Gilberto era la línea recta (Entevista con la esposa de Gilberto Echeverri Mejía)

Gilberto Echeverri Mejía y su esposa Martha Inés Pérez. Fotos Las2orillas

Hace 19 años, el 5 de mayo, las Farc asesinaron al gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria, a su asesor de paz, el exministro de Defensa, Gilberto Echeverri Mejía y a nueve militares que estaban con ellos. Retomo una entrevista que le hice hace seis años la esposa, doña Marta Inés Pérez. Od

Por Óscar Domínguez Giraldo

La primera vez que se conocieron ella tenía  8 años. Siguieron viéndose.  A sus quince coincidieron en una fiesta. Vinieron los boleros, el flechazo, el amor, el noviazgo… y  41 años de matrimonio.

Doña Marta Inés Pérez  cuenta que la última vez  que habló con su esposo, Gilberto Echeverri Mejía, fue el 20 de abril, hace 20 años “cuando Guillermo (Gaviria, entonces gobernador de Antioquia, del cual Echeverri era asesor de paz) lo llamó varias veces para que fueran a Santa Fé de Antioquia a acompañarlo a la marcha por la paz y a la celebración de la misa en el municipio de Caicedo. Cuando salió de la casa me dijo: ‘Yo no quiero ir pues no me parece que debamos ir a Caicedo. Me voy a convencer a Guillermo de que termine la caminata con la celebración de la misa en Santa Fe. Vieja, me voy por lealtad con mi jefe’”.

Las Farc, que no saben de lealtades, lo secuestraron y lo asesinaron después en un frustrado operativo militar de rescate. También sacrificaron al gobernador Guillermo Gaviria y a un grupo de militares.  

Gilberto Echeverri y el entonces gobernador de Antioquia Guillermo Gaviria, horas antes de iniciar la marcha de La Paz que terminó con el secuestro y el asesinato de ambas personalidades a manos de las FARC.

Para doña Marta Inés, “Tejito” en la semántica familiar, “son todas personas que dieron su vida por la patria y por lograr la paz que tanto necesita Colombia. Ojalá que la memoria no se pierda con los años y no se olviden de tantas personas que han sacrificado injustamente. Ojalá que no  solo los recuerden con cariño, sino como ejemplo para las nuevas generaciones”.

Está de acuerdo con el proceso de negociaciones que se adelanta con las Farc en La Habana. “Espero que muchos de sus pensamientos estén plasmados en estas conversaciones. Lo que sí creo es que su sacrificio desató este proceso”.

Desde las montañas 

Durante el cautiverio, la  radio remplazó esa larga conversación entre dos que es el matrimonio. Ella le enviaba conmovedores mensajes que los colombianos recordamos. En su voz, Echeverri descifraba el estado de ánimo de quien apodaba “Vieja” o “La Cabra”. Sus palabras eran el maná del cautivo como lo recuerda en su libro “Bitácora desde el cautiverio” (Editorial EAFIT).  

“Es un libro que recoge su pensamiento. Además, un ejemplo para todas las familias y personas en este tiempo en el que los valores se han perdido y las familias se están desbaratando. Es un ejemplo de vida”, dice doña Marta Inés. 

Las memorias de un secuestro y una filosofía de vida de Gilberto Echeverri Mejía.

A lo largo del libro el autor prolonga desde las selvas de Colombia su amor por el país, su afán de conjugar hasta el final el verbo servir. No se quedó con nada para él. “Estaba feliz trabajando en Occel hasta que lo llamó el presidente Samper quien le insistió mucho y al fin aceptó. Decía que él le tenía que retribuir a Colombia todo lo que este le había dado y que no iba a ser ministro de guerra sino de paz”, comenta.

“La Bitácora” es un libro en busca de lectores. Difícil encontrar un testimonio tan lleno de alegría de vivir y servir. Hay entrega, optimismo, dolor y frustración. No tiene presa (página) mala. El exministro critica la dirigencia criolla reacia al cambio.

La familia Echeverri Pérez.

Saca tiempo para agradecer – y criticar-  a la radio la manera, muchas veces ligera,  como informa sobre las aproximaciones gobierno-guerrilla.

“Toto” para su familia, el festivo y mamagallista “Ratón” Echeverri para los periodistas,  era obsesivo en la búsqueda de la reconciliación.  “Su interés era dejarles a los niños una Colombia en paz, en donde todos cupiéramos y tuviéramos oportunidades. Le dolía la pobreza y los niños sin futuro. Eso no lo dejaba dormir”, dice doña Marta Inés.

