¿Es esto periodismo?

Mucho narcisismo en tres horas y poco de periodismo. Foto El Heraldo

Podría decirse que una vez perdida la

objetividad, se deja de ser periodista.

Por Octavio Quintero, director Diario El Satélite

Vicky Dávila se viene acostumbrando a ser noticia cotidiana. Hizo suya la frase de Cela: “lo importante es que hablen de uno, aunque hablen mal”.

Cuando los periodistas se convierten en noticia, es muy mala noticia para la sociedad porque, en cierta forma, se pierde de vista la objetividad general con la que se deben mirar los factores que afectan la vida en comunidad.

¿Qué es el periodismo? Es el oficio cotidiano de recabar, elaborar y difundir masivamente noticias y opiniones. Este oficio, que no requiere de título para ser ejercido, produce el bien de consumo de mayor demanda en todo el mundo, sin excepción alguna ni distinción o discriminación económica, social, motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de otra índole.

Esta condición global y globalizada, más que ninguna otra, del periodismo, es lo que fuerza a los periodistas a ser lo más objetivamente posible.

Por tanto, si el hecho novedoso ya no es la noticia sino el periodista que la difunde, los consumidores de información tienden a abrirse en dos: los que asienten, porque lo dice fulano de tal, y los que disienten, solo porque lo dice ese fulano de tal. Esto es lo que se llama polarización, que tampoco debe confundirse con oposición: la primera es nefasta y la segunda es necesaria a la vida cotidiana.

Como el ejemplo es Vicky (que hay muchos del mismo corte), entonces, todo lo que diga contra Petro (que también hay otros muchos ejemplos), va recibir un atronador aplauso de una orilla y terrible silbatina de la otra. Ya no importa que sea cierto o falso lo que diga… Lo que califica en pro o en contra, es que lo dice Vicky. Cuando la información de un país toma estos derroteros, ese país tiende a sufrir una polarización paralizante.

El periodismo de opinión no es malo per se; es más, hace falta como pedagogía social. Lo malo es que el periodista personalice sus humores porque, a partir de ahí, pierde la objetividad, el bien más preciado del periodismo. Y podría decirse que una vez perdida la objetividad, se deja de ser periodista.

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