No te vayas no”, “Un segundo después” y desde luego “Sabor a mí”, son algunas de sus canciones.

Cuentan que cualquier motivo era preciso para que el maestro compusiera. 

La canción «Sabrá Dios» la compuso porque compró un timbre postal en una oficina de correos y lo atendió una mujer. Al pedirle la cuenta, Carrillo le preguntó: «¿Cuánto va a ser, señora?», a lo que la mujer respondió: «Señorita, por favor». El maestro le contestó, entonces: «Sabrá Dios». Al llegar a su casa, ya tenía listo el tema de la canción.

Tenía la costumbre de fumar y quedarse dormido, despertaba cuando el cigarro estaba quemándole los dedos. 

Adolfo López Mateos, por entonces presidente de la República mexicana, lo mandaba buscar. Lo llevaban y cantaba para él y para Dora María. Una vez, el presidente le dio un cheque en blanco: «¿Cuánto le ponemos?», le preguntó, y el maestro respondió: «Yo no sé, lo que tú quieras…: no debo abusar».

Álvaro Carrillo contaba que, con sus compañeros de estudios, llevaba serenata a las jóvenes que pretendían, en los poblados aledaños a su escuela, cambiando el nombre de la canción según la chica. 

El maestro falleció en un accidente de tránsito en la tarde del 3 de abril de 1969.

Músicos de las generaciones actuales como el grupo colombiano Monsieur Perité también llevan ese «Sabor a mi» en su repertorio.

“El maestro Álvaro Genaro Carrillo es uno de los más grandes compositores de América Latina. Le han grabado e interpretado sus canciones figuras como Rocío Durcal, Eyde Gorme, Natala Lafourcade, Ana Belén, Dulce, Dyango, Los Galos, Gloria Estefan, José Feliciano, Ana Gabriel, Julio Iglesias, Eugenia León, José José, Chavela Vargas, Frank Sinatra, Marco Antonio Solís, Luis Miguel, Yuri, Javier Solís, Andrés Cepeda y Monsieur Periné”, entre otros, comenta César Ahumada, gerente de Sayco.

LA HISTORIA DE SABOR A MÍ

La historia la cuenta, según Mario Carrillo, hijo del compositor, cómo nació la canción:

“Sucedió en diciembre de 1957, cuando en la cena de Navidad, ya estando comprometidos, Álvaro Carrillo tomaba Whisky y entre trago y trago le depositó un beso a su novia Anita, mi madre.
Ella como buena mujer, le empezó a reclamar que estaba tomando mucho, sugiriendo que dejara de hacerlo.
Pero Álvaro hacía “mutis” para servirse otro whisky y así, sorbo tras sorbo y beso tras beso, los reclamos se hicieron rutina.
En una de esas, Anita le dijo a Álvaro Carrillo que de tanto beso ya la estaba emborrachando, que ella sin tomar nada ya tenía en la boca el sabor a Whisky; Álvaro, tras una breve pausa, le reviró y le dijo: “lo que tienes en la boca no es sabor a Whisky es… sabor a mí”.
Ambos, cómplices de la poesía, entendieron en ese momento que la frase suscitada de ese reclamo era una sentencia poética que debía convertirse canción.
Anita –mi madre– la anotó como tarea para Álvaro y, rompiendo su sobriedad, tomó un trago del vaso de mi padre y brindaron por el que sería, probablemente, el éxito más grande que haya compuesto”:
— Sabor a mi —
«Tanto tiempo disfrutamos, de éste amor
nuestra almas se acercaron, tanto así
que yo guardo tu sabor
pero tú llevas también… sabor a mí
Si negaras mi presencia en tu vivir
bastaría con abrazarte y conversar
tanta vida yo te di
que por fuerza llevas ya… sabor a mí
No pretendo ser tu dueño
no soy nada yo no tengo vanidad
de mi vida, doy lo bueno
yo tan pobre, qué otra cosa puedo dar
Pasarán más de mil años, muchos más
yo no sé si tenga amor la eternidad
pero allá tal como aquí
en la boca llevarás… sabor a mí.»

“Sabor a mí”, se ha grabado en idiomas distintos al español: japonés, inglés, francés, alemán, mandarín, portugués, ruso, italiano, zapoteco.
Le ha dado la vuelta al mundo en una interminable cantidad de voces y de veces.
Sus grabaciones deben ser contadas en millones.
Desde que fue éxito (1960), jamás ha dejado de ser interpretada.
Es un himno al amor y a la identidad, y contiene una cualidad que el compositor oaxaqueño Gil Rivera describe muy bien y le llama “frescura”, pues dice: “que si se le canta a una adolescente de 15, a una mujer de 25, a una señora de 40 o a una abuelita de 70; todas ellas sentirán y escucharán el mismo mensaje de amor con el que fue escrito”.

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