Un ladrillo para la educación

En el campamento donde fueron asesinados, los militares encontraron otro libro de puño, letra y corazón del exdirector del Sena: ”Un sistema educativo para construir desarrollo y un país justo, equilibrado y en paz”. 

Se trata de un libro rojo editado por la Secretaría de Educación para la Cultura. Incluía instrucciones a tres funcionarios del PLANEA: Pacho, Angelita, Beatriz. “El ladrillo”, como lo denominó el propio autor, es para “enmendarlo, corregirlo, adicionarlo, reestructurarlo… o tirarlo a la basura”.

En la nota introductoria les decía que “trabajo en condiciones muy difíciles. En nuestra caleta vivimos trece personas. Ello equivale a trece radios en diferentes emisoras. Unos son carpinteros, otros escriben, cantan leen, hacen gimnasio u otros ejercicios”.

Convertido en improvisado carpintero, el ingeniero eléctrico de la Pontificia Bolivariana con estudios complementarios en Europa y Japón, con la ayuda de sus compañeros de cautiverio talló un ajedrez para su nieta Camila, destinataria de muchos de sus textos, como éste en el que le dice: “No haber asumido el riesgo de buscar la paz, habría sido un fracaso”.

En la introducción al libro rojo, el autor enfatiza que “los colombianos somos unos seres con una personalidad compleja y muy difícil de comprender. No nos gusta aceptar la realidad, aun cuando tenemos la inteligencia para entender qué nos pasa y por qué. Pero como la solución es dura y nos exige conceder a los demás muchas cosas, recurrimos a toda clase de fórmulas para no asumir el costo”.

La alegría de vivir

Echeverri, ejecutivo de lavar y planchar, era una fiesta, la encarnación de la alegría de vivir. La patria empezaba en su familia: su esposa, sus hijos Lina María (Mona), Jorge Ignacio (Pirry)  y Carlos Arturo (Mono), sus nietos Camila, Simón y Tomás. (Se tenía confianza para poner apodos. A quien escribe estas líneas le decía Groucho, por sus bigotes).

¿Cómo es un día sin él?, le pregunto a doña Marta Inés:  “Muy duro, lo recuerdo en todo momento, me hace mucha falta para todo. Ese es una herida abierta en el corazón que no sana”.

Un gesto entre la seriedad y el buen humor que lo caracterizaron

“Se levantaba muy temprano a leer, estudiar y contestar correspondencia y llamadas telefónicas. Luego oía noticias y se iba antes de la siete de la mañana para el trabajo. Regresaba a almorzar y a descansar unos quince minutos. Y volvía a trabajar.  Llegaba en la noche y no volvía a salir. Conversábamos, veía tv, oía radio. Hablábamos mucho con los hijos”.

Doña Marta Inés se refiere a Echeverri “como un hombre inteligente, sensato, con muchos valores, con sentido práctico, trabajador al máximo, muy alegre y con mucho sentido del humor. Como hombre era recto y leal; como novio, afectuoso y cumplido; como marido, amoroso; como padre, fuerte pero cariñoso; como abuelo, alcahueta y contemplador; como funcionario público, honrado y trabajador”.

Indago si era muy parecido el Echeverri de casa al Echeverri público. La respuesta es afirmativa: “Era una persona totalmente trasparente. Además su trabajo lo hacía con mucha responsabilidad y era muy respetuoso del otro. Así era en la casa. Se cuidaba mucho de no ofender, pero era muy estricto en todas sus cosas. Era una línea recta”. 

La vida sin el Toto Echeverri

Le pregunto por su vida sin Echeverri: “De mucha soledad. Lo siento cuando regreso a casa los domingos desde Rionegro y me encuentro totalmente sola, en las tardes y las noches; cuando conversábamos de todo lo nuestro y de nuestros hijos y nietos, de lo que pensábamos y de nuestro futuro, de su trabajo, de la paz de Colombia, de todos nuestros planes para cuando se retirara. La falta de apoyo para todas las cosas buenas y malas de la vida. Esto fue una verdadera tragedia. Los que lo mataron aún no se han dado cuenta del daño tan inmenso que nos hicieron, algo irreparable. Me partieron el corazón. Vivir sin él, sin su alegría y sin su apoyo incondicional ha sido muy difícil. Fueron 41 de matrimonio y dos almas unidas para siempre. El volver a empezar ha sido demasiado duro, super difícil y muy traumático no sólo para mí sino también para nuestros hijos y nietos. No entiendo cómo pudieron pasar todas estas cosas. El secuestro fue un calvario para todos y especialmente para él. Nos arrebataron lo que más queríamos y nos dejaron huérfanos. Es un dolor en el alma que no pasa, y que día a día se acrecienta más. Siempre lo tengo presente en todo y le pido que me ayude”.

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