Este año…

Por William Giraldo Ceballos

La pandemia le puso tapabocas a todos los problemas, menos a la inseguridad y a la violencia que agobian a los colombianos. Por eso no se debe redundar sobre ella en esta oportunidad.

Hay temas, muchos menos de los que se podrían abordar en una sola columna:

Los que pagan impuestos y peajes no pueden usar las vías. Claudia López redujo a uno los carriles de todas – las pocas avenidas de alto flujo vehicular- para darle gusto al ex alcalde Enrique Peñalosa a quien tanto atacó.

Y salir de Bogotá o entrar a la capital es una hazaña cuando centenares de ciclistas invaden los carriles de las carreteras que comunican con los municipios vecinos.

¿Prevarica la alcaldesa cuando toma decisiones contrarias a ley nacional de tránsito que regula el uso de las vías para todo tipo de vehículos?

¿Quién va a levantar la voz en nombre de los propietarios de vehículos automotores que pagan no solo impuestos por usarlos sino los más costosos peajes de América – hasta dos en menos de 15 kilómetros- ante la indiferencia e inoperancia de las autoridades de tránsito?

Pasando a otros temas: En Colombia la burocracia política enquistada devora los aportes de trabajadores y empresarios que supuestamente están destinados la salud, la seguridad social y el bienestar familiar.

ADRES que antes era FOSYGA, por ejemplo, engorda los salarios de directivos que se encargan de retener los pagos para la salud que hacen todos empleadores y los trabajadores formales e informales.

Hospitales, clínicas y laboratorios se quiebran mientras los trabajadores de la salud, aguantan hambre a la espera de los giros de las EPS, perseguidas por el gobierno que no les paga por la mala prestación de servicios de salud a sus afiliados.

Y de los aportes que se hacen para las pensiones se puede decir que los afiliados a Colpensiones le pagan más de $50 millones mensuales en sueldo, carro de alta gama y oficinas de lujo al presidente de la entidad que les retiene, les retarda y hasta les niega el derecho a la pensión.

Es otro prevaricador que se solaza hablando mal de los afiliados que más aportes hacen y no los pensiona.

Bajo la mentirosa afirmación de altas pensiones están «subsidiadas», no dice que el gobierno que lo nombra no aporta un peso para su sueldo ni para las pensiones de los trabajadores.

Que un empleado que aportó durante los diez últimos años sobre un sueldo entre los $18 y los $20 millones finales solo recibe una pensión de $12 millones recortados con descuentos para el Fondo General de Pensiones y últimamente como un aporte solidario por la «pandemia» (¿burocrática será?)

Colpensiones no rinde cuentas sobre el uso y manejo de las reservas pensiónales que mensualmente crecen con los aportes de empleadores y empleados. Los Fondos de Pensiones si lo hacen.

Y para terminar por hoy : Las Cajas de Compensación Familiar desde su creación oficial en 1954 solo han servido para que las familias pobres sobrelleven la pobreza, pero siguen pobres porque los subsidios son para eso, para mantenerlas en la pobreza.

Alimentadas por ley con los aportes de los empresarios, nadie sabe cómo nombran hasta la eternidad a sus directores o gerentes y de sus negocios nadie tiene noticia.

Se adivina que tienen tanto patrimonio que sus actividades se han diversificado al punto de montar colegios, universidades, teatros, hoteles de más de cinco estrellas, pinacotecas, droguerías y centros vacacionales que son más baratos, pero no para todos los afiliados.

Entre las pocas cajas que quedan una de ellas acabó con los supermercados y se los entregó a una cadena. Se convirtió en rentista de todos sus locales comerciales. Otra línea de financiación.

Las cajas de compensación familiar caminan solas desde hace muchos años. Ya es hora de quitar esa carga a las empresas que dicen no tener cómo mejorar el salario mínimo de sus trabajadores.

Si se redondea con la eliminación de los aportes empresariales al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, otro fortín político y burocrático de altos sueldos que tampoco tiene mucho que mostrar porque la creciente violencia intrafamiliar es prueba de ello, los empresarios tendrían la oportunidad también de aumentar su oferta para mejorar los salarios de los empleados colombianos.

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Directores Orlando Cadavid Correa y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo rcorrientes@revistacorrientes.com

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