Gente perdida

Mosaico de candidatos presidenciables. Noticias Canal 1

Por Carlos Alberto Ospina M.

Pedir total transparencia a alguien es una pretensión de encargo casi imposible, sobre todo, en el ámbito putrefacto de los animales políticos. Cosa rara sería encontrar a un personaje cristalino, discreto y alejado por voluntad propia de las corruptelas. Estamos hasta los tuétanos de gente de mal vivir y pésimo proceder.

El dato estadístico se refiere a que más de la mitad de las personas en edad de elegir no saben por quién votar en medio de la maraña de descompuestos candidatos. Unos dan lástima y los otros, también, debido a la escasa consistencia ideológica. No existe un talante consecuente con las palabras, los valores y las ideas cardinales de las distintas colectividades, dado que un día enarbolan la bandera radical y al siguiente devenir aparecen, dizque, en el conveniente “centro”. Si les toca exponen que son veganos, aunque dilapidan cualquier tipo de carne y género; en especial, el pescuezo humano chamuscado. 

La historia republicana de Colombia vive plagada de actos de desvergüenza y de diversas trampas doctrinarias que dicen defender las verdades fundamentales y la democracia, cuando en realidad van detrás de los réditos del poder; sea lo que fuere de derecha, centro e izquierda, la mayoría están de acuerdo para algo malo.

Algunos critican las respuestas y las posiciones ambivalentes de Fajardo que, dicho sea de paso, expresó que “no volvería ser candidato presidencial” (SIC) y en el período actual, se frota las manos con la jabonosa ambición de autoridad. ¿Cómo demonios alguien puede ser tan despersonalizado y falto de carácter? Como diría este repetido aspirante a primer mandatario, “yo no tengo porqué ocupar espacio en mi memoria … para eso está Google” (SIC). El recomendado ejercicio de divertimiento no exige esfuerzo neuronal en función de las evidencias de las múltiples debilidades y la selectiva amnesia de Sergio Fajardo Valderrama, lo que obliga a remitirse a lo dicho y hecho.

Otro que sufre de debilidad notable de la memoria es Petro que, de mosquita muerta, ni la halitosis de su pensamiento odiador. El prontuario criminal, oscuro, cruel, despiadado y copartícipe de delitos de lesa humanidad no quedaron en el olvido por arte de magia de la Ley 77 de 1989 que facultó al Presidente, Virgilio Barco, a conceder indultos; ¡y menos pasó a ser hombre de bien!, Gustavo Francisco Petro Urrego, a partir de la Ley 7 de 1992, cuyo ponente fue el entonces senador Álvaro Uribe Vélez. El pasmado delfín, César Augusto Gaviria Trujillo, sancionó dicha ley, sin arrepentimiento.

El beneficio de la cosa juzgada y el principio de favorabilidad no están por encima de la norma de autoridad moral para creerse mejor que los demás, teniendo semejante cola de paja en razón a que, Petro, en el pasado actuó con plena consciencia de lo que hacía. Él se benefició del Estado de Derecho, de la cesación de los desiguales procesos en su contra y de autos inhibitorios; no obstante, haber participado en los delitos de secuestro, tortura, extorsión y asonada; entre una amplia gama de capacidades siniestras. Al respecto, el grado de procacidad reside en que declara conocer la verdad absoluta a sabiendas de ir en contravía a la lógica, las certidumbres y la biografía que lo definen como persona y sujeto político de andar oscuro. Redundo, ¡quien tuvo, retuvo! 

De tiempo en tiempo saca el veneno que lo sostiene y esa condición, ha provocado la desbandada de aquellos que experimentaron el fondo de porvenir fatídico e incierto de Gustavo Petro. ¿De dónde acá un personaje de esa naturaleza, con un discurso impropio, se atreve a criminalizar a la sociedad civil, a los empresarios y a los opositores? Acerca de los comprobados expedientes penales no cabe la presunción de inocencia y tampoco, la magistratura moral; así archivaran y quemaran innumerables folios en el holocausto del Palacio de Justicia; o en la actualidad funja de senador con ansías maniáticas de poder arbitrario.

Hay una profunda diferencia entre el refrito periodístico y el indagar las circunstancias que determinan la conducta de un individuo. Es menester deshacer el engaño de ciertos aspirantes a gobernadorcillos con o sin experiencia; en coalición sin esperanza; a base de pactos con el diablo y politiqueros promiscuos sin barrera; positivos por doquier y fingidos aliados; esclavizantes con curul en el congreso e intérpretes superficiales que andan de capa caída; en fin, se comen unos a otros, chorreando sangre de apasionada ambición y fetidez política. 

Enfoque crítico – pie de página. Por esto, es necesario cazarlas al vuelo y observar el botón de muestra de gente perdida en la izquierda, la derecha, el centro y demás orillas.

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