García Márquez en la televisión aleman : el amor es mi única ideología

García Márquez luce el ojo colombino "gracias" (de nada) al derechazo que le conectó Vargas Llosa- (Foto de Rodrigo Moya, fotógrafo mexicano nacido en Medellín pero quien de niño se trasladó a México)

Ya que estamos de mucho mes del amor y de la amistad, retomo la versión de una entrevista que le hicieron a García Márquez en La Habana y que transmitió la televisión alemana “ayer” no más: en mayo del 87.

Por Oscar Domínguez Giraldo

El premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, afirmó que “el amor es mi única ideología” al hablar en una inusual entrevista de 40 minutos para la televisión alemana.El fabulista sostuvo que “el amor se acaba con uno” y se declaró “revolucionario en la medida en que interpreto de buena fe la realidad de nuestros países”.

Hablando sobre su última novela “El amor en los tiempos del cólera”, García Márquez sostuvo que el libro “es autobiográfico en el sentido de que el amor es mi única ideología”.Admitió que el amor es una peste pero hizo votos porque “Dios nos mande muchas pestes como esa”.Bromeó sobre el matrimonio y comento que “es una costumbre que acaba de parecerse a la muerte”.Su novela continúa encabezando la lista de best sellers que publica el semanario hamburgués “Der Spiegel” (El Espejo).

La novela, traducida del “español-colombiano” –aclaración de la editorial- por la alemana Dagmar Ploetz, se vende a 40 marcos (unos $5.000).En segundo y tercer lugares en la lista aparecen dos novelas del alemán Patrick Suskind: “La paloma” y “El perfume”.

Entrevista en tres lenguas

La entrevista a García Márquez fue hecha en La Habana donde el escritor dirige una escuela de cine. Una periodista vestida de amarillo, el color preferido del escritor, lee sus preguntas en francés, Gabo responde en español, mientras un hombre y una mujer hacen la traducción al alemán.

Reiteradamente anota que sus libros son autobiográficos. “Para un escritor, uno mismo es el único modelo de todos sus personajes”, confiesa García Márquez cuyo bigote siempre bien cortado está completamente blanco. Su cabello es cenizo.Reconoció que en la vida le habría gustado ser una mujer, Amaranta Úrsula, la última de los Buendía de su novela “Cien años de soledad”.

Admitió que es curioso que su personaje favorito sea una mujer y en el caso de “Die liebe in den zeiten der cholera” (“El amor en los tiempos del coléra”, en alemán) comentó que para escribirlo “me presto anécdotas aunque he sido más feliz que Florentino Ariza”, el paciente enamorado que espera toda una vida a Fermina Daza.

El mundo acaba con uno

Afirmó que su última novela la hizo pensando en la vida, en la vejez y en la muerte. “¿Qué pienso de la muerte? Que es el único acontecimiento sobre el cual no podré escribir”, lamentó el Nobel. En la entrevista aclaro que su obsesión no es el amor, sino la vida.“Lo que me obsesiona es que la vida se acabe. La muerte acaba con la vida, el mundo se acabo con uno. Claro que sigue, pero para uno se acaba. Mi muerte acabará con el mundo mío. Seguirá el de otros”, subrayó el escéptico escritor.

Se remitió al origen de su obra y reconoció que surgió de confrontar sus recuerdos con la realidad de su pueblo, Aracataca, al que regresó un día en compañía de su madre.“Descubrí que entre la realidad y la nostalgia estaba la materia prima de mi obra”, recordó.

El prolífico autor de obras periodísticas y de ficción, siempre sonriente a lo largo de la entrevista, enfatizo que “el solo hecho de escribir bien es un acto revolucionario”.

La incomprensión de Europa

En el campo político, afirmó que en América Latina, cada instante de su realidad es un momento político y sostuvo que “el problemas más serio para nosotros es la incomprensión de Europa. Se miran en el espejo y quieren que nosotros seamos iguales a ellos sin tener en cuenta el largo camino que han recorrido para llegar donde están”.

Recordaba así su discurso en Estocolmo cuando recibió el Nobel.

También aclaró que el peligro para América Latina no está en la Unión Soviética como cree Europa, sino que está más cerca: radica en problemas de identidad cultural y de independencia.

Contó que actualmente puede escribir hasta diez páginas diarias (antes una o dos) y que los momentos de mayor felicidad los tiene cuando está escribiendo.“Lo más emocionante es escribir lo que uno quiere escribir.

Todos los días deseo que amanezca para levantarme a escribir.En ese momento encontrará hojas limpias y flores amarillas que habrá colocado sobre el escritorio su esposa a quien está dedicado su último libro: “Natuerlich fur Mercedes”, Para Mercedes, por supuesto.Guiño de Gabo a Alemania

Un inmigrante alemán que tocaba el órgano de la Catedral y que daba clases de música a domicilio, fue el enlace entre Florentino Ariza y Fermina Daza, personajes centrales de la novela.

Los alemanes han agradecido el guiño de Gabo al país incorporando a su novela a uno de ellos, agotando la novela.Fue el telegrafista Thugut, colega del padre del fabulista, quien envió a Florentina Ariza a casa de Fermina Daza, a llevar un mensaje para su padre. Ariza se encontró con la mirada de Fermina que “fue el origen de un cataclismo de amor” que terminó 51 años, 9 meses y 4 días después.

Thugut “tenía una perinola de querubín que parecía un capullo de rosa”. De él se decía que “usaba una pomada de veneno de víboras que enardecía la silla turca de las mujeres”.

El boom de García Márquez no sólo ha llegado a la canasta familiar de los hambrientos lectores sino que penetró el reino de las postales: la carátula del libro es reproducida en una bella postal que recorre el país como su mensaje de amor.

En alemán, Thugut significa el hombre que lo hace bien. También quiere decir el bien intencionado, moralmente.Rudy Netzelmann, un guía berlinés que practica el exquisito deporte de leer la obra de Gabo en español y en alemán, encontró en el apellido Thugut una connotación amarga e irónica, al mismo tiempo. Y vio en el novelista el deseo de ridiculizar al personaje.

Editores alemanes le han hecho al Nobel el extraño homenaje de sacar ediciones hechizas que se venden a 10 marcos.

Hay otro ingrediente alemán en la novela que no ha pasado inadvertido para los ávidos lectores de este lado de la vida.Un tío de Florentina Riza, León XII, a la altura de Gamarra, apostó una vez con un agrimensor alemán que “era capaz de despertar a las criaturas de la selva cantando una romanza napolitana desde la baranda del capitán”.

El alemán ganó la apuesta.León era partidario de que el negocio de la navegación pasara a manos de empresarios del interior. “Este ha sido siempre un negocio de matacongos. Si lo cogen los cachacos se lo vuelven a regalar a los alemanes”.

El mismísimo Ariza, en materia de navegación, prefería seguir los consejos del comodoro alemán, Juan B. Elbers “que había estropeado su noble ingenio con la desmesura de su ambición personal”. Pero el alemán estrella en la novela es Thugut de “cuyo destino no se tuvo una noticia cierta”.

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