Fascismo en EE. UU.

La violenta protesta republicana en el Capitolio de Washington. Foto CNN

Por: Salomón Kalmanovitz

Los apoyos con que cuenta el ocupante de la Casa Blanca son fuertes y variados, pero vulneraron el mayor símbolo de la democracia estadounidense y propiciaron su desprestigio.

En primera línea están los neonazis y nacionalistas blancos, basados en organizaciones como QAnon, dirigida por un supuesto chamán que denuncia conspiraciones de un inventado Estado profundo. Se viene, según él, la invasión de hordas de inmigrantes latinos que les disputarán sus puestos de trabajo. Aducen que los medios y la política convencionales están infestados de pederastas y amantes de negros.

Siguen los Proud Boys (Muchachos Orgullosos), todos machos, también enarbolando banderas contra la inmigración. En una declaración cariñosa sobre este grupo, Trump los llamó así: “Muchachos Orgullosos, mantengan su distancia, pero estén preparados”. Ambos grupos lideraron la toma del Capitolio para defender el supuesto triunfo de su líder en las elecciones del 3 de noviembre, a pesar de que perdió por más de siete millones de votos.

También había influenciadores de las redes sociales, como un tal “Alaska Horneado” que se identifica como un duende de internet. Se trata de un exponente de la creencia de que las máscaras contra el COVID son una maniobra de los demócratas y acosa a quienes las utilizan. Sus cuentas de Twitter han sido clausuradas por su contenido falso e inflamatorio. Se vio en la marcha una pancarta contra la líder demócrata de la Cámara de Representantes que decía: “Pelosi = Satanás”. Si la hubieran encontrado en su oficina, la asesinan.

En la manifestación también se vieron grupos de evangelistas fanáticos con pancartas que clamaban “Jesús salva” o “Jesús 2021”. Ellos congregan grandes masas de creyentes de extracción popular que no pueden ser reclutados por las iglesias establecidas, menos radicales.

Asistieron también los atraídos por los bienes terrenales que ofrece Trump: empleo, salarios más altos y reparto de cheques firmados por él personalmente. Pero, más que riqueza, los que acompañan al presidente extremista comparten su ideología antiliberal: se oponen al aborto y están muy ofendidos con el “socialismo” de Barack Obama, pero también porque un negro alcanzara a ser presidente de su blanca nación. Es por eso que Trump estuvo repitiendo la mentira de que Obama no había nacido en los Estados Unidos y, por lo tanto, había usurpado la presidencia de ese país.

Se trata, en últimas, de la versión estadounidense del fascismo: repudio a la democracia liberal y la división de poderes, justificación de la autocracia en cabeza de un sociópata narcisista, exaltación del capitalismo salvaje, rebaja de impuestos a los más ricos y supresión de los electores negros y latinos, aunque hubo segmentos de estas poblaciones que creyeron en el llamado racista del presidente.

Nuestros derechistas locales estuvieron apoyando abiertamente la reelección del dictadorzuelo norteamericano, pero cuando este perdió se cubrieron con piel de oveja para festejar el triunfo demócrata, incluso ofreciendo consejos constructivos por parte de Álvaro Uribe para la nueva administración. La estruendosa derrota en medio de la inmolación de la derecha norteamericana es una buena noticia para la política local, que dejará de contar con la presencia y el acicate del fascismo made in USA. Se favorecerá el avance de las posiciones del centro y de la izquierda frente al desgaste del gobierno de Iván Duque, incompetente y desprovisto ya de todo norte.

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