García Márquez y Castro Caycedo: sus influencias en la paz con el M-19 (extractos literarios)

Gabriel García Márquez (izquierda); Carlos Pizarro (centro) y Germán Castro Caycedo.Archivo particular

Ambas figuras del periodismo y la literatura fueron influyentes para lograr la firma de la paz que en ese entonces se dio en cabeza de Carlos Pizarro como líder de la extinta guerrilla. Este domingo se cumplen 30 años de dicho suceso.

Por Andrés Osorio Guillott, Diario El Espectador, Bogotá

Antonio Navarro Wolf, uno de los líderes del M-19, pudo huir del país luego del atentado que sufrió en 1984 gracias a la gestión que García Márquez hizo desde México para salvar la vida del que después sería uno de los pilares de la Constitución de 1991.

A Germán Castro Caycedo lo secuestró el M-19 para enviar un mensaje al país que resultaría de una larga entrevista con Jaime Bateman, uno de los fundadores de la guerrilla. También fue mediador para la liberación de Álvaro Gómez Hurtado, uno de los acontecimientos que sirvió también para redoblar los esfuerzos para firmar la paz.

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A las nueve de la mañana del jueves 2 de noviembre de 1989 timbró el teléfono. Era Gabo. Y sin darme tiempo de nada me dijo: ‘a las diez lo espero en mi casa’ y colgó”, cuenta Everth Bustamante, exmiembro del Eme y exsenador por el Centro Democrático, en un artículo titulado Bitácora de una paz anunciada, con Gabo como luz de fondo. En ese mismo texto, el autor cuenta que logró reunirse en el estudio de García Márquez en Ciudad de México. Allí, luego de varios minutos de hablar de la política mundial, ambos llegaron a la relevancia que tenía para el país lograr un proceso de paz con el M-19. En ese momento Bustamante le entregó una carta que Pizarro le había enviado desde Santo Domingo, Cauca, sobre las condiciones que se acordaron entre la guerrilla y el gobierno de Virgilio Barco: “Gabo leyó dos veces la carta y en medio de la felicidad que le produjo el conocimiento oficial de la decisión del M-19 de firmar la paz, me expresó su disposición total para trabajar en la conformación de una comisión de personalidades internacionales que viajarían a Colombia para recibir las armas y ser garante del proceso, el cual todavía en ese momento, se veía afectado por las desconfianzas que se hacían públicas desde los editoriales de los periódicos más influyentes del país. De inmediato tomó el teléfono y sucesivamente empezó a hablar de la comunicación de Carlos Pizarro, con el comandante Fidel Castro, luego con Felipe González, en seguida con Carlos Andrés Pérez, más adelante con Francois Mitterand, con el presidente de México, con varios dirigentes de la Internacional Socialista en diferentes partes del mundo como Willy Brandt y Bettino Craxi y con los presidentes latinoamericanos Óscar Arias y Alan García. Después de una hora de conversaciones con estos líderes de la política mundial me cogió por el brazo y me dijo: ‘ahora nos toca ponernos a trabajar’.

“Nunca se acabará de conocer cuánto y de qué variadas formas trabajó en silencio y sin aspavientos nuestro nobel de Literatura para buscar una solución al conflicto interno. A García Márquez le debemos mucho más que libros y la gloria literaria. Le debemos su compromiso permanente y muy efectivo con la paz.”, afirmó el expresidente Juan Manuel Santos en su libro La batalla por la paz.

El autor de Cien años de soledad siempre estuvo al tanto de lo que sucedía en la política a nivel mundial. Pese al exilio al que decidió acudir para evitar la censura por parte del gobierno colombiano, García Márquez siempre estuvo interesado en ser mediador para alcanzar la paz en nuestro país. Sus buenas relaciones con la izquierda latinoamericana facilitó muchas veces las conversaciones con las guerrillas en Colombia. 

En Álvaro: su vida y obra, Juan Esteban Constaín cuenta someramente la importancia que tuvo Castro Caycedo para la liberación del líder conservador y para dar cuenta de las intenciones de paz que tenía el Eme para finales de la década de los 80. “El 19 de junio, casi un mes después de haberlo secuestrado (a Álvaro Gómez Hurtado), el M-19 confirmó la sospecha cada vez mayor de que habían sido ellos los autores del crimen. (…) El 23 de junio El siglo publicó una larguísima entrevista de Germán Castro Caycedo con Otty Patiño, el tercero en la línea de mano del M-19 y quien había estado y estaba muy al tanto del operativo y cautiverio de Gómez. No dejaba de ser curioso quien firmaba ese reportaje y dónde, pues hacía ocho años y un poco más, en abril de 1980, el propio Castro Caycedo había sido retenido por un comando del “Eme” para someterlo a una charla con el comandante de la organización, Jaime Bateman Cayón. (…) El secuestro del célebre cronista tenía un propósito sin duda publicitario y de difusión; la idea era mandar con él, bajo la especie de un diálogo periodístico, una serie de mensajes al país”. Esta anécdota la contó como una especie de prefacio para hablar del azar que hizo que “el destino volviera a repartir las fichas, a barajar las cartas” para reunir otra vez a Castro Caycedo con el M-19 y, de nuevo, por un secuestro.

En la entrevista que cita Constaín del cronista a Patiño se aclaró que el secuestro a Álvaro Gómez Hurtado era “un juicio a la ‘oligarquía’: un ajuste de cuentas para exhibir todas las falacias de esa guerra que el establecimiento, con el gobierno a la cabeza, y habría podido decir el Régimen, le imponía al pueblo como un destino irremediable”. En ese diálogo también Castro logró darle una revelación al país. Gómez Hurtado intercambiaba algunas cartas con Pizarro. Entre ambos líderes se iniciaron diálogos para conformar los puntos que meses más adelante se iban a negociar para desmovilizar al M-19.

El rol de Germán Castro Caycedo es particular. Si bien logró ser un mediador importante, no lo fue necesariamente por voluntad. Su secuestro para hablar con Bateman le provocó cierto temor. Sin embargo, su fuerza y pasión por su oficio le ayudaron a mantener la compostura y la profesión para sacar adelante una conversación que no solo ayudaría a entender al país las intenciones del M-19, sino que terminaría perpetuando el pensamiento de Jaime Bateman, uno de sus fundadores. Por otra parte, en el episodio con Álvaro Gómez Hurtado resultó ser esencial para dar a conocer las condiciones en las que estaba el líder conservador y para abrir la puerta a los diálogos de paz que se dieron en los próximos meses.

Poco se conoce de los hilos invisibles que movieron García Márquez y Castro Caycedo para avanzar hacia la paz que aun hoy sigue siendo una utopía, un ideal frustrado. Y aunque no fueron los únicos, sí fueron dos de los que más insistieron para lograr esos acuerdos con el M-19. Más allá de sus oficios, de las críticas por su supuesta parcialidad o de sus ideologías –sobre todo en el caso de García Márquez que apoyaba el socialismo- ambos llegaron a arriesgar hasta su pellejo para servir de canales e intermediarios y así llevar los mensajes que desde el mismo gobierno o desde los medios de comunicación no se querían presentar.

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